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El daño causado a los suelos europeos por las actividades
humanas está aumentando; entre las consecuencias se cuentan la impermeabilización
de la superficie del suelo, la contaminación local y difusa, y la erosión
del suelo. Pese a que se admite en general que la degradación del suelo
es un problema grave y extendido en Europa, no se ha cuantificado y no
se conocen con precisión su distribución geográfica y verdadera extensión.
El aumento de superficies impermeables debido a cambios en la utilización
de tierras junto con una disminución en la cubierta forestal acrecentó
la frecuencia y magnitud de las escorrentías de aguaceros, y ello
provocó inundaciones, flujos de lodo y deslizamientos de tierras
(EEA y PNUMA 2000). Los aumentos en los daños causados por las
inundaciones fueron también consecuencia del desarrollo de llanuras
aluviales con fines industriales y residenciales.
La contaminación del suelo sucede en toda Europa, aunque la acidificación
del mismo a causa de la lluvia ácida ya no se considera un problema
de gran envergadura al haber decrecido un 50 por ciento desde el decenio
de los ochenta (EEA 1999). La contaminación es particularmente
grave en las zonas urbanas debido a las actividades industriales y a la
eliminación inadecuada de residuos, así como en zonas con
una larga tradición relacionada con la industria pesada, la minería
y actividades y accidentes militares. En todo el sudeste de Europa, las
tierras que ya sufrían estrés a causa de prácticas
deficientes de ordenación han resultado aún más dañadas
debido a asentamientos militares y de refugiados, a minas terrestres (tanto
como el 27 por ciento del barbecho de Bosnia todavía está
minado) y a otros artefactos que no han explotado (REC 2000). En Europa
Oriental, los proyectos de riego e hidroelectricidad de gran envergadura
combinados con la gestión deficiente del agua causaron la salinización
y sobresaturación de vastas zonas, especialmente en Azerbaiyán,
Belarús, la Federación de Rusia y Ucrania.
La principal causa de la erosión del suelo en Europa es el agua y, en
gran medida, es el resultado de prácticas agrícolas insostenibles, el
desmonte de bosques y el pastoreo excesivo. La erosión del suelo es más
grave en la región mediterránea. Se ha vuelto irreversible (lo que se
traduce en la pérdida de más de 1 tonelada/hectárea/año durante 50-100
años) en algunas zonas de tierras del Mediterráneo y en las regiones de
sue los negros de la República de Moldova, la Federación de Rusia y Ucrania.
La erosión es un problema particular de la Comunidad de Estados Independientes:
en 12 países, 475 millones de hectáreas (79 por ciento) de tierras agrícolas
están afectadas hasta cierto punto por la erosión del suelo (Interstate
Statistical Committee 1999).
A diferencia de otros medios, no se han establecido objetivos específicos
para la conservación del suelo y raramente se la toma en cuenta en las
actividades sectoriales de planificación tales como los corredores de
transporte transnacionales. A nivel nacional, algunos países formularon
legislación, políticas y directrices para mejorar o prevenir una mayor
degradación del suelo, pero las medidas normativas están principalmente
dirigidas a combatir la contaminación en otras áreas, y afectan a los
suelos sólo indirectamente. La vigilancia del suelo establecida por ley
se realiza en varios países pero rara vez está específicamente dirigida
a la protección de suelos; por lo tanto, el cumplimiento de las políticas
no se puede cuantificar y la comparabilidad a nivel europeo sigue siendo
débil. La elaboración de un marco normativo común que reconozca la función
del suelo, dirigido a la sostenibilidad, tendría múltiples beneficios
y mejoraría el medio ambiente europeo en su totalidad.
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