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Los niveles de riesgo y vulnerabilidad humana cambian con el tiempo.
En una sociedad resistente, con intervenciones apropiadas, la recuperación
y mitigación pueden hacer retroceder la vulnerabilidad a un nivel
anterior (de referencia) o reducirla a un nivel más bajo, aunque
un ritmo de cambio demasiado rápido podría exceder la capacidad
de la sociedad para adaptarse. Los cambios ambientales, que por su naturaleza
son de largo plazo, pueden significar que una potencial vulnerabilidad
futura sea tan importante como una presente. La capacidad de adaptación
puede ser más importante para determinar la vulnerabilidad humana
a largo plazo que la aptitud para controlar las situaciones críticas
presentes.
Al parecer, el grado y alcance de la vulnerabilidad está aumentando
debido a una combinación de factores, como el creciente impacto
de las actividades humanas en el medio ambiente, la reducción en
el funcionamiento eficiente de los ecosistemas, la menor capacidad del
medio ambiente para proporcionar bienes y servicios, la población
creciente y más concentrada en un espacio, así como el mayor
asentamiento humano en zonas de alto riesgo. A medida que aumentan los
efectos de las actividades humanas en el medio ambiente, disminuyen las
opciones de la población. Así, la vulnerabilidad humana
al medio ambiente se incrementa a pesar de muchos casos de capacidad de
control adecuada.
La evaluación contribuye a tomar decisiones con mayor información
acerca de las actividades de preparación, mitigación, alivio
y rehabilitación, pero hay un desfase entre el tiempo necesario
para efectuar dichas evaluaciones y el tiempo óptimo para una respuesta.
Existe una brecha creciente entre el rápido ritmo de la degradación
ambiental y el lento avance de la respuesta social. Esta brecha amenaza
con mermar los activos y opciones del medio ambiente para las generaciones
futuras, además de incrementar los costos de los sustitutos para
los recursos faltantes (Kasperson y otros 1999). Por lo tanto, se le debe
conceder una alta prioridad a la evaluación rápida de la
vulnerabilidad, así como al diseño de respuestas iniciales
de protección, como sistemas de alerta temprana, al tiempo que
se ponen en práctica medidas correctivas a un plazo más
largo. La restauración ambiental, con las posibilidades que ofrece
de reducir la vulnerabilidad, entonces se convertirá en un componente
importante del desarrollo sostenible.
La complejidad de los procesos de cambio hace que resulte altamente especulativa
la medición y evaluación de la vulnerabilidad humana a largo
plazo o ante los futuros cambios ambientales, por lo que resulta difícil
determinar el tipo de inversión más efectiva para afrontar
las amenazas en cuestión. Es necesario tener una idea más
amplia de la interacción entre los factores sociales y físicos
que determinan la vulnerabilidad humana para así poder aumentar
la capacidad de mitigar los posibles impactos dañinos producto
de los cambios ambientales. Se debe estudiar el vínculo entre las
causas y los efectos. Los modelajes de sistemas y análisis de sensibilidad
pueden ayudar a determinar la naturaleza y oportunidad de las mejores
medidas según un criterio de costo-beneficio, para anticiparse
a las amenazas en donde priman la incertidumbre y las relaciones complejas.
El retraso de una respuesta a una amenaza ambiental con frecuencia proviene
de la incertidumbre o falta de conocimiento. Mejorar el proceso evaluatorio
puede ayudar a resolver esta situación aunque en ocasiones, aun
conociendo los riesgos, no se emprenden acciones inmediatas. Sin embargo,
los estudios regionales sugieren que la falta de respuestas se puede atribuir
más que a una apatía o falta de conciencia de parte del
público, a ciertas políticas gubernamentales de corta visión
cuyo único propósito es el crecimiento económico,
combinadas con una falta de voluntad política, la tolerancia del
gobierno ante un daño en zonas marginales y a la población
vulnerable, y una extendida corrupción política (Kasperson
y otros 1999). Todas estas cuestiones constituyen asignaturas pendientes.
En el pasado reciente, las respuestas a la vulnerabilidad humana han
pasado de la atención de problemas únicos mediante medidas
individuales (como el control de inundaciones mediante la construcción
de diques), al desarrollo de una combinación de medidas para fines
múltiples (proyectos de construcción de represas con propósitos
múltiples, sistemas de alerta, seguros, zonificación del
uso de las tierras, gestión integrada de cuencas hídricas).
En la actualidad, estas cuestiones se aprecian en el contexto más
amplio del desarrollo sostenible (Mitchell 2000). Para poder apoyar estas
nuevas maneras de formular políticas los enfoques deben integrarse
aún más con el fin de aumentar la posibilidad de captar
todos los aspectos de la vulnerabilidad humana.
| Marco para la evaluación del riesgo |
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En 1987 la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el
Desarrollo se pronunció por el cumplimiento de los siguientes
puntos:
- identificación de las amenazas principales para la supervivencia,
seguridad o bienestar de todos o la mayoría de las personas,
tanto en el plano mundial como en el regional;
- evaluación de las causas y posibles consecuencias humanas,
económicas y ecológicas de esas amenazas, con informes
regulares y públicos sobre los resultados;
- disposición para buscar asesoría de expertos
sobre lo que debe hacerse para evitar, reducir o adaptarse a esas
amenazas, y
- disposición para buscar fuentes adicionales de consulta
para los gobiernos y organizaciones intergubernamentales, en materia
de políticas y programas para enfrentar esas amenazas.
Desde que se publicó el informe de la Comisión, el
IPCC ha organizado grupos de trabajo sobre vulnerabilidad y se iniciaron
el Sistema de Investigación y Capacitación en Análisis
(START) y el Proyecto sobre Zonas en Situación Ambiental
Crítica. Estos estudios demostraron que la capacidad de control
difiere considerablemente de un país a otro. El IPCC afirma
que la vulnerabilidad y la capacidad de control están inversamente
relacionadas y difieren de una sociedad a otra.
Fuentes: WCED 1987, IPCC 1996.
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En un número cada vez mayor de zonas, el daño ambiental
puede ser ya irreversible, o la restauración y reducción
de la amenaza pueden requerir tanto tiempo que la adaptación debe
acompañar cualquier medida correctiva. Junto con las medidas de
gestión y prevención de desastres a corto plazo, se debe
preparar a la población para adaptarse a dichas situaciones, especialmente
cuando el cambio puede acelerarse en el futuro. La adaptación es
una cuestión vital cuando parecen inevitables los impactos a los
que la población es vulnerable.
La participación de los afectados directos es importante para
responder a la vulnerabilidad humana, con el fin de asegurar la capacidad
de control en situaciones reales y de aumentar las posibilidades de éxito
al involucrar a tantos interesados como sea posible para aplicar mecanismos
de control (IFRC 1999). Son ellos quienes deben examinar y reforzar sus
capacidades para la preparación y aplicación de medidas
correctivas con el fin de aumentar la capacidad de control y poder participar,
después de examinado un suceso, en iniciativas nuevas que puedan
reducir las pérdidas en el futuro. Las comunidades que cuentan
con estrategias eficaces de acciones de mitigación pueden encontrar
formas de ayudar a otras poblaciones en riesgo cuando se enfrenten a amenazas
similares. En todos los casos, la evaluación de las condiciones
de la comunidad ofrecerá a los responsables correspondientes toda
la información relevante que necesitan para tomar decisiones estratégicas
dirigidas a contrarrestar la vulnerabilidad.
Esta perspectiva de la vulnerabilidad humana ha demostrado que la pérdida
continua de las defensas ambientales y el cambio mundial acelerado están
aumentando las amenazas para el bienestar del ser humano, además
de poner en riesgo el desarrollo sostenible. Las evidencias sugieren que
muchas zonas del mundo se encaminan directamente a una crisis y que queda
poco tiempo para crear respuestas eficaces si se pretende estabilizar
la situación en deterioro (Kasperson y otros 1999). Las personas
son cada vez menos las víctimas indefensas de actos de «fuerza
mayor» y cada vez más las víctimas de actos de «fuerzas
humanas». Sin embargo, la creciente comprensión de los procesos
ambientales y una capacidad en aumento para emitir alertas tempranas ayudarán
a detectar las amenazas y los riesgos, y ofrecer las respuestas adecuadas.
Asimismo, en la actualidad hay mejores medios para prevenir y reducir
el daño a las personas y las consecuencias negativas para las economías
y las comunidades. Una mayor inversión ahora en una sólida
gestión ambiental, en la preparación de la comunidad y en
la reducción de la vulnerabilidad se traducirá en importantes
ahorros para el futuro.
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