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Factores como salud, educación, seguridad, identidad y libertad
son aspectos del desarrollo humano a todas luces relacionados con el desarrollo
económico, aunque lo rebasan en gran medida. Las enormes diferencias
en cuanto al acceso a estas importantes necesidades humanas son una característica
del escenario contemporáneo mundial. El empobrecimiento y la desigualdad
son problemas críticos en los países más pobres,
pero existen islas notables aun en las naciones más ricas. Conforme
el mundo se interconecta cada vez más, estas fuerzas afectan a
todos de manera directa o indirecta, a través de la presión
de la inmigración, de la inestabilidad geopolítica, de la
degradación ambiental y de las restricciones a las oportunidades
económicas mundiales.
Las Naciones Unidas, el Banco Mundial, la Organización Internacional
del Trabajo (OIT) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) se trazaron
hace poco metas específicas en materia de desarrollo internacional
respecto de la reducción de la pobreza, la educación primaria
universal, la igualdad de género, la mortalidad infantil, la mortalidad
materna, la salud reproductiva y el medio ambiente. Las condiciones del
éxito son, ante todo, «unas voces más elocuentes que
hablen en favor de los pobres, una estabilidad y un crecimiento económicos
que beneficie a los pobres, unos servicios sociales básicos para
todos, unos mercados abiertos para el comercio y la tecnología
y unos recursos para el desarrollo suficientes y bien utilizados.»
(IMF y otros 2000)
Entre los obstáculos para lograr estas metas están: «Con
unas instituciones de gobierno débiles. Con políticas inadecuadas.
Con violaciones de los derechos humanos. Con conflictos, desastres naturales
y otras perturbaciones externas. Con la difusión del VIH/SIDA.
Con las desigualdades no atendidas en cuanto a ingresos, educación
y acceso a la atención de la salud, así como las desigualdades
entre los hombres y las mujeres.» (IFM y otros 2000).
Tanto «Las políticas primero» como «La sostenibilidad
primero» ponen énfasis en satisfacer las necesidades básicas
y proporcionar los recursos para ello, aun en los casos en que esto dificulte
el crecimiento económico a corto plazo. En «La sostenibilidad
primero», una parte relativamente mayor de la ayuda para satisfacer
necesidades básicas proviene de grupos ajenos al sector público,
como empresas y organizaciones no gubernamentales.
En «Los mercados primero» no se abordan estos asuntos en
la misma medida, toda vez que se da por sentado que el desarrollo económico
conduce de manera natural al mejoramiento social. Además, se han
privatizado gran parte de los servicios tradicionalmente suministrados
por el estado. Estas tendencias son todavía más pronunciadas
en «La seguridad primero», acompañadas de una mayor
desigualdad en cuanto al acceso. Al invertir en el desarrollo de nuevos
fondos, públicos o privados, la seguridad física le quita
precedencia a la asistencia social.
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