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Cuando no se puede reducir o eliminar una amenaza, adaptarse a ella puede
ser una respuesta efectiva. La adaptación implica ajustes físicos
o medidas técnicas (como construir rompeolas más altos)
y cambiar formas de comportamiento, actividades económicas y organización
social para ser más compatible con las condiciones o amenazas existentes
o emergentes. Las últimas requieren de una capacidad de adaptación
que incluye la posibilidad de desarrollar nuevas opciones y ponerlas a
disposición de las poblaciones vulnerables. Algunos cambios ambientales,
como el esperado cambio climático por causa del recalentamiento
del planeta, tienen efectos a tan largo plazo que es inevitable algún
grado de cambio ambiental aunque se apliquen con rapidez las medidas necesarias
para controlar la situación. Por esta razón algunas medidas
de adaptación pueden ser esenciales. Los esfuerzos para predecir
los impactos posibles por el cambio climático deben ayudar a determinar
las medidas de adaptación necesarias y la velocidad con la que
las mismas instrumentarse.
Se han hecho varias inversiones en la capacidad de adaptación
a partir de los avances en las alertas tempranas. Varios países
han tratado de cambiar las pautas en las prácticas agrícolas
de modo que los cultivos mejor adaptados a los cambios periódicos
durante su ciclo de crecimiento se puedan plantar en años afectados
por las fluctuaciones climáticas asociadas con los fenómenos
de El Niño y La Niña (véase el recuadro). De este
modo se reduce el riesgo de pérdidas de la cosecha.
| Desaparición de mecanismos de control
tradicionales: los pastores de Kenya |
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Las estrategias de los pastores para el control en casos de sequía
incluyen la emigración hacia zonas con agua y pastizales
disponibles, dejando los campos de pastoreo secos y dividiendo los
ganados para minimizar los riesgos. Antes había menos pastores
y tenían ganados más numerosos que sobrevivían
a las sequías. Durante sequías extremas los animales
pastaban en pantanos no frecuentados, bosques y áreas alejadas
del agua. Sin embargo, los pastores ya no pueden recurrir a estas
soluciones porque las tierras ya no están a su disposición
porque se han vendido o debido a cercos u obstáculos emplazados
por los agricultores, la industria y los habitantes de ciudades.
Otras medidas tradicionales ante casos de sequía, como atrapar
el ganado de los alrededores y matar animales silvestres para obtener
su carne, pueden estar prohibidas o ya no ser adecuadas
En 2000 Kenya sufrió la peor sequía en 40 años.
Sus efectos fueron severos debido a los factores siguientes:
- desaparición de los métodos de control tradicionales;
- mayor presión de la población debido a la urbanización
de las tierras que anteriormente se utilizaban para el pastoreo
en temporadas de sequía;
- un sistema de tenencia de tierras que restringe el acceso a
los recursos esenciales;
- expansión de la sequía a zonas que antes no resultaban
afectadas;
- poca seguridad, especialmente en zonas de tierras áridas
y semiáridas, que restringe el movimiento de animales y
personas;
- preparación insuficiente debido a la falta de acceso
a los pronósticos del tiempo o desconocimiento de éstos;
- escepticismo sobre los sistemas tradicionales de alerta temprana
y los pronósticos del tiempo, y
- falta de una infraestructura eficaz para la comercialización
del ganado.
Fuente: UNEP y Government of Kenya 2000.
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