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Prof. Wangari Maathai (1940 - 2011)


By Amina Mohamed

Directora Executiva Adjunta del PNUMA

Wangari Maathai –fallecida en septiembre, a los 71 años– fue una mujer, una hermana y una ambientalista excepcional, además de una gran africana. Si se puede decir que una vida fue pionera, esa fue la suya. Fue la primera mujer en África Oriental y Central en obtener un doctorado y en fomentar por primera vez la plantación de árboles para mejorar las perspectivas de vida de los pobres y se convirtió en la primera ambientalista y africana en recibir el Premio Nobel de la Paz. Sin embargo, su corazón siempre se mantuvo cerca del lugar y la gente de su tierra natal y ella nunca dejó de ser una gran escucha, una excelente maestra, una sabia consejera y una leal amiga. 

Nació el 1 de abril de 1940 en Nyeri, en la provincia central de Kenya, en una familia de agricultores y se crió, como lo dijo una vez, “cerca de mi madre, en el campo, donde podía observar la naturaleza”. Sus padres leenseñaron a “respetar la tierra y sus riquezas” en una zona tan verde que en el idioma local no había ninguna palabra para nombrar el desierto. Recuerda que cuando sacaba agua de un manantial le fascinaba “el modo en que el agua limpia y fresca se abría paso tan suavemente por el suelo blando, rojo y arcilloso que ni siquiera hacía mover los granitos de tierra”..

Pero talaron los árboles para dar lugar a las plantaciones de té y el manantial se secó y ella siguió diciendo: “Siento la tragedia bajo mis pisadas. Los surcos me miran; me cuentan la historia de la erosión del suelo, hasta entonces desconocida. En los rostros de la gente se ve el hambre”. Fue una experiencia que la llevó a dedicar su vida a restaurar la tierra y los medios de subsistencia en todo el mundo. 

Gracias a la persuasión de su hermano mayor, sus padres la mandaron a la escuela, donde se destacó como alumna. Luego ganó una beca para estudiar en la Universidad de Pittsburgh y más tarde obtuvo su doctorado en la Universidad de Nairobi donde, hacia 1977, pasó a ocupar la presidencia del Departamento de Anatomía Veterinaria.

Ese mismo año, Wangari fundó el Movimiento del Cinturón Verde, con el que se alentaba a las mujeres de las zonas rurales de Kenya a plantar árboles pagándoles una pequeña suma por cada árbol que sobrevivía. “Me di cuenta – explica – que algunos de los problemas de los que hablaban las mujeres tenían que ver con la tierra. Si plantas árboles, les das leña. Si plantas árboles, les das comida”. 

Dejó la enseñanza y se dedicó enteramente a esa labor. A lo largo de décadas gracias a su movimiento se plantaron más de 30 millones de árboles en África y se ayudó a casi 900.000 mujeres a poner viveros y ocuparse de ellos. En 2006 fue la inspiradora y luego copatrocinadora de la campaña de los mil millones de árboles del PNUMA, con la que hasta ahora se han plantado 12 mil millones de árboles en el mundo entero. 

Y este fue solo uno de los aspectos de su militancia. También fue defensora de los derechos de los oprimidos, especialmente las mujeres, del bienestar de las niñas y del fomento del espacio democrático. “Empecé plantando árboles y en un momento me encontré luchando en primera línea por el restablecimiento de la democracia en el país” –dijo una vez–, contribución elogiada en un tributo del Presidente Mwai Kibaki. En sus años de lucha pudo refugiarse en el PNUMA cuando necesitó seguridad y sosiego. 

En 2003, y por un breve período, fue Viceministra de Medio Ambiente y al año siguiente recibió el Premio Nobel de la Paz por “encabezar la lucha para promover un desarrollo social, económico y cultural ecológicamente viable en Kenya y en África”. 

Siguió en esta lucha hasta el fin de sus días. ¿Qué la motivaba? “Realmente no sé por qué me intereso tanto”, era su respuesta. “Algo dentro mío me dice que hay un problema y que tengo que hacer algo al respecto”. 

 

 

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