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En 1997 y 1998, cuando imperaron severas condiciones
de sequía relacionadas con El Niño, grandes zonas forestales
en todo el mundo sufrieron incendios. Otra serie grave de incendios ocurrió
en 1999-2000. Los incendios de los últimos cinco años en
bosques de Australia, Brasil, Etiopía, Indonesia, el Mediterráneo
oriental, México y el oeste de los Estados Unidos han sensibilizado
la opinión pública, han generado preocupación por
los incendios de bosques, han servido de catalizador de políticas
de respuestas en el nivel nacional y han promovido iniciativas regionales
e internacionales para la prevención, alerta temprana, detección
y extinción de incendios. Ahora se comprende mejor la relación
existente entre los incendios y las políticas sobre el uso de las
tierras (FAO 2001a).
Los fenómenos climáticos extremos constituyen otra amenaza.
Las tormentas que golpearon Europa en diciembre de 1999 causaron daños
masivos a bosques y árboles fuera de los bosques. El daño
total en Europa fue equivalente a seis meses de tala normal en la región,
pero en algunos países la cantidad de árboles derribados
fue equivalente a varios años de tala. En muchos países
se han propuesto cambios en la gestión forestal, como por ejemplo
hacerla más dependiente de la regeneración natural, a fin
de reducir el riesgo potencial de daños por tormentas en el futuro
(FAO 2001a).
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