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A pesar de que la variabilidad climática es un fenómeno natural, la frecuencia
y gravedad en aumento de los sucesos de intensidad extrema pueden atribuirse
en parte a actividades humanas tales como la deforestación y la gestión
inadecuada de los recursos hídricos y de tierra. Por ejemplo, el desmonte
de los bosques tropicales en África Central y Occidental alteró los regímenes
climáticos y de precipitaciones locales y aumentó el riesgo de sequía.
El desmonte puede asimismo incrementar las escorrentías y la erosión del
suelo. La construcción de represas en los ríos y el drenaje de humedales
reducen la capacidad natural del medio ambiente de absorber el agua en
exceso y aumentan así las repercusiones de las inundaciones. Por ejemplo,
los países de África Meridional sufrieron inundaciones devastadoras en
1999 y 2000, que afectaron a más de 150.000 familias (Mpofu 2000). La
degradación de humedales, tales como los humedales de Kafue en Zambia,
la construcción de represas en los ríos y el pastoreo excesivo disminuyeron
la capacidad del medio ambiente para absorber el exceso de agua y magnificaron
el impacto de las inundaciones (Chenje 2000, UNDHA 1994).
| Efectos ambientales de los refugiados en África |
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Únicamente la rehabilitación ambiental de los campos
de refugiados en África podría costar tanto como 150
millones de dólares por año. La degradación
ambiental es visible principalmente en países receptores
de refugiados de larga data como Kenya y Sudán. Las tierras
que rodean los campos de refugiados han quedado despojadas de árboles
y vegetación. En esos casos, los refugiados suelen tener
que caminar hasta 12 km en busca de agua y leña.
Se calcula que, a principios del decenio de los noventa, se talaron
20.000 hectáreas de regiones forestadas por año en
Malawi para abastecer de leña y madera a varios campos que
habían acogido a refugiados mozambiqueños, en tanto
que en 1994, en el punto máximo de la crisis de refugiados
cerca del parque nacional Virunga en la República Democrática
del Congo (antiguamente Zaire), los refugiados estaban extrayendo
unas 800 toneladas de madera y pasto por día del parque,
lo que constituye una cantidad muy superior a un rendimiento sostenible
posible. Pese a los esfuerzos realizados por limitar el impacto
en el parque, casi 113 km2 quedaron afectados, de los cuales más
de 71 km2 fueron completamente deforestados. En otro sitio en Kivu
Sur, se perdieron casi 38 km2 de bosques en las primeras tres semanas
después de la llegada de los refugiados. En diciembre de
1996, más de 600.000 refugiados de Burundi y Ruanda fueron
acogidos en la región de Kagera, en el noroeste de Tanzania.
Se consumieron más de 1.200 toneladas de leña a diario,
lo que perjudicó un total de 570 km2 de bosque, 167 km2 de
los cuales fueron severamente deforestados.
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| Fuente: UNHCR 2001a. |
Durante los últimos tres decenios, millones de africanos buscaron refugiarse
de los desastres naturales y los causados por las actividades humanas
que tuvieron tanto efectos ambientales como socioeconómicos. A fines de
2000, había 3,6 millones de refugiados en África, 56 por ciento de los
cuales tenía menos de 18 años de edad (UNHCR 2001b). A menudo, se establece
a los refugiados en ecosistemas frágiles donde ejercen presión considerable
sobre los recursos naturales, ya que no tienen otros medios de subsistencia
(véase el recuadro). Las poblaciones de refugiados a veces experimentan
también otros conflictos con comunidades vecinas al competir por los recursos.
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