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Por lo que respecta a la deuda externa, muchos países en desarrollo
consideran que necesitan y merecen ayuda especial para alcanzar la sostenibilidad.
Las instituciones de crédito clave, como el Banco Mundial y el
FMI, trabajan de manera conjunta con prestatarios para reestructurar y,
en algunos casos, eliminar deudas existentes. Las opciones como los canjes
de deuda por naturaleza o de deuda por mitigación de la pobreza
se exploran como alternativas para manejar las deudas internacionales
en formas que ayuden a alcanzar las metas de sostenibilidad. La ayuda
para el desarrollo se ve cada vez más como un asunto de seguridad
nacional e internacional, que impulsa a las naciones a incrementar gradualmente
las contribuciones a los niveles previstos como objetivo en el siglo anterior,
pero rara vez alcanzados.
Cada vez más, los organismos regionales e internacionales adoptan
un papel más directo en la solución de conflictos entre
naciones y en el interior de las mismas. Una de las lecciones aprendidas
de las actividades terroristas periódicas y de las respuestas a
las mismas es que una mayor cooperación entre las naciones, aunque
entrañe sacrificar algunos elementos de soberanía, puede
redituar beneficios en el campo de la seguridad nacional.
Los esfuerzos internacionales y regionales sirven para proporcionar apoyo
económico y político para los cambios normativos necesarios
en los ámbitos nacional y subnacional. Se establecen marcos normativos
ambientales y sociales amplios. Donde es necesario, las acciones internacionales,
como el insistir en el cumplimiento de los tratados y limitar la ayuda
y los flujos de capital, ayudan a ejercer presión sobre los gobiernos
que demoran la introducción de reformas. Sin embargo, es más
frecuente que las naciones se anticipen a tomar medidas a nivel interno.
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