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Las zonas urbanas ocupan sólo el 1 por ciento
de la superficie terrestre del planeta (UNEP 2000). Sin embargo, la expansión
urbana, que abarca el terreno necesario para la industria, el transporte
y las actividades de recreación en todas las regiones, aumenta
la presión sobre los recursos de tierras. En Estados Unidos, por
ejemplo, se pierden cerca de 400.000 hectáreas de tierras agrícolas
por año a causa de la urbanización y China perdió
alrededor de 5 millones de hectáreas de tierras agrícolas
para destinarlas a pueblos y ciudades durante el periodo de 1987 a 1992
(UNFPA 2001). La degradación de tierras, el embanque de los ríos
y la contaminación del suelo por la lluvia ácida y los desechos
industriales, son algunas de las cuestiones ambientales asociadas con
la urbanización y la industrialización.
Los desechos generados por las ciudades son una gran fuente de degradación.
Se calcula que se han degradado aproximadamente 1,95 millones de hectáreas
de tierra por causa de la industria y la urbanización (FAO 1996).
Una de las razones fue que algunos países desarrollados exportaron
residuos tóxicos y desechos peligrosos a regiones en desarrollo.
La reacción internacional ante ese hecho fue el Convenio de Basilea
de 1989 sobre el Control de los Movimientos Transfronterizos de los Desechos
Peligrosos y su Eliminación. El Convenio de Basilea, que entró
en vigencia en 1992 (véase Capítulo 1),
apunta a disminuir los movimientos transfronterizos de desechos peligrosos,
reducir al mínimo la creación de dichos desechos y prohibir
su envío a países que carecen de la capacidad de eliminar
desechos peligrosos de manera ecológicamente racional.
La urbanización generó también la agricultura urbana
(véase Zonas urbanas), que fue apenas reconocida
internacionalmente en el decenio de los setenta, pero que se ha estado
expandiendo mundialmente durante los últimos 15-20 años,
más rápidamente que las poblaciones urbanas y, en muchos
países, a un ritmo más acelerado que sus economías
(Smit 1996). La agricultura urbana se realiza en tierras tanto públicas
como privadas, ya sea en forma legal o ilegal. Más de 800 millones
de residentes urbanos participaron en la agricultura urbana en 1993 (Smit
1996). Por ejemplo, en la ciudad brasileña de San Pablo, la agricultura
ocupa un lugar importante en la planificación de la utilización
de la tierra, según el plan de dirección metropolitano,
adoptado en el decenio de los noventa.
Prácticamente en todas las regiones, la agricultura urbana se
ha convertido en una de las principales actividades productoras de alimentos.
Por ejemplo, la mayoría de los hogares en Asia Sudoriental y las
subregiones de las Islas del Pacífico practican la agricultura
urbana (Sommers y Smit 1994). Cerca del 30 por ciento de los alimentos
de la Federación de Rusia se produce en el 3 por ciento de las
tierras de las dachas suburbanas (Sommers y Smit 1994). En Moscú,
las familias que se dedican a la agricultura crecieron del 20 por ciento
de la población de la ciudad en 1970 al 65 por ciento en 1990 (Smit
1996). Durante el periodo de 1980 a 1990, la agricultura urbana en Estados
Unidos creció un 17 por ciento (Smit 1996). En algunas zonas urbanas
africanas, la reacción de parte de las autoridades municipales
fue de reducir los cultivos para hacer respetar los estatutos relativos
a la utilización de tierras.
| Los productos químicos y la utilización de tierras |
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Se citan a continuación recientes e importantes adelantos en la
materia:
- El Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes
(COP) se adoptó en mayo de 2001 (véase Capítulo 1)
- El PNUMA, junto con la FAO y la OMS, está promoviendo prácticas
más sostenibles de reemplazo de plaguicidas COP con un manejo
integrado de plagas. La Federación Mundial de Protección de Cultivos
juega un papel proactivo en la promoción del empleo sensato de
plaguicidas y la prevención de la exposición a sustancias tóxicas
y el uso incorrecto de plaguicidas.
Otras acciones incluyen proyectos pilotos con el fin de demostrar
la viabilidad técnica y económica de las nuevas tecnologías para
destruir productos químicos y plaguicidas obsoletos, así como alentar
a los donantes y a la industria a aumentar el financiamiento para
la gestión y eliminación de esas sustancias.
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Los impactos de la agricultura urbana incluyen la contaminación del aire,
el agua y el suelo principalmente a causa del uso indebido de productos
químicos. Los defensores de la agricultura urbana alegan que, además de
suministrar alimentos, la actividad puede contribuir a mejorar el medio
ambiente por medio del reciclaje de materia orgánica. Se pueden convertir
los desechos sólidos en composta para fertilizar los suelos.
| Agricultura urbana en Zimbabwe |
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En Harare, Zimbabwe, las sanciones a la agricultura urbana se levantaron
temporalmente en 1992. En el transcurso de dos años, la superficie
cultivada se había duplicado y el número de agricultores había aumentado
más del doble. Los costos municipales para el mantenimiento del
paisaje y la gestión de desechos disminuyeron, al igual que los
precios de alimentos, y se crearon cientos de puestos de trabajo.
Se obtuvieron varios beneficios solamente a partir de un cambio
en las políticas. Se documentaron beneficios similares relacionados
con políticas en Lusaka y Accra en el decenio de los setenta (Smit
1996).
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