|
La degradación de la tierra y, en su punto
extremo, la desertificación continúan siendo las cuestiones
ambientales más significativas en Asia Occidental (CAMRE, UNEP
y ACSAD 1996), especialmente en países donde el sector agrícola
realiza un aporte considerable a la economía nacional. Existe un
vasto desierto en la región que comprende del 10 por ciento en
Siria a casi el 100 por ciento en Bahrein, Kuwait, Qatar y los Emiratos
Árabes Unidos. La desertificación afectó también
a las extensas zonas de pastizales en Iraq, Jordania, Siria y los países
de la Península Arábiga. Entre las causas se encuentra una
combinación de clima, altos índices de crecimiento demográfico
y agricultura intensiva. La pobreza y las políticas gubernamentales
inadecuadas agravan el problema.
La inestabilidad geopolítica dentro y alrededor de los países
de Asia Occidental persuadió a los gobiernos para que adoptaran
políticas dirigidas a alcanzar la seguridad alimentaria nacional.
Dichas políticas estuvieron acompañadas del proteccionismo
agrícola, la imposición de obstáculos al comercio
y subsidios gubernamentales para insumos agrícolas. Los subsidios,
junto con el agua para riego gratuita o barata, tuvieron repercusiones
graves en los recursos hídricos y de la tierra, y contribuyeron
a la insostenibilidad de la agricultura en la región (UNESCWA 1997).
Como consecuencia, la degradación de la tierra se generalizó
y aceleró porque se recuperaron más pastizales para destinarlos
al cultivo (CAMRE, UNEP y ACSAD 1996). Los diagramas que se muestran a
continuación ilustran el grado y las causas de la degradación
en cada subregión.
Los incendios forestales y el desmonte de bosques
son dos de las principales causas de pérdida de la cubierta forestal
y la erosión del suelo. Entre 1985 y 1993, los incendios forestales
destruyeron más de 8.000 hectáreas de bosques y perjudicaron
a más de 20.000 hectáreas de bosques costeros en Siria,
lo que causó la erosión del suelo por encima de 20 toneladas/ha/año.
Al mismo tiempo, se desmontaron cerca de 2.440 hectáreas de terrenos
forestales para fines agrícolas (World Bank y UNDP 1998).
El crecimiento de la población y otros cambios demográficos
causaron la pérdida de tierras debido a la urbanización,
la industrialización y fines no agrícolas. El desarrollo
y servicios insuficientes en las zonas rurales de la subregión
del Mashreq y en Yemen trajeron como consecuencia una afluencia rural
hacia las zonas urbanas, hecho que propagó los asentamientos y
ocupaciones ilegales en las periferias de las ciudades principales a expensas
de tierras agrícolas fértiles. Además de alentar
la intensificación de la agricultura, las políticas nacionales
dirigidas a obtener niveles más altos de autosuficiencia alimentaria
también resultaron en un aumento de más del doble de la
superficie de regadío entre 1972 y 1999, de 2.991 millones a 7.191
millones de hectáreas (FAOSTAT 2001). El aumento mayor ocurrió
en Arabia Saudita, de 0,437 millones de hectáreas en 1980 a 1,6
millones de hectáreas en 1993 (Al-Tukhais 1999). Sin embargo, a
pesar del gran aumento en la superficie de tierras de regadío (véase
el gráfico), la producción alimentaria no aumentó
en la misma proporción que el crecimiento demográfico.
La ordenación y el uso deficiente del agua para riego causaron
salinización, alcalinización, sobresaturación y agotamiento
de nutrientes en vastas áreas de la región. La salinización,
que es la causa más importante de degradación en los suelos
de regadío, afectó a cerca del 42,5 por ciento de la superficie
de desierto en Asia Occidental (Harahsheh y Tateishi 2000). Cerca de 2
millones de hectáreas de tierras cultivadas en Arabia Saudita y
el 33,6 por ciento de las tierras cultivadas de Bahrein están moderadamente
salinizadas (FAOSTAT 2001). La salinidad y la sobresaturación afectaron
a 8,5 millones de hectáreas o el 64 por ciento del total de tierras
cultivables en Iraq, mientras que el 20-30 por ciento de tierras de regadío
quedó abandonado a causa de la salinización (Abul-Gasim
y otros 1998). Más del 50 por ciento de las tierras de regadío
en las llanuras del Éufrates en Siria e Iraq ha sido gravemente
perjudicado por la salinización y la sobresaturación (UNESCWA
1997).
|