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La gestión de gobierno es un tema dominante que se aplica en todos
los niveles y sectores de la sociedad, desde el local al mundial, del
sector privado al público, y repercute sobre la legislación,
los derechos humanos, los sistemas políticos, parlamentarios, democráticos
y electorales, la sociedad civil, la paz y la seguridad, la administración
pública, la información pública, los medios y el
mundo empresarial. La conciencia y atención relativas a los temas
de gestión de gobierno, por consiguiente, han aumentado en todos
los aspectos de la vida moderna, incluso en relación con el medio
ambiente. La gestión de gobierno «eficiente» es reconocida
como un prerrequisito para el desarrollo de políticas acertadas
y como un factor fundamental para asegurar que las políticas sean
implementadas de manera eficaz.
Los 30 años transcurridos entre la Conferencia de Estocolmo y
la Cumbre Mundial de Desarrollo Sostenible de 2002, han sido testigos
de importantes progresos en los sistemas políticos, como la descolonización
de África, el fin del «apartheid» en Sudáfrica,
la caída de la Cortina de Hierro, la reunificación de Alemania,
y la desintegración de la antigua Unión Soviética.
Se han verificado aumentos rápidos en alianzas económicas
y comerciales y en el número de miembros de las Naciones Unidas
que en marzo de 2002 llegó a 190. Tal vez el cambio más
importante ha ocurrido a nivel nacional donde la democracia y la transparencia
se han convertido en temas fundamentales, especialmente a partir de los
años noventa, y muchos gobiernos han sido reemplazados como resultado
de reclamos populares. En los últimos 10 años, más
de 100 países en desarrollo o en transición acabaron con
sus gobiernos militares o de partido único (UNDP 2001). Desde 1972,
la internacionalización del medio ambiente ha tenido influencia
en las políticas nacionales de muchos de los países desarrollados,
donde los partidos verdes dejaron su marca, especialmente en los años
ochenta (Long 2000). Durante las últimas tres décadas se
ha visto un crecimiento masivo de movimientos de la sociedad civil en
todas las regiones del mundo, con muchas organizaciones asumiendo papeles
más proactivos. Las organizaciones no gubernamentales están
adquiriendo más influencia y en algunos casos participan en las
decisiones de los gobiernos y del sector privado.
El poder de influencia del pueblo en las políticas ha sido reconocido
desde por lo menos la década de los setenta: «Sólo
mediante una profunda preocupación, información y conocimiento,
compromiso y acción por parte de los pueblos del mundo se podrá
responder a los problemas del medio ambiente. Las leyes y las instituciones
no son suficientes. La voluntad de las personas debe ser lo suficientemente
fuerte y persistente para lograr una vida verdaderamente satisfactoria
para toda la humanidad» (Commission to Study the Organization of
Peace 1972).
La creciente integración de las finanzas, economías, culturas,
tecnologías y gestión de gobierno mediante la globalización
está causando efectos profundos, tanto positivos como negativos,
sobre todos los aspectos de la vida de los individuos y del medio ambiente.
Con las fuerzas del mercado que comienzan a dominar las esferas sociales,
políticas, así como las económicas, surge el peligro
de que el poder y la riqueza se concentren en una minoría mientras
que la mayoría quede cada vez más marginalizada y dependiente.
En el siglo XXI, el reto está en instituir una gestión de
gobierno firme para asegurarse que la globalización opere para
el beneficio de la mayoría de las personas y no solamente por el
ánimo de lucro.
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