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La cuenca de los Grandes Lagos es uno de los sistemas de agua dulce más
grandes del planeta ya que contiene el 18 por ciento del agua dulce superficial
del mundo (EC 2001a). Menos del 1 por ciento del agua se renueva anualmente
por precipitaciones, escorrentías de aguas superficiales y la entrada
de aguas subterráneas.
Con el paso de los años, los lagos han estado expuestos a una
contaminante mezcla de efluentes a causa del tratamiento inadecuado de
las aguas residuales, los efluentes de fertilizantes y aguas residuales.
A principios del decenio de los setenta, las playas estaban cubiertas
de algas y el agua no era apta para beber a menos que se la sometiera
a una extensa depuración. En el Lago Erie había cantidades
excesivas de fósforo, floraciones de algas y graves disminuciones
en las poblaciones de peces. Las comunidades indígenas fueron las
más afectadas. Los titulares de los periódicos en 1970 declararon
el «Lago Erie está muerto» (EC 1999b, EC 2001c).
Otros indicios apuntaban a problemas más insidiosos. A principios
del decenio de los setenta, las cáscaras de huevo del cormorán
orejudo, cuya posición es alta en la cadena alimentaria acuática
y está sujeto a los efectos de la bioacumulación, tenían
un 30 por ciento menos de espesor que lo normal (EC 1999b). Algunas especies
de poblaciones de aves sucumbieron.
La Comisión Mixta Internacional (CMI) publicó un informe
sobre el problema de la contaminación en los Grandes Lagos inferiores
en 1970. La CMI, una organización independiente formada por representantes
de Canadá y Estados Unidos, ha estado a cargo de evaluar la cantidad
y calidad del agua a lo largo de la frontera entre esos dos países
desde 1909 (IJC 2000a). El informe condujo a la firma del Acuerdo de 1972
sobre la calidad del agua en los Grandes Lagos y al comienzo de la concertación
de esfuerzos para restablecer la calidad del agua. En 1978, se renovó
dicho acuerdo para introducir el enfoque del ecosistema y abordar los
constantes vertidos de productos químicos (IJC 1989).
En 1987, se establecieron objetivos o estrategias para reducir cargas
de fósforo, para contaminantes atmosféricos, contaminación
proveniente de actividades realizadas en tierra, y problemas de sedimentos
y aguas subterráneas contaminados. Se elaboraron planes de saneamiento
para limpiar 43 sectores objeto de preocupación (véase mapa).
Las cargas municipales de compuestos fosforados en
los lagos Erie y Ontario se redujeron en casi el 80 por ciento desde principios
del decenio de los setenta, disminuyendo así el crecimiento de algas
y el grado de agotamiento del oxígeno en las aguas de fondo. El lago
Erie, que en cierto momento fue dado por «muerto», es ahora
la pesquería de lucioperca americana más grande del planeta
(EC 1999b, EC 2001c).
Asimismo, se redujo el vertido de una serie de químicos tóxicos
persistentes. Desde fines del decenio de los ochenta, los reglamentos
gubernamentales lograron una reducción del 82 por ciento en las
sustancias cloradas tóxicas vertidas por fábricas de pulpa
y papel. Desde 1972, se percibe una disminución general del 71
por ciento en el uso, la producción y liberación de siete
productos químicos tóxicos prioritarios y una reducción
significativa en los derrames de productos químicos (EC 1999b,
EC 2000, EC 2001c).
Los residuos de DDE y bifenilos policlorados, que alguna vez fueron extraordinariamente
elevados en los huevos de cormoranes en la cuenca de los Grandes Lagos,
disminuyeron tanto como el 91 por ciento y el 78 por ciento respectivamente
entre principios del decenio de los setenta y el año 1998 (EC 2001b).
Las poblaciones de cormoranes se están reproduciendo satisfactoriamente
de nuevo y otras poblaciones de aves están aumentando (EC 1998,
EC 1999b).
No obstante, el acelerado desarrollo urbano e industrial siguió
provocando daños ambientales en la cuenca hidrográfica durante
el decenio de los noventa. La contaminación de sedimentos en los
puertos y desembocaduras de los ríos amenazaba con contaminar a
los peces y planteaba problemas con respecto al dragado y a la eliminación
de sedimentos (IJC 1997). Las pruebas indican que los contaminantes que
transporta el aire se depositan en los lagos, contribuyendo en gran medida
a la contaminación del agua (US EPA 1997). Hasta el 96 por ciento
de bifenilos policlorados en los Grandes Lagos provienen de la atmósfera
(Bandemehr y Hoff 1998). La Estrategia Binacional sobre los Productos
Tóxicos en los Grandes Lagos se emprendió en 1997 con el
fin de eliminar esos contaminantes químicos (BNS 1999, EC 2000b).
A pesar de que la exposición a contaminantes tóxicos persistentes
disminuyó, ciertos estudios muestran que los hijos de madres que
ingirieron grandes cantidades de pescado proveniente de los Grandes Lagos
tuvieron problemas de desarrollo (Health Canada 1997). Informes recientes
de la CMI advierten sobre el lento avance en la solución de algunos
problemas, tales como la limpieza de sedimentos que contienen químicos
tóxicos persistentes y especies exóticas invasoras. (IJC
2000b).
Los Grandes Lagos enfrentarán otros retos ambientales en el futuro.
El calentamiento de la tierra podría disminuir los niveles de los
lagos en un metro o más a mediados del presente siglo, hecho que
tendría graves repercusiones económicas, ambientales y sociales.
Es posible que la escasez de agua en toda América del Norte aumente
también la presión para desviar o extraer agua de los lagos
en grandes cantidades, con la consecuente amenaza al aprovechamiento sostenible
de los recursos de aguas superficiales y subterráneas (IJC 2000c,
IPCC 2001).
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