Discurso sobre la Financiación del Clima de Achim Steiner, Director Ejecutivo del PNUMA en el Consejo de Ministros del Medio Ambiente, Luxemburgo Wed, Jul 22, 2015

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Excelencias, colegas, señoras y señores,

Me siento honrado por la invitación de la Presidencia de Luxemburgo de la UE de intervenir, tan sólo cuatro meses antes de que el mundo esté pendiente de París por un nuevo acuerdo sobre el clima, en la reunión informal de Ministros de Medio Ambiente de la Unión Europea en la que estaréis perfilando la respuesta de la UE a una cuestión muy importante de nuestro tiempo que ha sido denominada por el Secretario General de las Naciones Unidas como el desafío climático. Y mientras que Luxemburgo es conocida como el "Corazón Verde de Europa", observamos en Europa y en el mundo que ningún sitio está libre de los efectos del cambio climático.

Las destructivas inundaciones que hemos visto a lo ancho del continente en los últimos cinco años, desde Rumania a Bulgaria, hasta el Reino Unido e Irlanda - pasando por los Balcanes y Europa Central - han matado a centenares y costado miles de millones en daños. En el otro extremo, las infatigables olas de calor que han venido para dominar los veranos con las tasas de mortalidad que conllevan.

El cambio climático es un fenómeno de cambio medio ambiental sin precedentes con dramáticas consecuencias sociales y amplias implicaciones económicas.

¿Cuál es su solución? En su núcleo principal, se trata de aceptar el desafío de transformar nuestras economías en inversión y financiación verde.

Las vías convencionales de uso intensivo de carbono en las economías y mercados para infraestructura e inversión causan estragos en el clima. Nuestro desafío es redirigir esas inversiones de los tradicionales mercados a infraestructuras verdes, tecnología verde y financiación verde. La transición económica hacia la compatibilidad climática requiere un despliegue de las inversiones mundiales nunca antes visto. El cambio climático es un desafío para la inversión y financiación sin precedentes.

Para mitigar el cambio climático, y "des-carbonizar" las economías del mundo - como el G7 se ha comprometido a hacer - es necesario recanalizar la financiación de más de 1 billón de dólares al año hasta 2050 para ecologizar los dos sectores que más gases con efecto invernadero emiten: el energético y el agrícola.

Sin embargo, aun si somos capaces de estabilizar las emisiones a un nivel coherente con los objetivos de la UNFCCC, continuaremos sintiendo los efectos del cambio climático en las próximas décadas.

Los países deben ser capaces de adaptarse contra estos efectos. De acuerdo con el primer Informe de Adaptación del PNUMA, la inversión mundial necesaria para adaptarse al cambio climático oscila entre los 150 y 500 mil millones de dólares hasta 2050.

Estos cifras son, sobra decirlo, de enormes proporciones.

En COP 21 en París, los países se reunirán para finalizar un nuevo acuerdo mundial sobre el cambio climático. Estas discusiones ahondarán en aspectos clave de la transformación de la financiación mundial.

¿Qué cantidad es necesaria para lograr sistemas energéticos de bajo carbono y resiliencia climática? ¿Quiénes son los actores principales? ¿Cuál es el papel de lo público frente a la inversión privada?

En estas importantes cuestiones, el PNUMA, a través del PNUMA Inquiry y la Iniciativa Financiera del PNUMA, ha comenzado a ofrecer respuestas.

Más acerca de estas iniciativas y su papel en un momento.

Pero primero hablemos de la pregunta de la inversión pública frente a la inversión privada.

El "frente a" es engañoso. La inversión pública y privada no se oponen.

De hecho, se necesita un enfoque exhaustivo para financiar la transición a la economía de bajo carbono.

La financiación pública es crucial pero sólo puede proporcionar una parte del capital necesario.

A nivel nacional e internacional, la financiación precisa ser movilizada de fuentes del sector privado.

Movilizar grandes cantidades de financiación privada requiere acción pública audaz. Esto suele significar regulaciones positivas o cambios legislativos. Pero la inversión del sector público en economías de bajo carbono también es necesaria.

Tenemos que pensar en la financiación pública como la fuerza auxiliar que pone en marcha el motor de la financiación privada. Un Unidad de Potencia Auxiliar no puede poner en marcha el avión por sí solo. Pero del mismo modo los motores del avión no pueden funcionar sin éste.

Perdonen la analogía con el carbono.

Un Unidad de Potencia Auxiliar siempre tendrá energía limitada. Pero una Unidad de Potencia Auxiliar más fuerte hará que el motor funcione más rápido.

Las cifras dejan claro el caso para hacer que los motores empiecen a funcionar cuanto antes.

Según la Agencia Internacional de Energía, una suma adicional de 1,1 billones de dólares al año en inversiones de bajo carbono es necesaria entre 2011 y 2050. En 2013, la inversión mundial de fondos públicos ( incluyendo el desarrollo de instituciones de financiación) alcanzó los 137 mil millones de dólares. La inversión privada supuso el 193 mil millones de dólares.

El déficit se agrava si tenemos en cuenta a dónde se dirige el dinero.

Nos gusta decir que vivimos en un mercado globalizado. Pero el 75% de los flujos de la financiación climática se invirtieron a nivel doméstico. Los actores privados tienen un fuerte enfoque doméstico. El 90% de esos 193 mil millones de dólares está siendo invertidos en el país de origen.

Sin embargo , se necesita una fracción importante de financiación pública y privada para la inversión compatible con el clima en los países en desarrollo.

A pesar de los esfuerzos de los gobiernos de incrementar estos volúmenes de financiación, el ritmo es lento y la brecha continúa siendo grande. Sirva como ejemplo los compromisos para el Fondo del Clima Verde. Tan sólo se han comprometido 10 mil millones de dólares hasta la fecha.

Además de acabar con la brecha, hay una lógica simple y clara que señala la importancia de la financiación privada del clima.

Acabar con el cambio climático requiere una transformación económica. Nuestros motores financieros están agotados y necesitan una revisión. Requieren un cambio en las prácticas comunes de negocios en el sector privado. Esta reforma dependerá por su naturaleza de la inversión privada.

Cuando los gobiernos consideren sus estrategias financieras para el desarrollo sostenible, bajas en carbono, y resilientes al clima, sus reguladores y políticos deberán enfatizar la importancia de movilizar financiación privada para estos efectos.

Además, como muchos gobiernos están sufriendo escaseces presupuestarias, si solo tienen en cuenta sus partidas públicas, el avión nunca despegará del suelo.

Un buen ejemplo de estímulo viene de China, donde la inversión anual en la industria verde podría alcanzar los 320 mil millones de dólares en los próximos cinco años. Sin embargo, la financiación pública proporcionará probablemente no más del 10 al 15% del total.

Los gobiernos con visión de futuro anticipan el contexto futuro y realizan políticas teniendo en cuenta la prosperidad a largo plazo. Y los negocios privados exitosos anticipan y se adaptan a los mercados cambiantes. Por eso, en algunos sectores, hemos visto que la transición hacia una economía resiliente y baja en carbono ya está en camino.

En los últimos años hemos visto un movimiento mundial creciente y prometedor de movilización de financiación pública y privada para el clima.

Mientras que las recientes tendencias están creciendo y hay razones para un cauto optimismo, hemos visto que es necesario mucho más.

Lamentablemente, el sistema financiero está basado en un sistema de reglas e incentivos que llevan al corto plazo y a la mala asignación del capital hacia el alto riesgo, las inversiones insostenibles.

No solemos mirar a largo plazo.

Volamos directamente a tormentas sin pensar si habrá sol en el otro lado.

Los esfuerzos para conseguir los flujos de financiación de gobiernos necesitarán abordar las razones profundas del déficit de financiación para el clima con el fin de catalizar la inversión privada necesaria.

En Kenia, la variabilidad del clima está costando 2,4 por ciento del PIB al año.

Las inversiones que agotan los recursos naturales y hacen un uso intensivo de carbono continúan creciendo. Esto es una advertencia de que el valor de las inversiones disminuirá con el tiempo: La tecnología cambiará. La política cambiará. Las elecciones de los consumidores cambiarán. Y esas inversiones quedarán atrás.

Las inversiones verdes pueden generar beneficios financieros positivos, también a largo plazo también. Pero están en desventaja. La estructura actual continúa incentivando las inversiones habituales a corto plazo.

Las instituciones financieras líderes entienden cada vez más esto. Están reconociendo la importancia de responder al cambio climático, al estrés de los recursos y a una degradación medio ambiental cada vez mayor.

Citibank y el Banco de América Merrill Lynch han hecho notables compromisos para canalizar docenas de miles de millones de dólares en inversiones relacionadas con el clima.

Se están dando cuenta de que las actuales "reglas del juego" financiero quizá no sean las más adecuadas para la transición que viene.

Por eso, hay una necesidad de diseñar políticas prácticas y marcos de trabajo regulatorios para depositar capitales en inversiones verdes.

Y para tener un nuevo acuerdo del clima para trabajar en París es esencial que tengamos un sistema financiero en su sitio para dirigir lo que será una inversión verde que está surgiendo. Eso es un sistema que puede localizar capital eficientemente en inversiones buenas para el clima y lejos de las que son contaminantes e ineficientes.

Señoras y señores, anteriormente mencioné que el acuerdo del clima de Paris arroja importantes cuestiones que deben ser discutidas en diciembre. ¿Qué cantidad será necesaria para lograra sistemas energéticos bajos en carbono y resilientes al clima? ¿Cuáles son los actores clave? ¿Cuál es el papel de la inversión pública frente a la privada?

También mencioné que el PNUMA está generando las respuestas a estas cuestiones.

Más específicamente, el PNUMA Inquiry y la Iniciativa Financiera del PNUMA.

¿Cuáles son estas iniciativas?

Pocos están al tanto de que el PNUMA tiene una de las alianzas más destacables de las Naciones Unidas con el mundo financiero.

En 1992, la Iniciativa Financiera del PNUMA fue fundada como una alianza global entre el PNUMA y el sector financiero. Más de 200 instituciones, incluyendo bancos, aseguradoras y gestoras de fondos trabajan con el PNUMA para entender los impactos de las consideraciones medio ambientales y sociales del desempeño financiero.

Y a pesar de ser joven, el Inquiry del PNUMA no ha sido menos efectivo en el ámbito financiero y medio ambiental.

Inquiry fue lanzada a principios de 2014 para explorar opciones políticas que coordinen mejor el sistema financiero con el desarrollo sostenible.

En su núcleo, identifica y recomienda una reforma financiera de los mercados que mejoraría la efectividad para canalizar la inversión verde.

Inquiry está ahí para ayudar a los estados a poner en marcha reglas y normas que pongan el desarrollo sostenible en el centro de la toma de decisiones.

He hablado sobre la cuestión de la financiación pública frente la privada. He hablado sobre cómo los gobiernos y las empresas son actores claves en dirigir financiación limpia, inversiones verdes. He tomado nota y espero que ustedes también, de la enorme brecha de billones de dólares que deben llenarse con inversión privada.

Mucho de este conocimiento ha venido gracias a la investigación de Inquiry y la Iniciativa Financiera del PNUMA.

Pero nosotros en el PNUMA hemos investigado más allá del quién o de qué. Hemos estado mirando a una cuestión todavía más importante: ¿Cómo?

A través del trabajo del PNUMA con Inquiry y la Iniciativa Financiera, estamos ayudando a proporcionar respuestas a dos preguntas importantes:

¿Cuáles son a nivel nacional, los enfoques políticos y reguladores más adecuados para movilizar la financiación privada para la mitigación y adaptación al cambio climático?

Y:

¿Cómo puede la financiación internacional pública usarse del mejor modo para lograr la mejor mitigación posible y adaptación al impacto en los países en desarrollo?

En respuesta a la primera pregunta, Inquiry reclama una acción regulatoria más fuerte.

Los gobiernos pueden conducir la demanda de financiación verde con enfoques como los precios del carbono e incentivos para las energías limpias.

Un sistema financiero sostenible debe también integrar la seguridad climática como parte del desempeño del marco de trabajo.

Una serie de herramientas políticas pueden movilizar el capital.

La Autoridad Regulatoria Prudencial del Banco de Inglaterra está llevando a cabo una revisión de las implicaciones climáticas del sector de las aseguradoras. Esto es un ejemplo de una política para mejorar la gestión de riesgos e impulsar enfoques prudentes en bancos, compañías aseguradoras e inversiones institucionales.

Las fuerzas del mercado por sí mismas han mostrado ser insuficientes para dar la necesaria importancia, profundidad y consistencia al impacto climático. La mejora de las estructuras de información de factores de sostenibilidad y cambio climático pueden ayudar a garantizar la rendición de cuentas.

Pero una llamada de las Naciones Unidas para mejorar la inversión verde en el clima puede no ser suficientemente fuerte. Podemos querer que el avión vuele alto, pero debemos esperar a los inversores.

Los inversores, por su parte, quieren los motores funcionando.

Inversores como los 365 firmantes de la Declaración Mundial de Inversión en Cambio Climático.

Juntos estos inversores gestionan 23 billones de dólares de activos.

Y están pidiendo a sus gobiernos que incentiven las inversiones beneficiosas para el clima y eficientes en el uso de energía.

Su declaración también ofrece propuestas sobre cómo puede catalizarse la inversión verde: Liderazgo político más fuerte y políticas más ambiciosas. Un precio del carbono estable y económicamente significativo. Planes para acabar con los combustibles fósiles. Tan sólo por citar algunos ejemplos.

Pero en el espíritu de mi papel , tal vez la unidad resulte más convincente :

El PNUMA apoya la Coalición de Des-carbonización que los inversores del mundo están usando para impulsar el motor, lo que reduce la intensidad de carbono de su cartera.

Al final del día, la política puede ayudar a las inversiones. Pero la financiación pública también es necesaria.

Así que, ¿cómo podemos obtener la mayor inversión en mitigación y adaptación por cada dólar o euro disponible de financiación pública?

Ya que la mitigación y adaptación deben suceder a nivel mundial, la solución debe ser internacional.

La cooperación es clave.

Tenemos las negociaciones formales bajo el Marco de Trabajo de las Naciones Unidas sobre la Convención del Cambio Climático.

Pero las discusiones también están en camino sobre cómo reflejar los factores climáticos en la arquitectura financiera mundial, reconociendo que muchos actores no estatales como ciudades y empresas también tienen acceso a recursos alternativos de financiación.

Otras oportunidades incluyen el potencial para la investigación en colaboración con bancos centrales. El Banco Central de Bangladesh, por ejemplo, está dirigiendo sus operaciones monetarias a la economía verde y puede ofrecer lecciones para todos aquellos que quieran aprender.

Puede que Luxemburgo sea el Corazón Verde de Europa. Pero fuera, esos paisajes pintados rodean los otros órganos vitales del país. Es la industria financiera que proporciona el elemento vital de la economía aquí. Eso hace que sea el lugar más apropiado para reflexionar sobre cómo obtener financiación que fluye a las inversiones verdes, sostenibles y de bajo carbono. Espero con interés escuchar sus pensamientos.

 
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