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Se considera actualmente que la invasión biológica es la segunda amenaza
en gravedad para la diversidad biológica en América del Norte, luego de
la destrucción y degradación de hábitat (CEC 2000). La competencia y la
depredación de las especies no nativas ponen en peligro casi la mitad
de las especies consideradas como amenazadas o en peligro por la Ley de
especies amenazadas de los EE.UU. (Wilcove y otros 1998). En Canadá, las
especies foráneas están implicadas en los riesgos que corren cerca del
25 por ciento de las especies en peligro, 31 por ciento de las especies
amenazadas y 16 por ciento de las vulnerables (Lee 2001).
| Restauración de los pantanos de
los Everglades de Florida |
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Los pantanos de los Everglades de Florida son la parte central
de una cuenca de 23.000 km2 que cubre un tercio de la parte meridional
de Florida. A comienzos de los años 1990 se drenaron grandes
extensiones y se reconfiguraron los cursos de agua. Protegido de
inundaciones por diques y canales, el sur de Florida se transformó
en hogar de seis millones de personas que se instalaron a lo largo
del corredor Miami-Palm Beach, así como en productor importante
de caña de azúcar, frutas y verduras (UNDP, UNEP,
World Bank y WRI 2000).
Casi la mitad de los pantanos, que se extendían originalmente
por 11 650 km2, se ha perdido, lo cual ha reducido la cantidad de
agua dulce que fluye hacia la costa, ha perturbado los niveles de
salinidad y ha alterado la capacidad natural de almacenar y liberar
agua que es propia de este ecosistema. El estado de los pantanos
se deterioró con gran rapidez durante los dos últimos
decenios, con extinción de algas marinas, invasión
de especies no autóctonas, contaminación con nutrientes,
gran crecimiento de algas en la bahía de Florida y disminución
de la cantidad de peces capturados y de la población de algunas
aves (UNDP, UNEP, World Bank y WRI 2000).
Los esfuerzos regionales para solucionar los problemas comenzaron
a principios de los años 1980, pero recién en 1998
las partes la industria azucarera, los ambientalistas, los
empresarios de desarrollo urbano y las tribus de pueblos indígenas-
se pusieron de acuerdo en apoyar un plan de conjunto para restaurar
y preservar los pantanos. Concebido por el Cuerpo de Ingenieros
del Ejército, este plan es el esfuerzo de restauración
de humedales más ambicioso y extenso del mundo, y cuesta
al gobierno federal 7 800 millones de dólares. Su realización
tomará más de veinte años (Alvarez 2000, Army
Corps of Engineers 2000).
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Las especies acuáticas invasoras constituyen una amenaza importante para
los ecosistemas de humedales y agua dulce (véase el recuadro, más arriba),
y pueden plantear también serios riesgos para la salud. Por ejemplo, en
1991 se encontraron bacterias de cólera humano en tanques de lastre y
en muestras de ostras y peces de aleta en Mobile, Alabama (ANS 2000).
Se cree que las especies acuáticas foráneas contribuirán a la extinción
de las especies autóctonas de agua dulce en América del Norte a un ritmo
del 4 por ciento por decenio durante el próximo siglo (Ricciardi y Rasmussen
1999).
| Invasión biológica |
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La invasión biológica es la entrada de especies foráneas
invasoras. Las especies foráneas se consideran invasoras
cuando establecen poblaciones en hábitat naturales, son agentes
de cambio, y amenazan la diversidad biológica de especies
nativas. Entre las especies foráneas invasoras se incluyen
bacterias, virus, hongos, insectos, moluscos, plantas, peces, mamíferos
y aves (UICN 2001).
La introducción de especies que se transforman en invasoras
puede ser deliberada o involuntaria, y tiene lugar a través
de vías (o vectores) entre las que cabe mencionar el transporte
(por agua, tierra y aire, en las mercancías mismas, los maderos
de estibar, los materiales del empaquetado o contenedores, o en
barcos, aviones, trenes, camiones o automóviles); la agricultura;
la horticultura y los viveros de plantas; la industria de acuicultura;
la industria pesquera que comercia en peces vivos; los peces usados
como carnada; los estanques ornamentales; el agua de riego de jardines
y el comercio de animales domésticos de acuario. Donde no
hay depredadores naturales, estas especies invasoras pueden llegar
a dominar los ecosistemas y pueden alterar la composición
y la estructura de las redes alimentarias, los ciclos de nutrientes,
los ciclos de incendios y los balances de hidrología y energía,
amenazando de esa manera a la productividad de la agricultura y
de otras industrias que dependen de recursos biológicos (Alonso
y otros 2001).
Como ejemplo se puede mencionar la salicaria purpúrea (Lythrum
salicaria), que se introdujo de Europa a mediados del siglo XIX
como planta ornamental de jardín, y que se propagó
por América del Norte a un promedio de 115.000 hectáreas
por año, invadiendo los hábitat de humedales, dominando
las plantas autóctonas y privando a las aves acuáticas
de sus recursos alimenticios (Haber 1996, Pimentel y otros 1999).
Cuando hierbas acuáticas no autóctonas, como la salicaria
purpúrea, los milhojas (Myriophyllum spicatum) y la hydrilla
reemplazan a las especies autóctonas, establecen densas colonias
que dificultan la navegación, las actividades recreativas
acuáticas y el control de inundaciones, degradan la calidad
del agua y el hábitat de la fauna y flora silvestres, aceleran
el relleno de los lagos y embalses, y hacen bajar el valor de las
propiedades (Haber 1996).
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El elevado costo económico que se paga a causa de las invasiones
biológicas en América del Norte es motivo de creciente preocupación.
Ambos países han elaborado planes de vigilancia y sistemas de información
para ayudar a controlar las invasiones biológicas (Haber 1996,
Kaiser 1999).
Entre las respuestas que se han dado al desafío de las especies
invasoras cabe mencionar leyes y políticas, así como planes
y programas que se concentran en prevenir la invasión de nuevas
especies y en erradicar o controlar las ya establecidas. Por ejemplo,
Canadá y Estados Unidos colaboran en programas relacionados con
las especies invasoras de los Grandes Lagos. Aunque se exige que los barcos
cambien el agua de lastre en alta mar, la entrada de nuevas especies no
se ha detenido y se la considera como una amenaza seria a la integridad
del ecosistema de los Grandes Lagos.
Se esperan nuevas invasiones como consecuencia del incremento del comercio.
Además, es posible que los cambios climáticos mundiales
puedan crear condiciones aun más propicias para las invasiones
biológicas (Holmes 1998). La cooperación, no sólo
entre los países de América del Norte sino también
de todo el mundo, es esencial para contener la ola de invasiones biológicas
y el daño que causan.
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