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El rápido aumento de la población
y los cambios en los estilos de vida han contribuido a la degradación
de los ecosistemas de humedales debido a que han llevado a una mayor explotación
del agua de superficie y subterránea. En Jordania, la extracción
de agua subterránea para satisfacer necesidades urbanas aumentó
de aproximadamente 2 millones de m3 en 1979 a cerca de 25 millones de
m3 en 1993 (Fariz y Hatough-Bouran 1998), al par que 25 millones de m3
adicionales por año se utilizaban para fines de irrigación
agrícola. La contaminación y los efectos de los campos de
refugiados en la zona, sumados a la extracción de agua, han causado
el deterioro y la desecación de la reserva natural de humedales
de Azraq (Fariz y Hatough-Bouran 1998). Como consecuencia de ello se produjo
una disminución del turismo en Azraq. En la parte oriental de la
Península Arábiga se han perdido muchos de los oasis de
palmeras datileras y de los manantiales naturales de agua dulce en los
dos últimos decenios (Bundy, Connor y Harrison 1989).
De lejos, el cambio más serio que haya afectado a los humedales
del Asia Occidental durante los tres últimos decenios ocurrió
en las zonas pantanosas de la Baja Mesopotamia, donde se ha confirmado,
por medio de imágenes satelitales seriadas, la pérdida de
aproximadamente el 90 por ciento del área de lagos y pantanos (UNEP
2001). Esta pérdida se puede atribuir en parte a la gran cantidad
de represas que existen actualmente en los cursos superiores del sistema
del Éufrates y Tigris, pero pareciera ser principalmente resultado
de los grandes trabajos de ingeniería hidráulica realizados
en el sur de Iraq, en particular la terminación del Gran Canal
de Desagüe (o «Tercer Río»), que desvía
agua hacia la cabecera del Golfo. No obstante, y a pesar de algunos efectos
negativos de las represas sobre la diversidad biológica autóctona,
la pérdida de algunos hábitat como los humedales se ha visto
compensada por la creación de grandes hábitat artificiales
en otras partes de la región. Por ejemplo, se considera que los
630 km2 del lago Assad sobre el río Éufrates en Siria es
un importante sitio para aves migratorias o que pasan el invierno en Asia
Occidental.
La rápida decadencia de las zonas pantanosas
de la Baja Mesopotamia es uno de los acontecimientos ambientales más
significativos que hayan ocurrido en el mundo durante los últimos
30 años. La pérdida de un hábitat tan importante
pone de manifiesto las presiones a que están sometidos los humedales
en la región, presiones que probablemente se intensificarán
en el futuro a medida que aumente la demanda de agua.
Las políticas de autosuficiencia alimentaria en la región
han llevado al uso de tierras marginales con fines de agricultura intensiva
por irrigación. Esto ha agotado los recursos hídricos y
ha causado salinización, con efectos muy negativos en la diversidad
biológica de agua dulce. El abandono de sistemas tradicionales
de gestión de recursos ha tenido también un efecto importante
en la diversidad biológica. Por ejemplo, el sistema tradicional
Al-Hema, que facilitaba el uso sostenible de pastizales y otros
recursos naturales poniendo aparte grandes reservas durante épocas
de estrés (Abu-Zinada y Child 1991, Daraz 1985) fue abandonado
en los años 1960 en la Península Arábiga y países
del Mashreq. Aunque en 1969 existían en Arabia Saudita alrededor
de 3.000 reservas Hema, sólo 71 sobrevivían, bajo
distintos niveles de protección, en 1984, y sólo figuraban
9 en la lista de zonas protegidas de 1997 (WCPA 2000).
La diversidad biológica costera y marina está amenazada
por varias actividades humanas, con inclusión de la contaminación
(derrames de petróleo, descargas industriales y domésticas
en el mar), la alteración física de hábitat (actividades
de dragado de arena y de rellenado), así como por los cambios climáticos
y por las especies foráneas introducidas por el agua de lastre
(ROMPE 1999, UNEP/MAP 1999). La extensión de los manglares ha disminuido
a lo largo de las costas del Golfo durante los últimos 30 años
debido a la falta de planificación del desarrollo costero, al punto
de que sólo quedan actualmente entre 120 y 130 km2 de manglares
en parches. En Arabia Saudita más del 40 por ciento del litoral
del Golfo se ha recuperado y, en consecuencia, casi el 50 por ciento de
los manglares se ha perdido (Sheppard, Price y Roberts 1992). En los mares
de la Península Arábiga, aproximadamente 20.000 km2 de arrecifes
de coral, que equivalen al 7,9 por ciento del área total de corales
en el mundo, han sufrido descoloramiento debido al aumento de la temperatura
del agua en el mar causado por El Niño (UNDP, UNEP, World Bank
y WRI 2000). Se teme que el calentamiento de la Tierra intensifique este
fenómeno. En la subregión del Mashreq muchas especies marinas,
como las focas monje mediterráneas, las tortugas marinas y las
esponjas marinas, están amenazadas por el continuo deterioro de
la calidad de las aguas costeras debido a la sedimentación, la
descarga de nutrientes y la eutrofización (Lakkis 1996, Tohme 1996).
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