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Las tierras, además de proporcionar cultivos
de subsistencia a una gran proporción de la población africana,
enfrentan exigencias cada vez mayores para producir cultivos comerciales
de exportación y facilitar así el crecimiento económico.
Tales demandas están en conflicto a menudo y hacen de la formulación
e implementación coherente de políticas una tarea compleja
y difícil. Durante los últimos 30 años, cada vez
más tierras se han convertido para usos agrícolas, sobre
todo en el decenio de los ochenta, como reacción al aumento de
precios de los productos básicos. En 1999, cerca de 202 millones
de hectáreas de tierra en África estaban cultivadas (el
32 por ciento de la superficie potencialmente cultivable) y 906 millones
de hectáreas se utilizaban como tierras permanentes de pastoreo
(recopilación a partir de FAOSTAT 2001). El porcentaje de tierras
agrícolas (cultivadas y de pastoreo) varía considerablemente
en toda África, va del 54,7 por ciento en África Meridional
y del 46,6 por ciento en las islas del Océano Índico Occidental
al 20 por ciento en África del Norte y al 19,3 por ciento en África
Central (véase diagrama de barras). El grado hasta el cual las
economías africanas dependen de la agricultura se refleja en el
aporte al PIB (aproximadamente del 17 por ciento durante el decenio de
los noventa), y al empleo: representaba más del 60 por ciento de
la mano de obra en 1996, aunque ese porcentaje disminuyó del 70
por ciento que acusaba en 1980 (ADB 2001).
La producción aumentó significativamente durante los últimos
30 años, principalmente debido a la expansión de la superficie
cultivada, aunque las mejoras en los métodos de cultivo y un aumento
en la utilización de agroquímicos han influido también.
La producción de cereales en África fue de 58 millones de
toneladas en 1975, y esa cifra se había casi duplicado a 106 millones
de toneladas para 1999 (FAOSTAT 2001). Pese a ello, la ingesta nutritiva
todavía sigue siendo baja en numerosas partes de África
y el número de personas desnutridas se duplicó desde 1970
(FAO 2000). La región es importadora neta de cereales, y la proporción
de importaciones sobre exportaciones está ascendiendo. En el año
2000 solamente, millones de personas en por lo menos 16 países
africanos experimentaron escasez de alimentos, ya sea debido a malas cosechas
o a interrupciones en la distribución por causa de conflictos civiles
(FAO 2000). La falta de tecnologías agrícolas adecuadas
a las condiciones africanas influyó también para que no
se alcance el potencial máximo de producción (FAO 2000).
La dependencia de la agricultura de secano, ahora que el potencial para
la expansión de los cultivos de regadío está limitado
por la escasez de agua, aumenta el riesgo de inseguridad alimentaria y
económica, especialmente en las zonas de elevada variabilidad climática.
El acceso restringido a los mercados extranjeros, los pesados subsidios
agrícolas en los países de la OCDE y el procesamiento limitado
antes de exportar se agregan a la vulnerabilidad de África ante
las fluctuaciones de los precios internacionales y, por lo tanto, a la
imposibilidad de desarrollar el pleno potencial de sus recursos de tierras.
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