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El desarrollo económico ha fluctuado en la región durante las últimas
tres décadas de un máximo del 8,4 por ciento anual en 1973 a un mínimo
de -2,2 por ciento en 1983 (World Bank 2001). Como consecuencia, el PIB
per cápita creció a un ritmo anual promedio de solamente 1,0 por ciento,
para pasar de 2.827 dólares en 1972 a 3.819 dólares en 1999 (recopilación
a partir de Banco Mundial 2001), aunque algunos países tuvieron mejores
resultados que otros. En Chile, por ejemplo, el PIB per cápita creció
a más del doble de 2.360 dólares a 5.121 dólares mientras que en Nicaragua
se redujo a casi la mitad, de 917 a 472 dólares (World Bank 2001).
El crecimiento en los años noventa fue posible
debido a reformas económicas importantes, especialmente la liberación
del comercio y la inversión. Los procesos de integración,
como los acuerdos de libre comercio y las uniones aduaneras, entre los
que se encuentran el Tratado de Libre Comercio de América del Norte
(TLCAN), el Pacto Andino, el Mercado Común del Sur (MERCOSUR),
la Comunidad del Caribe (CARICOM) y el Mercado Común Centroamericano,
han comenzado a producir beneficios. Por ejemplo, las exportaciones de
la Comunidad Andina crecieron 37 por ciento en términos de valor
en el año 2000 y las exportaciones intrarregionales el 29 por ciento.
De la misma forma, el comercio intrarregional de los países del
MERCOSUR creció el 21 por ciento, en tanto que entre los países
del TLCAN en un 20 por ciento (IADB 2000).
Sin embargo, con la excepción de unos pocos países como
Chile, la mayoría no ha podido recuperar su solidez económica
anterior a los años ochenta y, en general, la región ha
logrado tan sólo un modesto crecimiento económico durante
los últimos 30 años. Las exportaciones continúan
principalmente concentradas en productos básicos y materias primas,
sobre todo el petróleo y sus derivados, minerales, productos agrícolas
y forestales, y productos conexos. En este sentido, la vulnerabilidad
y dependencia externa tradicionales de la región han aumentado
debido a la naturaleza no sostenible de esas actividades tanto en lo relativo
al acceso a mercados como a la disponibilidad a largo plazo de los recursos
naturales (UNEP 2000). En muchos países las importaciones siguen
creciendo más rápidamente que las exportaciones (ECLAC y
UNEP 2001).
El consumo per cápita de energía ha crecido aproximadamente
de 0,7 a 0,9 toneladas equivalentes en petróleo entre 1972 y 1999,
comparado con un promedio mundial de 1,1 (recopilación a partir
de IEA 1999 y United Nations Population Division 2001).
| Desigualdades en desarrollo social |
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El nivel de desigualdad de la distribución del ingreso en
la región es el más alto de todo el mundo, y sigue
creciendo en algunas subregiones. En toda la región, el salario
mínimo fue 28 por ciento más bajo en 1998 que en 1980.
La reducida capacidad de creación de empleos de las economías
de la región y el hecho de que las personas con estudios
universitarios se benefician más de la creciente demanda
de trabajo están entre las supuestas razones de la continua
concentración de ingresos, pero el debate sobre las causas
principales continúa.
La situación respecto de la distribución de las tierras
refleja una tendencia similar, con una alta concentración
de tenencia de la tierra en Chile, México y Paraguay, por
ejemplo. La desigualdad en el acceso a este recurso básico
por parte de la población rural es una fuente de tensión
social. Numerosos conflictos surgieron en los años noventa
debido a los problemas de acceso a las tierras y a los altos niveles
de pobreza rural. Para resolver este problema, el gobierno de Costa
Rica ha redistribuido casi dos millones de hectáreas (aproximadamente
una tercera parte de la superficie del país) mediante una
asignación de títulos a gran escala y programas de
adquisición y asentamientos. El «Acuerdo de Paz»
de El Salvador dio lugar a una reforma agraria y a un programa de
transferencia de tierras (actualmente el 75,1 por ciento de la tierra
es ocupada por sus dueños en El Salvador).
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| Fuente: ECLAC y UNEP (2001). |
El peso de la deuda eterna de la región aumentó enormemente
(21 veces) al pasar de 46.251 millones de dólares en 1971 a 982.032
millones de dólares en 1999, lo que representa el 38 por ciento
del total de la deuda externa mundial (World Bank 2001). Los gobiernos
comenzaron a endeudarse a niveles insostenibles en los años setenta
con consecuencias devastadoras en las décadas siguientes para las
economías regionales. En los años ochenta, el incremento
de las tasas de interés en Estados Unidos y en Europa Occidental
elevaron los pagos del servicio de la deuda, mientras que los esfuerzos
para disminuir la inflación producto de la recesión generaron
reducciones de los ingresos con los que se debían afrontar dichos
pagos. La hiperinflación afectó a varios países,
especialmente Argentina y Brasil, debido a que los gobiernos recurrieron
a la emisión monetaria. Los años noventa fueron testigos
de una acumulación de desequilibrios macroeconómicos que
condujeron a graves crisis en México en 1995, en Brasil en 1998
(ECLAC y UNEP 2001) y más recientemente en Argentina en 2001-2002.
Tan sólo Argentina tiene una deuda nacional de 147.880 millones
de dólares, concentrando aproximadamente el 18 por ciento del total
de la región. Algunos países, como Bolivia y Guyana, actualmente
califican para programas de alivio de la deuda bajo la Iniciativa para
los países pobres muy endeudados (PPME) (World Bank 2001).
En 1999, la tasa de desempleo en la región alcanzó el 8,8
por ciento, la más alta de la década (ECLAC y UNEP 2001),
porcentaje similar al verificado en el peor momento de la crisis de la
deuda de los años ochenta. A excepción de Chile y Panamá,
el número de personas que trabajan en el sector informal creció
en la mayoría de los países mientras que las tasas de desempleo
aumentaron. En los años noventa, siete de cada diez empleos creados
en las ciudades de la región fueron en el sector informal. Dichos
empleos se caracterizan por ser no permanentes, poco reglamentados y no
poseer seguridad social (ECLAC y UNEP 2001). El único desarrollo
positivo en cuanto a las tendencias en la fuerza laboral es el crecimiento
de la participación de la mujer en el mercado laboral. En 1980,
un poco más de la cuarta parte de la fuerza laboral en Mesoamérica
y América del Sur estaba compuesta por mujeres, en tanto que en
1997 su participación se incrementó a una tercera parte
en Mesoamérica y a casi dos quintas partes en América del
Sur. En el Caribe, donde la participación de la mujer en la fuerza
laboral ha sido más alta que en el resto de la región, el
índice llegó al 43 por ciento en 1997 (ECLAC y UNEP 2001).
El aumento durante las dos últimas décadas ha sido mayor
que en cualquier otra región del mundo.
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