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Aprovechad el momento

 

JIGAR SHAH CEO
Jefe Ejecutivo del Carbon War Room

Los inversionistas y los encargados de formular políticas enfrentan una decisión histórica: invertir en la infraestructura energética o esperar la recuperación económica. Sin duda, con el avance de la crisis financiera el mundo enfrenta serios problemas para el mercado de capitales y la economía mundial, aunque no es una cuestión disyuntiva. La inversión ecológica no es un lujo que no podemos permitirnos, según afirman algunos comentaristas. Más bien, invertir en la infraestructura energética ecológica es una necesidad empresarial y ambiental que no podemos permitirnos postergar.

El costo de las tecnologías de energía limpia disminuye constantemente, y la China y la Unión Europea siguen adoptando políticas de apoyo. Sin embargo, los Estados Unidos no están convencidos aún de que la infraestructura ecológica sea una inversión inteligente y viable. Desde el siglo XIX hemos recurrido a Wall Street en busca de innovación y temple para encontrar el capital necesario para crecer y fortalecer la infraestructura de los Estados Unidos, y hoy día no es diferente. Es necesario identificar sus factores de motivación para hallar soluciones al cambio climático y facilitar su inversión, lo cual contribuirá a liberar capital para una de las mayores oportunidades de creación de riqueza de nuestra vida.

Necesariamente debemos dejar de invertir en los recursos habituales para pasar a sistemas energéticos de la próxima generación que combinan una producción de emisiones considerablemente menor con una mayor creación de puestos de trabajo. Existen diversas opiniones en lo que respecta al importe de la inversión necesaria para pasar a una economía con bajas emisiones de carbono, pero el Foro Económico Mundial y la Bloomberg New Energy Finance calculan que se necesitará una transferencia de aproximadamente 550.000 millones de dólares EE.UU. millones de dólares anuales durante 20 años, es decir menos del 1% del total de las asignaciones de capital privado actuales.

Debemos determinar qué habrá que cambiar para que los fondos de pensión, los particulares con un elevado patrimonio, los fondos soberanos y los titulares de dinero minorista transfieran su equidad a soluciones de bajo riesgo y no perjudiciales para el clima, y cómo serían esos nuevos productos financieros. También debemos empezar a trabajar con fuentes de capital y empresarios, a fin de ampliar las soluciones existentes que funcionan en los marcos normativos actuales.

Concretamente, tenemos que centrarnos en las cuatro prioridades clave que nos situará en la senda acertada para lograr una importante reducción de las emisiones de carbono.

En primer lugar, debemos concentrarnos en los beneficios derivados de las soluciones de tecnología limpia. Al impulsar una negociación exhaustiva sobre dióxido de carbono y sus equivalentes, nos hemos apartado deliberadamente del debate sobre el aire puro, el agua limpia, un menor impacto sanitario, facturas más reducidas, buenos trabajos y el desarrollo económico, es decir lo que realmente preocupa a las personas. Al centrarnos en las buenas obras que se están realizando en dicho ámbito, se fomentará un mayor apoyo sin el rencor asociado a las emisiones de gas de efecto invernadero.

En segundo lugar, deben crearse nuevos productos financieros. Podemos movilizar los 550.000 millones de dólares por año necesarios en asignaciones de capital privado, invirtiendo en beneficios redituables. Aunque hemos realizado importantes inversiones para informar al sector financiero, la comunidad bancaria de inversiones aun no ha creado el conjunto de productos financieros necesario. Dado que más de un 85% del capital de inversión está en manos del sector privado, los empresarios deben intervenir ahora para tratar de colmar esta brecha.

En tercer lugar, ya es hora de perseguir victorias políticas paulatinas, centrándonos en los momentos oportunos. Todos los días se producen acontecimientos que presentan verdaderas oportunidades para lograr pequeñas victorias que pueden tener grandes consecuencias: un derrame de hidrocarburos en el Golfo de México, una nueva central de carbón que solicita la servidumbre de aguas, un nuevo edificio en construcción, el surgimiento de un líder en Nigeria, la elaboración de un plan de desarrollo económico en Ghana, o el alumbramiento de un nuevo plan de transporte. Sin embargo, hasta la fecha esos momentos no se han aprovechado eficazmente.

Por último, debemos tener en cuenta los “costos verdaderos” relacionados con la economía actual. Nuestra incapacidad para alejarnos de una economía de elevado consumo de carbono se debe a nuestra valoración equivocada de la riqueza y el progreso nacional e internacional. Si bien se tienen en cuenta los miles de millones de dólares en subvenciones explícitas (por ejemplo, para los combustibles fósiles), los costos implícitos que se sufragan en otro lugar (como los gastos de salud derivados de la contaminación) no se incluyen en el cálculo de los gastos. Si terminamos con las asimetrías en la información para tratar de subsanar las deficiencias del mercado, y eliminamos las subvenciones a los combustibles fósiles, se establecerá la igualdad de condiciones y se impulsará el capital para hallar las soluciones adecuadas.

Desde luego, ya se ha iniciado la transición de inversiones en recursos tradicionales hacia la economía limpia. Entre 2004 y 2007, la inversión en energía limpia aumentó de 33.000 millones a 148.000 millones de dólares; hoy día representa cerca del 10% del total de gastos mundiales en infraestructura energética. Al mismo tiempo, se están llevando a cabo iniciativas para informar y alentar a los inversionistas.

tradicionales hacia la economía limpia. Entre 2004 y 2007, la inversión en energía limpia aumentó de 33.000 millones a 148.000 millones de dólares; hoy día representa cerca del 10% del total de gastos mundiales en infraestructura energética. Al mismo tiempo, se están llevando a cabo iniciativas para informar y alentar a los inversionistas. esta tarea, los gobiernos y la sociedad civil tendrán la confianza necesaria para aprobar políticas más audaces a fin de ofrecer igualdad de condiciones para las energías limpias o, de lo contrario, exigir el resultado.

La Carbon War Room (Sala de Guerra contra el Carbono) –organización mundial independiente sin fines de lucro que se basa en el convencimiento de que el cambio climático es una oportunidad comercial disfrazada de crisis–, tiene como objetivo esencial cambiar la trayectoria de la respuesta de la humanidad frente al cambio climático, permitiendo a los mercados de los empresarios ganar dinero para ellos mismos y para los inversionistas a fin de conseguir la respuesta que necesitan el medio ambiente y las empresas con la rapidez y la escala suficientes. Más concretamente, aspira a transferir el capital institucional a un mercado en funcionamiento y eliminar las deficiencias del mercado, como la información insuficiente y los elevados costos de transacción.

Invertir en el medio ambiente puede crear riqueza y puestos de trabajo, y al mismo tiempo velar por un planeta sostenible. Mientras los políticos del mundo entero no se han dado cuenta de este hecho, ha llegado el momento en que las empresas se pongan a la vanguardia. Es hora de reorientar nuestro enfoque. Nuestra hora de la verdad y de grandeza reside en aprovechar esta oportunidad. Este el momento para que los ciudadanos del mundo elijan ser dueños de sus destinos, en lugar de ser víctimas de sucesos que están en riesgo de quedar fuera de todo control.

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