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Se cree que el trastorno y la intensificación
del ciclo hidrológico de la Tierra son algunos de los efectos más
importantes del cambio climático (White House 2000a). Es posible
que los cambios ya se estén produciendo en las condiciones hidrológicas
de América del Norte, tal cual quedó demostrado por el aumento
en las precipitaciones medias anuales durante los últimos 30 años
(véase el gráfico). En Estados Unidos, la cantidad promedio
de humedad en la atmósfera aumentó en un 5 por ciento por
decenio entre 1973 y 1993 (Trenberth 1999). La mayor parte del incremento
se debe a sucesos de precipitaciones más intensas que produjeron
inundaciones y tormentas (OMeara 1997, Easterling y otros 2000).
Durante los decenios de los sesenta y setenta, más del 90 por
ciento de los desastres naturales en Estados Unidos ocurrió por
causa de fenómenos meteorológicos o climáticos extremos
(Changnon y Easterling 2000). Las inundaciones son naturales y esenciales
para la salud de las cuencas hidrográficas, pero pueden ser también
destructivas y causar daños económicos (véase el
recuadro). Como reacción a esos sucesos, Estados Unidos introdujo
la Ley de Seguro Nacional de Inundación de 1968 y la Ley Federal
de Ayuda (Disaster Relief Act) de 1974. Muchas de las responsabilidades
separadas y fragmentadas de los programas paralelos en casos de desastre
a nivel de estados y comunidades se concentraron en 1979 bajo la Agencia
Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA 1999). En 1975, Canadá
introdujo el Programa de Reducción de Daños Causados por
las Inundaciones y, en 1988, estableció la Defensa Civil de Canadá
(EC 2000). Esos programas suministraron mejores medidas de mitigación,
preparación, reacción y recuperación ante las inundaciones.
Las pruebas demuestran que las muertes y los daños causados por
las inundaciones aumentaron marcadamente desde principios del decenio
de los setenta (USGRP 2000). Un número mayor de personas y asentamientos
están expuestos a las inundaciones debido al aumento y concentración
de la población y el incremento en la prosperidad económica
(Easterling y otros 2000). La tendencia de asentarse en zonas propensas
a las inundaciones está también influenciada por una percepción
de que el riesgo disminuyó gracias a estructuras protectoras tales
como presas, diques y desvíos, y por la disponibilidad de socorro
en casos de desastre (Brun y otros 1997, Bruce y otros 1999).
Las estructuras que evitan que los ríos se desborden a menudo
provocan inundaciones tremendamente perjudiciales cuando finalmente el
agua las vence (véase el recuadro). En el decenio de los noventa,
Estados Unidos, que está sujeto a fenómenos meteorológicos
más frecuentes y severos que Canadá, comenzó a alentar
la adopción de enfoques no estructurales para la prevención
de inundaciones tales como proyectos de reasentamiento y el restablecimiento
de humedales. En Canadá, se ha puesto freno a los asentamientos
en zonas propensas a las inundaciones por medio de la cartografía
y designación de más de 320 áreas proclives a inundarse
(EC 1998b). Canadá estableció la Oficina de Protección
de Infraestructuras Esenciales y de Protección Civil en 2001 con
el fin de elaborar e implementar un enfoque más integral para la
prevención de desastres (OCIPEP 2001).
| Las principales inundaciones de los últimos
30 años |
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La inundación de 1993 del Misisipi, que sumergió
a 75 municipios y cobró la vida de 48 personas, costó
entre 10.000 y 20.000 millones de dólares y superó
así a todas las inundaciones anteriores en Estados Unidos
en lo relativo a pérdidas económicas, superficie,
duración y volumen de la inundación (Dalgish 1998,
USGCRP 2000). La inundación fue causada por las lluvias primaverales
sin precedentes en la región central del país, una
capa de nieve mayor que lo común, y un alto contenido de
humedad en el suelo, pero los muros de contención y diques
confinaron también al río a su cauce y así
ayudaron a que aumentara la punta de crecida (Dalgish 1998). En
1996, Canadá experimentó la inundación más
destructiva y costosa de su historia en el valle del río
Saguenay en Quebec. Cayeron casi 126 mm de agua en 48 horas, lo
que provocó 10 muertos y cerca de 750 millones de dólares
en daños (EC 1998b, Francis y Hengeveld 1998, EC 2001). En
1997, el río Rojo, que fluye del norte de Estados Unidos
hacia Canadá, tuvo la peor inundación en 150 años
y costó casi 5.000 millones de dólares (IJC 2000).
Las inundaciones pueden tener consecuencias ambientales significativas.
Por ejemplo, la inundación del Misisipi dañó
gran parte de las tierras agrícolas fértiles de la
región central de Estados Unidos y alteró los ecosistemas
naturales de los ríos de la región y sus llanuras
aluviales (Dalgish 1998). Las modificaciones causadas por actividades
humanas en el transcurso del último siglo llevaron a la pérdida
de cerca del 85 por ciento de los humedales de la cuenca fluvial
y a cambios en los hábitat de las aguas y riberas. Los humedales
y lagos temporarios actúan como zonas de almacenamiento del
agua en exceso y su pérdida aumenta la vulnerabilidad de
la cuenca hidrográfica ante las inundaciones (Searchinger
y Tripp 1993).
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De acuerdo con algunos modelos de cambio climático, se pronostica
el aumento de la magnitud, frecuencia y costo de los fenómenos
hidrológicos extremos en algunas regiones de América del
Norte (USGCRP 2000). Los efectos previstos del cambio climático
incluyen los cambios en El Niño. Se cree que El Niño singularmente
intenso de 1997-98 es responsable de las graves inundaciones en Florida,
California, algunos estados de la región central de Estados Unidos
y partes de Nueva Inglaterra (Trenberth 1999). En los lugares donde las
lluvias torrenciales se intensifican y aumentan las inundaciones, existen
mayores posibilidades de que resulten damnificados los asentamientos en
zonas bajas y las instalaciones portuarias y de amarre, y además
de que los problemas con la distribución del agua y los sistemas
de alcantarillado tengan repercusiones en la salud (EC 1999a).
La Comisión Mixta Internacional asiste a ambos gobiernos en la
gestión de las aguas compartidas. En un informe sobre la inundación
de 1997 del río Rojo, se advertía que, dado el inminente
aumento de las inundaciones por causa del cambio climático, debería
elaborarse e implementarse una estrategia integral y binacional (IJC 2000).
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