|
La agricultura es responsable de
más del 70 por ciento del agua dulce que se obtiene de lagos, ríos
y napas subterráneas. La mayor parte se utiliza para el riego,
posibilitando cerca del 40 por ciento de la producción alimentaria
mundial (CSD 1997a). Durante los últimos 30 años, la superficie
de tierras irrigadas aumentó de menos de 200 millones de hectáreas
a más de 270 millones de hectáreas (FAO 2001). En el mismo
período, las extracciones de agua mundiales crecieron de cerca
de 2.500 km3 a más de 3.500 km3 (Shiklomanov 1998). Una ordenación
deficiente tuvo como consecuencia la salinización de cerca del
20 por ciento de las tierras irrigadas del planeta, con otro millón
y medio de hectáreas afectadas por año (CSD 1997a), hecho
que reduce considerablemente la producción de los cultivos (WCD
2000). Los países más gravemente afectados son los que se
encuentran principalmente en regiones áridas y semiáridas.
Dentro de las medidas de intervención se incluyen
programas nacionales de acción, examen y reforma de las políticas
relativas al agua, promoción de una mayor eficiencia en el aprovechamiento
del agua y transferencia de tecnología de riego. A nivel internacional,
la FAO puso en marcha en 1993 un sistema de información mundial,
AQUASTAT, que suministra datos sobre el aprovechamiento del agua en la
agricultura (FAO 2001).
|