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Visita el futuro

 

ZHANG YUE
Presidente y Director Ejecutivo, Broad Air Conditioning (China)

Hace dos años entré en lo que parecía ser otro mundo — muy diferente a lo que conocía de Occidente — en Vauban, Freiburg, la ciudad solar que es la capital ecológica de Alemania.

Los niños jugaban en las calles rodando aros, jugando a las canicas, al tenis de mesa o al badminton. No había automóviles, absolutamente ninguno, desplazándose por la comunidad. Todos los automóviles estaban confinados a aparcamientos de varios pisos, y la mayoría pertenecía al público: en caso de emergencia cualquier persona podía tomar prestado uno de ellos, pero la mayoría de las personas podían ir a pie al trabajo en cinco minutos. En la plaza central a cielo abierto cientos de personas estaban cenando, tomando café y conversando despreocupada y animadamente. Todo parecía rebosar de felicidad y solaz.

A medida que el sol se ponía pude ver dispositivos solares fotovoltaicos por todos lados. Las ventanas de las casas tenían parasoles y sus paredes estaban aisladas. Vi una casa en construcción en la que había planchas de espuma aislante de 300 mm de espesor, lo cual me produjo gran sorpresa debido a que generalmente el aislamiento térmico es de 50 mm de espesor. No obstante, me percaté de que la conservación de energía constituye una cultura profundamente enraizada en el corazón de todos los residentes de Vauban. Para ellos cualquier pérdida de energía, por pequeña que sea, constituye un pecado.

Dos meses después, regresé con una delegación de más de diez personas integrada por mi personal, profesores de la Universidad de Tsinghua, de Beijing, y directores ejecutivos de compañías de bienes raíces. Arquitectos y funcionarios locales nos hablaron sobre Vauban, y al final nos impresionaron profundamente cuatro aspectos.

El primero era el bajo nivel de emisiones de carbono. Todas las edificaciones eran construidas o remozadas por los propios residentes. Todas las ventanas cuentan con triple vidriado y parasoles externos. Todas las paredes tienen aislamiento térmico muy grueso y casi todas las casas están dotadas de ventilación con termorecuperación de aire fresco. Esas tecnologías parecen muy sencillas, pero potencian la eficiencia energética de las edificaciones entre 400 y 800%. Los residentes consideran la conservación de energía como algo vital y a la vez fácil.

En segundo lugar, los residentes tratan las energías renovables de manera muy racional. Saben que la energía solar es la tecnología del futuro. El calentamiento del agua y la calefacción funcionan bien, pero, actualmente, la tecnología fotovoltaica no es económica. En consecuencia, el Gobierno la subsidia mediante el pago de la electricidad que se exporta a la red a precios de tres a cinco veces superiores a los que los consumidores pagarían normalmente. No obstante, aunque a los residentes les gusta la energía solar, saben que el aislamiento térmico de sus edificaciones es fundamental.

En tercer lugar, al parecer los residentes piensan que resulta fácil disfrutar una vida feliz. Con el fin de ecologizar al medio ambiente, emplean métodos sin plaguicidas ni fertilizantes, y nunca utilizan plantas que no sean locales. Utilizan plenamente los materiales locales: muchos de los trineos y otros objetos para niños se hacen de madera y ladrillos de desecho y piedras naturales — y a los niños les gusta mucho.

Por último, nuestra cuarta impresión fue que los vecinos se llevan armoniosamente. Los pobres no son objeto de prejuicio, y los ricos no temen ser asaltados. Sus diferencias de ingresos podrían fluctuar entre diez y cien veces, sin embargo, viven en armonía. Los niños juegan en las calles o el bosque, sin que les preocupe la seguridad. En China a todos preocupan los robos, los accidentes del tráfico y toda clase de asaltos, pero en Vauban muchas personas nunca ponen cerrojo a sus casas.

Una sociedad que procura un estilo de vida con un nivel bajo de emisiones de carbono, goza de la vida y fomenta la armonía de esta manera, ha alcanzado su cénit. Si en el mundo existiese verdaderamente el comunismo, Vauban constituiría su modelo. No tiene nada costoso, a la última moda o artificial, sino sólo un nivel bajo de emisiones de carbono que puede resumirse en una palabra: felicidad. Visitaré Vauban de nuevo —incluso, viviré allí por un tiempo.

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