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Muchos problemas ambientales en las urbes surgen
como resultado de una administración ineficaz, una planeación
deficiente y la ausencia de políticas urbanas coherentes, más
que por la urbanización misma. La experiencia ha demostrado que
no hay cantidad de recursos financieros, tecnología o conocimientos
especializados que puedan garantizar el desarrollo sostenible para el
medio ambiente (o su protección) si el gobierno no sienta su gestión
en bases participativas, democráticas y pluralistas. Por ejemplo,
muchos países en desarrollo cuentan con amplias reglamentaciones
en materia de contaminación, pero la mayor parte de ellas rara
vez se aplica efectivamente, si es que se llega a aplicar, debido a la
falta de instituciones y sistemas jurídicos apropiados, voluntad
política y una gestión competente (Hardoy, Mitlin y Satterthwaite
2001). Lamentablemente, las instituciones políticas y administrativas
han mostrado una alta resistencia al cambio, en particular cuando el cambio
económico y social es rápido.
Las tres décadas pasadas han presenciado importantes cambios políticos
con profundas implicaciones para las zonas urbanas y para el medio ambiente,
tanto urbano como mundial, entre los que se cuentan los siguientes:
- El colapso de una planeación centralizada.
- La difusión de la democracia.
- La descentralización y demandas de participación activa
y autodeterminación.
- Creciente pluralismo en la política y la sociedad.
- Presiones para la participación, rendición de cuentas
y transparencia del gobierno.
Estas tendencias parecen reforzarse con la globalización y especialmente
por los efectos de corrientes de información y conocimiento más
libres y veloces.
Los esfuerzos para mejorar la gestión gubernamental en las ciudades
implican actividades tales como la promoción de procesos de participación,
el establecimiento de asociaciones eficaces entre todos los actores de
la sociedad civil, en particular los sectores privados y comunitarios,
la garantía de una participación activa más eficaz
por parte de los gobiernos locales, con mayor autonomía financiera
y legislativa, así como la reorganización de instituciones
con poca capacidad de respuesta y de las estructuras burocráticas.
| La basura de Nairobi |
| El vertedero de basura de Dandora, en Nairobi, ofrece un medio de
subsistencia para muchos buscadores de alimentos y artículos
útiles en la basura. En 1992 el Padre Alex Zanoteteli abrió
el Centro de Reciclado de Mukuru, en donde se les ayuda a recopilar
diferentes tipos de basura con más eficiencia y a obtener mejores
precios por sus ventas a intermediarios. En la actualidad, el proyecto
cuenta con 140 participantes y, con la ayuda del Programa Ambiental
e Infraestructural de los Asentamientos (PAIA) de Hábitat,
se ha constituido en una cooperativa con varios proyectos diferentes.
En uno se compran desechos a buscadores individuales, se clasifican
y venden a las industrias que los reciclan, además de tener
un proyecto lechero alterno en marcha. En otro se recolectan desechos
de los edificios comerciales de la ciudad; en éste se ganan
comisiones pequeñas por limpiar los edificios comerciales y
un ingreso por vender los desechos a las industrias del papel y otras
industrias de reciclado. En un tercer proyecto se fabrican briquetas
combustibles de papel y otros desechos, como aserrín y cáscara
de café. En un cuarto proyecto se fabrica composta a partir
de desechos orgánicos. El centro está por establecer
una planta para reciclar plástico.
Fuente: Panos 2001.
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También implican la cooperación entre las ciudades y el
intercambio de experiencias y conocimientos adquiridos. El Consejo Internacional
para Iniciativas Ambientales Locales colabora con 286 gobiernos locales
en 43 países para mejorar el manejo local de energía y reducir
las emisiones de gases de efecto invernadero (Skinner 2000). Se han establecido
algunas iniciativas como la Asociación de Estocolmo para Ciudades
Sustentables, cuyo objetivo es introducir el concepto de sostenibilidad
en la planeación de ciudades mediante asociaciones entre las ciudades
y las empresas. Las iniciativas del Programa 21 local de Habitat han demostrado
ser efectivas al instrumentar políticas de desarrollo sostenibles
que cuentan con la participación de miembros de la comunidad y
del gobierno (Tuts y Cody 2000).
Debido a la importancia de las circunstancias específicas de cada
lugar y a las diferentes realidades políticas, no se ha encontrado
un enfoque viable para solucionar problemas ambientales urbanos que resulte
aplicable a todas las ciudades. Un primer paso es desarrollar un programa
ambiental local para evaluar la situación particular del lugar
en lo relacionado con asuntos ambientales, de modo que esa información
se pueda utilizar en la planeación de ciudades. En el decenio de
los setenta el interés se concentraba principalmente en las políticas
y reglamentaciones públicas mientras que en los años noventa
se dirigió a los mercados y las soluciones técnicas. Con
el cambio de siglo la ordenación del medio urbano parece concentrarse
más en el cambio de culturas, tanto de negocios como económica
y política (Elkington 1999).
| El progreso de la agricultura urbana |
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El cultivo de alimentos en las zonas urbanas y periurbanas se ha
convertido en una actividad productiva importante, esencial para
el bienestar de millones de residentes urbanos pobres y otros no
tan pobres. Se calcula que el 15 por ciento de todos los alimentos
consumidos en las zonas urbanas proviene de cultivos de agricultores
urbanos, porcentaje que se duplicará en veinte años.
Según estimaciones, cerca de 800 millones de personas participan
de la agricultura urbana en todo el mundo (véase
«Tierras»). Los ejemplos siguientes de diferentes
regiones son una muestra del potencial de la agricultura urbana.
África
El cultivo de alimentos tiene una gran importancia económica
en muchas zonas urbanas de África, en donde los residentes
pagan de 10 a 30 por ciento más por sus alimentos que los
habitantes de las zonas rurales. En Kenya y Tanzania dos de cada
tres familias urbanas realizan labores agrícolas, para lo
cual se ha ocupado casi cualquier espacio abierto, espacios reservados
para servicios públicos, caminos, valles o jardines de las
ciudades. En El Cairo, una cuarta parte de todos los hogares cría
ganado pequeño, actividad que provee el 60 por ciento del
ingreso de los hogares.
Las mujeres representan un papel esencial en la agricultura urbana
ya que para muchas de ellas este tipo de cultivo constituye una
estrategia de supervivencia. Este proceso de «ruralización»
de las ciudades africanas no surge como consecuencia de la migración
masiva de zonas rurales a urbanas, sino como respuesta a las fluctuaciones
en la economía de las ciudades de los países en desarrollo.
El cultivo urbano no se practica exclusiva o principalmente entre
los migrantes recientes. La mayoría de los agricultores urbanos
proviene de hogares pobres completamente insertados en la economía
urbana.
América Latina y el Caribe
En La Habana, capital de Cuba, cada espacio disponible se ha destinado
a la producción urbana de alimentos, como techos y balcones.
Los habitantes de las ciudades aseguran la obtención de alimentos
frescos mediante métodos intensivos de agricultura urbana
que incluyen la hidroponía. El ayuntamiento de la ciudad
ofrece la gestión integrada de aguas residuales para la producción
de alimentos.
El Centro Panamericano de Ingeniería Sanitaria y Ciencias
del Ambiente de Lima, Perú, ha elaborado normas regionales
para el tratamiento de aguas residuales. En varios países
de la región se promueven y utilizan sistemas de manejo de
aguas residuales y de su reutilización a diferentes grados
de pureza para destinos tan diversos como el riego de bosquecillos
o la acuicultura.
Europa
Cerca del 72 por ciento de todos los hogares urbanos en la Federación
de Rusia cultivan alimentos. Berlín, por su lado, tiene más
de 80.000 agricultores urbanos. El Club de Horticultura Urbana de
San Petersburgo se ha hecho famoso por su promoción de horticultura
en los techos. Su investigación muestra que en sólo
un distrito (San Petersburgo tiene 12) es posible cultivar 2.000
toneladas de vegetales por temporada en 500 techos. Se cultivan
muchos tipos de hortalizas, como rábanos, lechugas, cebollas,
pepinos, tomates, col, guisantes, remolachas, alubias y flores.
Se fomenta el cultivo de endibia para ensaladas como fuente de vitaminas
en el invierno. La horticultura en los techos es popular debido
a que estas hortalizas se encuentran seguras contra cualquier acto
de vandalismo. El Club de Horticultura Urbana de San Petersburgo
tiene publicaciones y su propia página en Internet.
Fuente: UNCHS 2001a y 2001b.
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