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Una oportunidad sin precedentes 

Prof. Veerabhadran Ramanathan
Profesor Distinguido de Ciencias de la Atmósfera y el Clima de la Institución Scripps de Oceanografía y la Universidad de California en San Diego

Dr Nithya Ramanathan
Asociado del Centre of Embedded Networked Sensing de la Universidad de California en Los Angeles y Presidente de Nexleaf Analytics

Es posible avanzar rápida y perceptiblemente en la tarea de ralentizar el calentamiento atmosférico si, habida cuenta de los resultados recientes, los líderes del mundo y los encargados de formular políticas tienen la voluntad de replantearse y ampliar su estrategia. Resulta que el calentamiento atmosférico es causado por dos tipos diferentes de contaminantes. El primero lo integran los gases de larga duración, que hemos conocido durante decenios y que permanecen en la atmósfera durante un siglo o más, entre los más conocidos figura el dióxido de carbono (CO2) liberado por la combustión de los combustibles fósiles. La mayoría de las políticas relativas al clima se han centrado en el CO2, pero se necesitarán decenios y millones de millones de dólares para reducir las emisiones apreciablemente. El mundo no puede permitirse perder esos decenios. El planeta ya se ha calentado en más de 0,8°C y los síntomas resultantes ya se perciben en la elevación de los niveles marinos, el derretimiento de los glaciares de montaña, en los Himalayas y los Alpes entre otros, el retroceso en gran escala del hielo del mar Ártico y la penetración del calentamiento de las aguas oceánicas hasta una profundidad de 1.000 metros o más, así como condiciones climáticas extremas como sequías, inundaciones y olas de calor. Peor aún, los humanos ya han vertido suficientes gases de efecto invernadero (casi 1.000 millones de toneladas solo en el caso del CO2) en la atmósfera para calentar el planeta en más de 20ºC. En consecuencia, si reemplazáramos la mitad de todo el combustible fósil con fuentes energéticas renovables, el calentamiento continuará aumentando durante decenios, debido a que las moléculas de CO2 perduran por un decenio tras ser liberadas. 

Afortunadamente, el mundo puede salir de este aparentemente desesperanzadoaprieto ampliando su atención prioritaria hacia el segundo tipo de contaminantes. Más de la mitad del calentamiento atmosférico total se debe a la liberación de cuatro de esos contaminantes: partículas oscuras de hollín denominadas carbono negro; y los gases metano, el ozono de la atmósfera baja, y los halocarbonos (CFC, HCFC y HFC). Estos contaminantes (salvo los CFC, que ya están prohibidos, y unos cuantos halocarbonos) permanecen en la atmósfera desde solo algunas semanas hasta varios decenios, y por ello se les denomina factores de corta duración que afectan el clima. La disminución de esos niveles de contaminantes de corta duración que calientan la atmósfera, lo cual es factible con las tecnologías actuales –como lo ha demostrado recientemente el Informe sobre el Carbono Negro y el Ozono publicado por el PNUMA– disminuiría rápidamente su efecto de calentamiento y daría al mundo de dos a cuatro decenios para que los efectos de las reducciones de CO2 obraran plenamente. Por ejemplo, si eliminásemos ahora las emisiones de carbono negro producidas por los vehículos diésel, su efecto de calentamiento desaparecería entre unas semanas y un mes. Pero el costo de esas reducciones, si bien no es insignificante, no paralizaría a las economías. Por ejemplo, entre 1989 y 2007 California logró reducir satisfactoriamente en un 50% sus emisiones de carbono negro. 

El carbono negro y el ozono, dos potentes factores de corta duración que afectan al clima, también son grandes objetivos para los países en desarrollo porque tienen otras consecuencias conocidas aparte de su potencial de calentamiento. La inhalación en interiores de humo (que contiene carbono negro y precursores del ozono) procedente de fogones que en todo el mundo se utilizan para cocinar y calefacción –según informa la Organización Mundial de la Salud– genera más de 1,5 millones de muertes al año. La exposición de las plantas a niveles elevados de ozono produce anualmente daños a millones de toneladas de cosechas. Asimismo, el carbono negro y el ozono presentes en la atmósfera producen efectos climáticos a nivel regional, entre los cuales figuran la fusión de los glaciares de los Himalayas y la disminución de las lluvias monzónicas, conforme la Academia Pontificia de Ciencias lo ha reconocido en un informe publicado recientemente . 

El mundo tiene la oportunidad sin precedentes de mitigar algunos de losdesastrosos efectos que el carbono negro y el ozono producen en el clima, la agricultura, el agua y la salud mediante una sencilla acción: reemplazar los fogones tradicionales por tecnologías de cocción no contaminantes y de bajo consumo energético. Esa labor ya ha comenzado mediante iniciativas internacionales como Global Alliance for Cook Stoves (Alianza Mundial para los Fogones), pero aún quedan problemas por resolver. Las numerosas iniciativas que se han llevado a cabo en todo el mundo han demostrado repetidamente que la amplia adopción catalítica de esas tecnologías de cocción no contaminantes requerirá soluciones innovadoras y asequibles. 

Aquí es donde entra en acción el Proyecto Surya, cuyo objeto son los fogones para cocinar, y que cuenta con reconocimiento internacional y el patrocinio del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Su meta es demostrar científicamente los beneficios para el medio ambiente y la salud resultantes de la adopción de tecnologías de cocción no contaminantes –y, a la postre, proporcionar una rigurosa base de información para la adopción de medidas en gran escala. Su objetivo es distribuir tecnologías de cocción mejoradas en una región contigua con una población de aproximadamente 50.000 habitantes, para de esa manera crear un “agujero de carbono negro” en la otramente omnipresente nube de contaminación que se medirá a través del espacio y el tiempo para cuantificar las repercusiones multisectoriales de las mejores tecnologías de cocción. El Proyecto Surya utilizará teléfonos móviles, torres de instrumentos y satélites, y habilitará a los jóvenes lugareños con expertos de categoría mundial especializados en documentar las repercusiones.

En 2010 se completó satisfactoriamente una fase piloto en un poblado de una de las regiones más pobres y contaminadas de la llanura indogangética. Ya ha logrado algunos resultados ambiciosos y mensurables entre los que figuran: la documentación de la conexión que existe entre la contaminación del aire en interiores generada por la cocción y los niveles de contaminación ambiental exterior; la determinación de tecnologías de cocción mejoradas que disminuyen apreciablemente la contaminación; la distribución de fogones para cocinar mejorados en la totalidad de los aproximadamente 500 núcleos familiares en el poblado piloto, y la corroboración de que podremos medir las repercusiones de una intervención a una escala mayor. Se ha iniciado otro ensayo piloto paralelo en Nairobi (Kenya). 

Los datos que hemos obtenido recientemente también han demostrado que las concentraciones de carbono negro medidas son de tres a cinco veces más altas que las concentraciones simuladas por los modelos climáticos, lo cual redobla la urgencia que reviste la adopción de medidas para hacer frente a esos y otros factores de corta duración que afectan al clima. Afortunadamente, existe una gran experiencia satisfactoria que se puede aprovechar. No fue sino hasta 1975 que se descubrió el enorme efecto invernadero del CFC-11 y el CFC-12. Los CFC fueron sometidos a reglamentación con arreglo al Protocolo de Montreal de 1987 debido a sus efectos negativos en el ozono estratosférico; pero si ello no hubiera sucedido habrían agregado energía térmica suficiente para calentar el planeta en aproximadamente 10ºC ó más. 

China y la India tienen un interés común en disminuir el carbono negro y el ozono que están derritiendo sus glaciares comunes, matando a millones de personas y destruyendo millones de toneladas de cosechas –y los Estados Unidos y Europa comparten intereses comunes en el Ártico donde el carbono negro y otros contaminantes de corta duración causan casi la mitad de la fusión de los hielos. Modestas medidas que contrarresten esos factores de corta duración que afectan al clima, con respuestas rápidas y mensurables, constituyen la mejor manera de reactivar las estancadas medidas de mitigación de los efectos del cambio climático. 

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