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Mientras que la región antártica está deshabitada,
el Ártico tiene 3,75 millones de residentes permanentes, de acuerdo
con el Consejo Ártico. La mayor parte de los asentamientos ha conservado
un tamaño mesurado, con poblaciones de menos de 5.000 habitantes.
La gran mayoría de residentes del Ártico en la actualidad
son inmigrantes no indígenas. Este cambio en la composición
demográfica se ha visto acompañado de un aumento constante
en la urbanización, con una migración desde asentamientos
pequeños a entornos urbanos más grandes, una tendencia generalizada
en todo el Ártico (véase el recuadro).
| Crecimiento urbano en el Ártico |
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Groenlandia ha experimentado un crecimiento urbano desde los años
setenta (Rassmussen y Hamilton 2001). Aproximadamente una cuarta
parte de su población vive en Nuuk, la capital. Esta concentración
de la población urbana en una ciudad también se ha
visto en otros países de la región ártica:
el 40 por ciento de la creciente población de Islandia vive
en Reikiavik, una tercera parte de la población de las Islas
Feroe vive en Torshaven, y casi el 40 por ciento de la población
de los Territorios del Noroeste de Canadá vive en Yellowknife.
Anchorage, en Alaska, es la única ciudad del Ártico
de América del Norte con una población mayor a los
100.000 habitantes. La población de Anchorage, con un rápido
crecimiento, llegó a los 262.200 habitantes en 2001, mientras
que la población de la ciudad que le sigue en tamaño
en la zona ártica de Alaska, Fairbanks, disminuyó
ligeramente durante la última década, pasando a 30.500
habitantes.
Noruega ha seguido una política de desalentar la emigración
de sus condados del norte al ofrecer un apoyo significativo de estímulo
al empleo, la industria, la educación superior y la investigación
en el Norte. Aunque esta política no ha frenado la disminución
de pequeños asentamientos, Tromsø, la ciudad más
grande del Ártico escandinavo, creció a 49.600 habitantes
en 2001, a pesar de su ubicación cerca de los 70° N.
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Por otro lado, América del Norte intentó evitar los asentamientos
permanentes en las cercanías de las minas y campos petroleros contratando
trabajadores por temporadas en lugar de mover familias enteras al norte.
Las instalaciones se establecieron deliberadamente lejos de los pueblos
indígenas, y desde los años ochenta se han celebrado acuerdos
y sociedades con organizaciones indígenas para reducir efectos
ambientales y sociales, así como para promover el empleo local
(Osherenko y Young 1989).
La Federación de Rusia tiene 11 ciudades con más de 200.000
habitantes a una latitud mayor a los 60 °N (Weir 2001). Todas crecieron
en torno a la explotación de recursos, tales como la pesca, el
procesamiento de madera, la minería y la extracción de combustible
(CIA 1978). La población de Murmansk, el único puerto libre
de hielo en el Ártico, creció a 440.000 personas en 1989.
Se utilizaron incentivos económicos para atraer a las personas
a trabajar en la industria de extracción en el norte de Rusia,
acompañados del desarrollo de centros urbanos con edificios de
departamentos de varios pisos construidos en permafrost y con poca o ninguna
comunicación por carretera o ferrocarril.
Desde la desaparición de la Unión Soviética, la
afluencia hacia la zona ártica de Rusia ha comenzado a retroceder.
Las ciudades se han visto en la imposibilidad de albergar grandes números
de habitantes después de las reformas de mercado, la contracción
de las redes de seguridad social, la reducción de los subsidios
gubernamentales, la devaluación de la moneda y la contracción
económica general en la Rusia postsoviética. En la anteriormente
próspera ciudad minera de Vorkuta, la producción de carbón
recientemente bajó a apenas el 2 por ciento de lo que había
sido 10 años antes, el presupuesto municipal presentó un
déficit del 100 por ciento y la población disminuyó
en casi 30.000 habitantes (Weir 2001, World Gazetteer 2001). Entre 1989
y 2001 decenas de miles abandonaron ciudades como Norilsk y Murmansk y
en algunos lugares la población disminuyó en más
del 50 por ciento. El gobierno ruso con asistencia del Banco Mundial
ofreció créditos para la vivienda y otros apoyos a las personas
provenientes del Ártico que buscaban reubicarse (Weir 2001, World
Gazetteer 2001).
El rápido crecimiento de la población ártica (véase
«Aspectos socioeconómicos») y
su creciente concentración en los asentamientos urbanos han tenido
implicaciones importantes para los frágiles ecosistemas del norte.
Las presiones de la urbanización en el Ártico son comparables
a las de cualquier otro lugar, pero se acentúan por los desafíos
que suponen el clima y la lejanía. Por ejemplo, con temperaturas
invernales que descienden hasta los -60 °C en algunas partes del Ártico
y con un casi continuo estado de oscuridad durante meses enteros, el uso
de energía per cápita es considerable, sumándose
a la carga de contaminación del Ártico. Con excepción
de Islandia, que utiliza energía térmica, los centros urbanos
utilizan diesel, energía hidroeléctrica o nuclear. Las redes
de carreteras se están expandiendo, lo que ha ocasionado mayores
conflictos con la fauna y flora silvestres y con los pueblos indígenas
por el uso de la tierra. La fragmentación del hábitat y
las condiciones sanitarias, así como la eliminación de desechos,
presentan quizá los problemas urbanos más importantes para
el medio ambiente.
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