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Retomar la senda

 

DAVID CAMERON
Primer Ministro del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte

La cumbre del año pasado en Copenhague fue un revés para todos a quienes nos preocupan los efectos del cambio climático. Sin embargo, no debe constituirse en una excusa para abandonar los esfuerzos por alcanzar un acuerdo mundial. El cambio climático es un problema de nivel mundial y, lo queramos o no, nos afecta a todos. No podemos protegernos a menos que también estemos dispuestos a proteger a los demás.

La razón por la cual la cumbre de Copenhague no cumplió las elevadas expectativas fue la falta de voluntad política para que todos los países adoptaran las medidas necesarias e hicieran las concesiones requeridas. La responsabilidad recae en todos nosotros, los dirigentes políticos tanto de los países desarrollados como de los países en desarrollo. Sin el compromiso y las acciones de todos los interesados nunca alcanzaremos el progreso que buscamos.

La evolución de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático demuestra el papel singular que pueden desempeñar las Naciones Unidas, en particular mediante su poder de convocatoria. En un ámbito en que no existe la gobernanza mundial, las Naciones Unidas han despertado la conciencia internacional y han trabajado durante muchos años para reunir a los países a fin de que procuraran resolver el problema. No obstante, en Cancún debemos mostrar que la Convención Marco es el medio para retomar la senda hacia un acuerdo mundial. En otras palabras, debemos reconstruir la confianza y encontrar la forma de incorporar a los que no tienen voluntad y no excluirlos.

En mi opinión, podemos hacer tres cosas para aumentar la probabilidad de progresar.

Primero, debemos argumentar en favor de adoptar medidas respecto del cambio climático en todas las ocasiones posibles. En su calidad de Ministro de Relaciones Exteriores, el Sr. William Hague dijo en un discurso reciente ante las Naciones Unidas que también debíamos utilizar el poder de la diplomacia para poner el cambio climático en el centro de la política exterior. Debemos convertirnos en promotores firmes del crecimiento verde y de las enormes oportunidades que ofrece un mercado de bajo consumo de carbono cuyo valor ya asciende a los 3,4 billones de libras esterlinas y que, según las proyecciones, crecerá cerca de un 4% anual en los próximos cinco años.

Al mismo tiempo debemos explicar a la población la forma en que el cambio climático probablemente intensifique los fenómenos meteorológicos extremos. La escasez de agua en África, las inundaciones en el Pakistán y los deslizamientos de tierra en China son sólo una muestra de lo que podría traer aparejado. Los factores geográficos no pueden contener los efectos de estos sucesos aislados. Por ejemplo, la sequía ocurrida el tercer trimestre de este año en Rusia perjudicó la cosecha de trigo, lo que a su vez se tradujo en un aumento de los precios mundiales, que afectaron más a los más pobres y generaron disturbios en Mozambique. Debemos demostrar que adoptar medidas en materia de cambio climático, por difícil que sea, beneficiará a todos, no solo a algunos.

Segundo, debemos guiar mediante el ejemplo en nuestros propios países. No podemos pedir a otros que se comprometan, especialmente en el mundo en desarrollo, si no tomamos en serio nuestras metas en materia de energía renovable y reducción del uso de carbono. Estoy decidido a que mi gestión en el Reino Unido sea la más verde de su historia y a que una revolución del uso reducido de carbono sea uno de los legados más importantes de la coalición del Partido Conservador y el Partido Liberal Demócrata.

Ello requiere un cambio radical para que el suministro de energía en el Reino Unido sea menos contaminante y más verde, incluida la reforma del mercado de electricidad y el establecimiento de un banco de inversiones verdes para prestar apoyo a las inversiones para la infraestructura de bajo consumo de carbono que Gran Bretaña necesita. También significa la formulación de planes ambicioso para un gran aumento de la capacidad de generación renovable, la instalación de nuevas plantas de energía nuclear y el desarrollo de proyectos de captura y almacenamiento de carbono. El Reino Unido ya está a la vanguardia de la generación de energía eólica en alta mar: tiene el mayor número de proyectos instalados, en la etapa de planificación y en construcción del mundo. Además, estamos examinando todas las opciones para generar electricidad de bajo consumo de carbono para el futuro.

Actuar en nuestro país también supone cambiar el modo en que se usa la energía. Nuestro Pacto verde es un programa revolucionario que dará a todas las familias de Gran Bretaña acceso a mejoras de la eficiencia energética en el hogar sin costos iniciales, reduciendo las cuentas de energía y aumentando la eficiencia energética de las viviendas. Estoy empeñado en que mi gobierno predique con el ejemplo. Por ello, durante mi primera semana en el cargo prometí que reduciría el 10% de las emisiones de carbono del gobierno central en los primeros 12 meses de mi mandato.

Tercero, debemos identificar formas concretas de avanzar en el plano internacional con medidas destinadas a restablecer la confianza y retomar el impulso para alcanzar un pacto mundial. Más de 120 países se han unido a los compromisos asumidos en el Acuerdo de Copenhague. Debemos cumplirlos y utilizarlos como cimiento para seguir construyendo.

Así pues, debemos establecer el marco para reducir las emisiones causadas por la deforestación y la degradación de los bosques; fortalecer la medición, presentación de informes y verificación, que asegurarán que el progreso en materia de emisiones sea transparente; y establecer las estructuras de financiación para el clima más allá de 2012, entre otras cosas para los compromisos asumidos en el Acuerdo de Copenhague y para establecer un fondo verde.

El Grupo asesor de alto nivel sobre la financiación para hacer frente al cambio climático del Secretario General, que tiene previsto presentar sus conclusiones justo antes de la reunión de Cancún, debe determinar las opciones prácticas y fidedignas de sufragar la financiación de largo plazo de 100.000 millones de dólares anuales que el mundo en desarrollo necesita para 2020.

También debemos incorporar en el proceso de las Naciones Unidas los ofrecimientos de emisiones realizados después de la reunión de Copenhague. En los casos en que podemos ejercer influencia a nivel regional, debemos tratar de impulsar ofertas aun más fuertes. En el Reino Unido, por ejemplo, ya estamos ejerciendo presión para que la Unión Europea establezca una meta del 30% para la reducción de las emisiones de carbono en 2020, sin esperar que el resto del mundo también actúe.

Sin embargo, también debemos cuidar de no centrarnos solo en las emisiones, sino también en la diversidad biológica y la erosión de los ecosistemas. Asimismo, debemos aprovechar la enorme oportunidad de ayudar a los países en desarrollo a dar un salto directo al bajo consumo de carbono, evitando la era de gran consumo de carbono que ha dominado al mundo desarrollado, contribuyendo a reducir los costos de energía y a mejorar el nivel de vida de millones de personas.

Nada de esto garantiza que la conferencia de Cancún tenga el éxito que la gente esperaba de la de Copenhague. No obstante, podría revertir el impulso y sentar las bases para retomar la senda hacia un pacto internacional inclusivo en que los países desarrollados y los países en desarrollo desempeñen sus papeles. Es el único tipo de pacto que puede tornar la amenaza ubicua del cambio climático en una oportunidad universal de crecimiento con bajo consumo de carbono para todos.

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