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Muchos países dependen fuertemente de la madera para satisfacer
sus necesidades energéticas nacionales, y este uso explica aproximadamente
tres cuartos de la producción total de rollizos (UNESCAP y ADB
2000). La contribución de la leña al consumo total de energía
varía ampliamente, desde menos del 5 por ciento a más del
85 por ciento. En Nepal, por ejemplo, la leña satisface el 70 por
ciento de la demanda total de energía del país (Bata y Shrestha
1996). La recolección de leña puede ser una causa importante
de degradación y agotamiento de los bosques si depende principalmente
de bosques naturales. La tala excesiva en zonas escarpadas es motivo de
preocupación particular, dado que puede debilitar las funciones
de protección que los bosques ejercen salvaguardando las cuencas
y el flujo de los ríos (UNESCAP y ADB 2000).
Los incendios son un fenómeno importante
y recurrente en muchos ecosistemas forestales. En Asia y el Pacífico
la severidad de los incendios de bosques se ha exacerbado por las sequías
y el desmonte. Como resultado de ello, los incendios de bosques se han
transformado en una de las causas más importantes de deforestación
en muchos países, especialmente en Asia Oriental y Asia Sudoriental.
Los incendios que se produjeron en Indonesia en 1996-97 son el ejemplo
más conocido, pero también han ocurrido incendios de bosques
muy serios en Australia, China y Mongolia en años recientes. Para
responder a la amenaza se han establecido sistemas de detección
y vigilancia de incendios en varios países, y la Asociación
de Naciones del Asia Sudoriental (ASEAN) ha establecido un Centro de Manejo
de Incendios Forestales en Tailandia con fines de capacitación
e investigación (FAO 2001a).
La tala comercial causa gran parte de la degradación de los bosques
en los países insulares del Pacífico. Aunque aporta ingresos
importantes a algunos países, la explotación en gran escala
ha degradado grandes extensiones en las islas, afectando la diversidad
biológica, modificando el equilibrio hidroquímico y reduciendo
la disponibilidad de alimentos. Nueva Zelandia y Australia han perdido
también grandes extensiones de sus bosques y vegetación
autóctonos. Los bosques autóctonos cubrían casi 70
por ciento de la superficie de Nueva Zelandia antes de la llegada de los
europeos a comienzos del siglo XIX; actualmente sólo cubren el
16 por ciento (MFE New Zealand 1997). En los años setenta y ochenta
el gobierno de Nueva Zelandia acordó subvenciones para la tala
de bosques a fin de destinar las tierras a la producción agrícola
y de silvicultura exótica lo cual, sumado a los cánones
artificialmente bajos exigidos para cosechar la madera, alentó
la explotación excesiva de los bosques. La remoción posterior
de tales subvenciones dio por resultado que una cierta cantidad marginal
de dehesas retornara a la condición de matorrales y de bosques.
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