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Cerca de los tres cuartos de la población de América Latina
y el Caribe viven en ciudades. Varias megalópolis del mundo, como
Buenos Aires, México DF, Río de Janeiro y San Pablo, cada
una de las cuales tiene más de 10 millones de habitantes, están
situadas en la región. El crecimiento económico de estos
centros urbanos ha causado el aumento de la contaminación atmosférica
(especialmente de CO, NOx, SO2, O3 troposférico,
hidrocarbonos y partículas en suspensión) y de las repercusiones
sobre la salud humana que le están asociadas (UNEP 2000). En la
actualidad el problema se ha extendido más allá de las grandes
ciudades, y está afectando también a ciudades medianas y
a islas pequeñas (Dalal 1979, Romieu, Weitzenfeld y Finkelman 1990).
El sector del transporte es una de las principales fuentes de contaminación
atmosférica: el 70 por ciento de las emisiones en Buenos Aires
(PAHO 1998) y en la ciudad de México (INEGI 1998) están
asociadas con el transporte. El número de automóviles se
cuadriplicó en México DF entre 1970 y 1996 (CEPAL 2000a).
La industria, la agricultura y el sector municipal son también
fuentes de contaminación atmosférica. En Santiago las fuentes
más importantes son el transporte y las empresas pequeñas
y medianas (IMO 1995). Además, ciertas condiciones topográficas
y meteorológicas desfavorables aumentan los efectos de la contaminación
en algunas ciudades: el Valle de México obstruye la dispersión
de contaminantes provenientes del área metropolitana, y el mismo
efecto producen las montañas que rodean Santiago (CEPAL 2000b).
| La contaminación atmosférica aumenta la
mortalidad |
| En 1992, se calculaba que 76 millones de personas residentes en
ciudades estaban expuestas a concentraciones de contaminantes que
excedían las directrices de la OMS. Se estimaba que en San Pablo y
Río de Janeiro la contaminación atmosférica era responsable de 4.000
muertes prematuras por año (CETESB 1992). Estudios realizados en Brasil,
Chile y México han mostrado que un aumento de 10 µg/m3 en la
concentración de PM10 (partículas cuyo diámetro es de 10µ
o menos) en la atmósfera coincide con un aumento del 0,6 al 1,3 por
ciento de mortalidad en la población mayor de 65 años (PAHO 1998). |
El crecimiento de los sectores de la industria, la agricultura y el transporte
durante los últimos 30 años se ha visto acompañado
de un aumento constante de las emisiones de CO2, el cual se
ha calculado próximo al 65 por ciento entre 1980 y 1998 (UNEP 2001a).
Se estima que en 1991-92 la región producía cerca del 11
por ciento de las emisiones antropógenas mundiales de CO2:
el 4,5 por ciento de las emisiones industriales mundiales y el 48,5 por
ciento de las emisiones provenientes del cambio del uso de la tierra (UNDP,
UNEP, World Bank y WRI 1996). Se piensa que la deforestación es
la principal causa de las emisiones en la región, particularmente
en la cuenca del Amazonas (UNEP 1999). La deforestación y la cría
de ganado (esta última es un factor importante en Argentina, Chile
y Uruguay) son también causa de una enorme emisión regional
de metano: aproximadamente el 9,3 por ciento del total mundial (UNFCCC-SBI
2000).
El promedio de las emisiones industriales de carbono en la región
era de 0,73 toneladas anuales per cápita en 1998, un poco más
bajo que el promedio mundial de 1,06 toneladas (Marland, Boden y Andres
2001). México es el mayor emisor de carbono en la región.
Los contaminantes industriales provienen en su mayor
parte de los combustibles utilizados en el sector de la producción
de electricidad, aunque las emisiones de metales pesados como plomo y
mercurio son también considerables (PAHO 1998). Las emisiones provenientes
de refinerías son también importantes en los países
productores de petróleo; por ejemplo, en la ciudad de México
casi el 60 por ciento de las emisiones de SO2 se originan en
instalaciones industriales, entre las cuales se incluyen las refinerías
de petróleo existentes en la zona metropolitana (INEGI 1998). Las
actividades mineras causan el deterioro local de la calidad del aire en
muchos países (PAHO 1998).
Otras fuentes de contaminación atmosférica tienen efectos
locales o subregionales, entre las que se cuentan el uso de plaguicidas
en la agricultura y las partículas provenientes de la erosión
del suelo y de la combustión de biomasa transportadas por aire.
Estudios realizados en Colombia y en Ecuador a comienzos de los años
1990 revelaron que más del 60 por ciento de los obreros agrícolas
que trabajaban en la producción para mercados extranjeros presentaba
síntomas de envenenamiento agudo con plaguicidas (dolores de cabeza,
alergias, mareos, dermatitis, visión borrosa), mientras que otros
sufrían de efectos crónicos graves (alumbramientos de criaturas
muertas, abortos, y problemas respiratorios y neurológicos). Las
consecuencias podían afectar también a las poblaciones vecinas,
como se pudo comprobar en los campos de algodón en Nicaragua y
en las plantaciones de café en Costa Rica (UNDP, UNEP, World Bank
y WRI 1998, UNEP 2000).
Los incendios forestales son otra fuente importante de contaminación
atmosférica y a veces tienen efectos significativos a gran distancia
(CCAD y UICN 1996, Nepstad y otros 1997). En 1997, por ejemplo, el humo
proveniente de incendios en Guatemala, Honduras y México erró
a través de gran parte del sudeste de Estados Unidos, obligando
a las autoridades de Texas a lanzar alertas sanitarias a la población
(UNEP 2000).
Cerca de un quinto de la población en América Latina y
el Caribe hace un gran uso de la biomasa como combustible hogareño,
lo que causa contaminación del aire interior. Esto afecta principalmente
a mujeres, niños y personas de edad que permanecen dentro de las
casas por largos periodos. En Colombia y México, por ejemplo, las
mujeres que usan biomasa para cocinar son 75 veces más vulnerables
a contraer enfermedades pulmonares crónicas que el promedio de
las personas (UNDP, UNEP, World Bank y WRI 1998). En la región,
y anualmente, la contaminación atmosférica es responsable
de 2,3 millones de casos de enfermedades respiratorias crónicas
en niños y de 100.000 casos de bronquitis crónica en adultos
(CEPAL 2000b).
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La ciudad de México frente a la contaminación atmosférica
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| Estudios realizados en México DF, una de las mayores megalópolis
del mundo, han mostrado que hay una estrecha correlación entre la
contaminación atmosférica urbana y la aceleración de las enfermedades
pulmonares, el proceso de envejecimiento en los pulmones y las infecciones
respiratorias (Loomis y otros 1999, PAHO 1998, WHO 1999). En 1990
se lanzó un programa integral para hacer frente a la contaminación
atmosférica en el Valle de México, cuyos objetivos eran la mejora
de la calidad de los combustibles, la promoción del transporte público,
la reducción de las emisiones causadas por vehículos, la industria
y los servicios, y la reforestación. El Programa para Mejorar la Calidad
del Aire en el Valle de México (Proaire) 1995-2000, introdujo nuevas
actividades en el plano de la vigilancia, la educación y la participación
pública. Entre otras iniciativas cabe mencionar el Fideicomiso Ambiental
del Valle de México, que se mantiene con ingresos provenientes de
impuestos a la gasolina y que financia actividades cuyo objetivo es
la mejora de la calidad del aire, la Red Automática de Monitoreo Atmosférico
(RAMA), el Programa de Contingencias Ambientales (PCA), el programa
«Un día sin auto», un programa de reforestación y la educación sobre
el medio ambiente en la zona metropolitana de México (CEPAL 2000a). |
En los últimos decenios se han hecho esfuerzos considerables para
hacer frente a la contaminación atmosférica, especialmente
en las zonas urbanas (véase el cuadro), mediante estrategias que
incluyen control de emisiones, cambio de combustibles y control de situaciones
de emergencia. En Santiago las emisiones de partículas en suspensión,
y el número de días en que sonaban las alarmas o se declaraba
situación de emergencia, se han reducido de manera considerable
durante el último decenio; las concentraciones de PM10
y de PM2,5 disminuyeron un 24,1 y un 47,4 por ciento respectivamente
entre 1989 y 1999 (CAPP 2000). Esto se debe en gran parte a la implementación
de un plan iniciado en 1990 que incluía el control de las emisiones
domésticas e industriales, el desarrollo de la capacidad de vigilancia,
la supresión de autobuses altamente contaminadores, el control
de la circulación y emisiones de autobuses, la introducción
de convertidores catalíticos en automóviles, la mejora de
los combustibles para motores y el pavimentado de las calles (CEPAL 200c,
ORyan y Larraguibel 2000).
No obstante los avances realizados, la contaminación del aire
urbano sigue siendo un motivo serio de preocupación, aun en ciudades
medianas y pequeñas, a causa del continuo crecimiento del sector
del transporte y de la industria, unido a la falta de vigilancia y reglamentación
adecuadas. El crecimiento del número de vehículos debido
al aumento de los ingresos reales y a la eliminación de aranceles
podría llegar a anular los avances hechos para mejorar la calidad
del aire. Se piensa que, para 2010, el 85 por ciento de la población
vivirá en zonas urbanas, razón por lo cual la lucha contra
la contaminación atmosférica y la prevención de sus
efectos negativos para la salud serán objetivos prioritarios en
cada uno de los países de la región.
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