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Bajarse de la montaña rusa 

Qi Ye
Profesor de Política Ambiental y Director de la Iniciativa sobre Política Climática de la Universidad Tsinghua, de Beijing

El 11º plan quinquenal de China, que abarca el período 2006–2010, fue histórico por las medidas que contemplaba respecto del cambio climático, con las que se revirtió efectivamente el rápido aumento de la intensidad energética, medida en función del uso de energía por unidad del PIB. En cinco años, se redujo esa intensidad energética más del 19% y así se pudo evitar la emisión de 1.550 millones de toneladas de dióxido de carbono, cifra que es cinco veces superior a la cantidad de emisiones que la Unión Europea se había comprometido a reducir en el marco del Protocolo de Kyoto. No obstante, ese logro histórico se ve eclipsado por otros dos cambios simultáneos. Por primera vez en la historia reciente, China pasó a ser el principal emisor de carbono del mundo y, poco después, el mayor consumidor de energía, superando así a los Estados Unidos. Las emisiones de carbono del país relacionadas con la energía crecieron un tercio en cinco años. Nos aguardan retos abrumadores y cada vez más grandes. 

Durante el período comprendido en el 11º plan quinquenal, las industrias de gran intensidad energética siguieron creciendo con la misma rapidez con que lo habían hecho durante el período del plan quinquenal anterior, por lo que las perspectivas de cumplir las metas nacionales de ahorro de energía no son muy alentadoras. Poniendo en práctica reglamentaciones severas, junto con una escala sin precedentes de inversión y aplicación estricta, se logró una reducción acumulativa del 12,5% en la intensidad energética entre 2007 y 2009. No obstante, el paquete de estímulo puesto en práctica ante la crisis económica mundial promovió la inversión en infraestructura y generó un rápido repunte de las industrias de gran intensidad energética. Las medidas orientadas al ahorro de energía disminuyeron en la primera mitad de 2010 y la intensidad energética empezó a aumentar de nuevo. 

El legado del estímulo económico se arrastró al período comprendido en el 12º plan quinquenal. El gobierno local sigue empeñado en alcanzar el desarrollo económico. Por consiguiente, la tasa de crecimiento del PIB llegó al 9,6% en la primera mitad de 2011, y no sorprende que la intensidad energética no se haya reducido lo suficiente. Esto plantea un reto enorme para China si el país pretende cumplir sus metas de bajas emisiones de carbono en los próximos cuatro años. El hecho de que la intensidad energética haya vuelto a sufrir altibajos, como en una montaña rusa, implica que en China el desarrollo con bajas emisiones de carbono no tiene una base muy sólida. 

No obstante, el logro de un desarrollo con bajas emisiones de carbono en el período que comprende el 11º plan quinquenal merece gran reconocimiento por haber detenido con eficacia, y revertido drásticamente, el rápido aumento de la intensidad energética. También hubo mejoras tangibles en el progreso tecnológico y se redujo visiblemente la participación de productos e industrias de gran intensidad energética en la economía, con lo que se eliminó la capacidad de producción ineficiente. Se ha establecido, y está mejorando, un sistema de políticas e instituciones para el desarrollo con bajas emisiones de carbono. 

El rápido crecimiento de la industria de las energías alternativas también fue muestra de los logros de China durante el período en lo que respecta al desarrollo con bajas emisiones de carbono. Tras un aumento súbito de la capacidad instalada, la fabricación de equipos eólicos y solares ha mejorado mucho en cuanto a la tecnología, la capacidad de producción y la exportación. La inversión en tecnologías energéticas alternativas, su crecimiento y su construcción in situ han sido admirables. Cabe señalar que en el proceso de fabricación en sí a veces se emplean combustibles fósiles, pero la utilización de equipos que funcionan con energías alternativas tiene un enorme potencial de reducir las emisiones de carbono. 

La exportación y la urbanización son dos factores indirectos clave que aumentan las emisiones de carbono y el consumo de energía de China. Si bien su crecimiento se ha desacelerado en los últimos años, las exportaciones siguen siendo elevadas para el período comprendido en el 12º plan quinquenal. Este año, la población urbana de China superará a la población rural por primera vez en la historia. Con la urbanización formal de la sociedad, los hábitos de consumo de los ciudadanos experimentarán un cambio drástico. El sistema económico debe proporcionar más artículos de primera necesidad a la población recién urbanizada, que ahora vive según los parámetros urbanos. Teniendo en cuenta que un residente de una zona urbana consume, en general, tres veces más energía que un residente de una zona rural, la urbanización provocará un aumento enorme del consumo de energía y las emisiones de carbono, y las consecuencias de ese aumento se harán sentir durante décadas. 

El período comprendido en el 11º plan quinquenal es una referencia importante para observar los retos que enfrenta China en cuanto al desarrollo con bajas emisiones de carbono. A pesar de que el país tiene un nivel relativamente bajo de emisiones per cápita, y un nivel incluso menor de emisiones acumulativas, el hecho de que se haya convertido en el principal emisor de carbono a nivel mundial lo convierte en el centro de atención de todo el mundo, y eso acarrea una presión enorme. Durante el período comprendido en el 11º plan quinquenal, China sufrió una presión internacional sin precedentes, que ahora ha aumentado más que nunca. Esa presión volverá a incrementarse en los próximos cinco años, cuando se amplíe aún más la disparidad entre China y los Estados Unidos, país que ocupa ahora el segundo lugar entre los mayores consumidores de energía y emisores de carbono de todo el mundo. Lo malo es el tamaño.

¿Qué va a pasar ahora? Los buenos resultados que obtuvo China en el 11º plan quinquenal demostraron su compromiso y resolución para hacer frente a los problemas que plantea el cambio climático, así como la eficacia de sus políticas, pese a la falta de eficiencia en algunas ocasiones. Contrarrestar el cambio climático no es solamente una obligación internacional, sino un imperativo y una exigencia nacionales, dadas las preocupaciones por la seguridad energética, la calidad del medio ambiente y la sostenibilidad económica. Los desafíos que enfrenta China solo se corresponden con la voluntad de actuar de su gobierno y su pueblo. 

A pesar del tamaño de la economía, China se ve limitada por su capacidad tecnológica y de recursos humanos, como la mayoría de los países en desarrollo. No obstante, los logros alcanzados con el 11º plan quinquenal demostraron al mundo que los gobiernos pueden y deben actuar para proporcionar bienes públicos de importancia estratégica. Los encargados de formular políticas de las distintas naciones deben ser valientes y estar dispuestos a asumir un liderazgo visionario, con un sentido de misión y elevadas normas éticas, características que, desgraciadamente, tienden a ser eclipsadas por los intereses locales y miopes en las negociaciones internacionales. 

Los problemas de China son los del mundo, tal como ocurre con los problemas financieros de Occidente. Ahora que vivimos en un mundo globalizado, hagamos frente a esos problemas, extendamos una mano solidaria y abstengámonos de acusar a nadie. 

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