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Las especies invasoras son organismos
(habitualmente transportados por los seres humanos) que se introducen
con éxito en ecosistemas autóctonos. Los efectos predatorios,
causados por tales especies, tales como la alteración del hábitat
o la perturbación de los procesos del ecosistema, constituyen una
amenaza grave para las especies autóctonas. Como ejemplos terrestres
notables cabe mencionar la pérdida de muchas especies endémicas
de caracoles de tierra de la Polinesia Francesa luego de la introducción
del caracol depredador Euglandina rosea, y la disminución de las
aves autóctonas de Nueva Zelandia como consecuencia de la introducción
del possum cola peluda (Brushtail Possum) australiano. Como ejemplo acuático
se puede mencionar la introducción de la perca depredadora del
Nilo Lates niloticus en el lago Victoria hace treinta años, que
contribuyó a la aparente extinción de 250 especies endémicas
de cíclidos (Harrison y Stiassny 1999). El número de introducciones
de especies invasoras en medios acuáticos aumentó rápidamente
en la segunda mitad del siglo XX (véase el gráfico).
El CDB reconoce la importancia de las especies invasoras como problema
mundial y apela a las partes signatarias para prevenir la introducción
de especies foráneas que amenazan a los ecosistemas, hábitat
y especies, para controlarlas o para erradicarlas. En respuesta a una
recomendación del CDB formulada en 1996, se estableció el
Programa Mundial de Especies Invasoras (GISP), que es coordinado por el
Comité Científico sobre Problemas del Medio Ambiente (SCOPE),
en colaboración con la UICN, el Centro Internacional para Agricultura
y Biociencias y el PNUMA. Este Programa analizará los conocimientos
actuales sobre especies invasoras y elaborará nuevas herramientas
y enfoques para enfrentar el problema tanto en el nivel local como mundial.
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