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Desde 1972, América del Norte ha experimentado
una mayor integración regional, creciente actividad económica
y un cambio gradual hacia el sector de servicios. Algunas compañías
norteamericanas se han convertido en verdaderas transnacionales y han
invertido fuertemente en economías emergentes, influyendo considerablemente
en las pautas de desarrollo fuera de la región. A pesar de contratiempos
periódicos durante los últimos 30 años, América
del Norte ha fortalecido su papel como motor del cambio económico
mundial (Blank 2001).
La preocupación respecto a la vulnerabilidad del sector energético
prácticamente desapareció a medida que las crisis petroleras
de 1973 y 1979 fueron seguidas por una reestructuración económica
y el crecimiento del sector de servicios (véase el gráfico).
Con la firma de un tratado de libre comercio y el surgimiento de tecnologías
de la información y la biotecnología, muchas economías
regionales de América del Norte crecieron vertiginosamente durante
la mayor parte de los años noventa y luego se derrumbaron en 2000,
sacudiendo los mercados bursátiles.
Según se estima, en 2001 los 285 millones de habitantes (entre
ellos 135 millones de trabajadores) de Estados Unidos produjeron un PIB
de aproximadamente 10 billones de dólares; los 31 millones de habitantes
(entre ellos 15 millones de trabajadores) de Canadá produjeron
un PIB de aproximadamente 670.000 millones de dólares (US Deaprtment
of Comerce 2002, US Census Bureau 2002, US Department of Labor 2002, Statistics
Canada 2002).
América del Norte no es solamente el líder mundial por
su producción económica, sino que también es el mayor
consumidor. El consumo privado per cápita en la región es
de aproximadamente cinco veces el promedio mundial, y creció de
11.461 dólares en 1972 a 18.167 dólares en 1997, en comparación
con un promedio mundial de 2.315 y 3.257 dólares en 1972 y 1997
respectivamente (World Bank 2001, cifras expresadas en dólares
constantes de 1995).
A pesar de que representan solamente el 5 por ciento de la población
mundial, Estados Unidos y Canadá consumen casi el 25 por ciento
de la energía total (IEA 2002). Si bien hay evidencia de una leve
desvinculación entre el uso de energía y el crecimiento
económico, el consumo de energía per cápita se ha
mantenido constantemente por encima del verificado en las demás
regiones del mundo (Mathews y Hammond 1999). Mientras el uso de vehículos
particulares sigue aumentando, el del transporte público se ha
mantenido constante (véase «Zonas urbanas»).
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