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En la encrucijada 
A.R. Ravishankara
División de Ciencias Químicas, Laboratorio de Investigaciones sobre el Sistema Terrestre, Administración Nacional de los Océanos y la Atmósfera, Boulder, CO (Estados Unidos de América)
Mario Molina
Premio Nobel de Química, Centro Mario Molina, Ciudad de México (México)
Durwood Zaelke
Presidente, Institute for Governance and Sustainable Development, Washington DC (Estados Unidos de América)

Muchos consideran que, de todos los tratados ambientales del mundo, el Protocolo de Montreal es el que ha conseguido los mejores resultados. Ha eliminado 97 productos químicos perjudiciales para el medio ambiente en casi el 100% a lo largo de sus 24 años de historia, y ha puesto en marcha un proceso de recuperación para que, a mediados de este siglo, la capa de ozono vuelva a encontrarse en el estado en que estaba antes de 1980. También ha mitigado el cambio climático evitando que se emitieran gases de efecto invernadero equivalentes a unos 10.000 millones de toneladas de dióxido de carbono por año entre 1990 y 2010. Esa cifra supera con creces las reducciones que se esperaba lograr con el Protocolo de Kyoto durante el período de compromiso que finaliza en 2012. 

Los hidrofluorocarbonos (HFC) se introdujeron en el mercado para sustituir otros productos químicos que dañan la capa de ozono, entre ellos, los CFC y los HCFC que se emplearon originalmente como sustitutos de transición. No obstante, hace tiempo se reconoció que muchos de ellos son potentes gases de efecto invernadero. Los HFC están aumentando con gran rapidez y se prevé que sigan esa tendencia. Aunque en estos momentos ejercen bastante poco forzamiento radiativo, dentrode algunos decenios contribuirán significativamente al cambio climático, quizás hasta un 20% de lo que contribuirá el dióxido de carbono en 2050, si las emisiones futuras son las mismas que en la combinación actual. Ante un aumento tan considerable de los HFC, habría que reducir aún más el dióxido de carbono para estabilizar el cambio climático. De limitarse la producción y el consumo de HFC con un elevado potencial de calentamiento atmosférico (PCA), se minimizaría su contribución al forzamiento del clima y se preservarían los beneficios climáticos logrados anteriormente con el Protocolo de Montreal. 

 

    Conviene determinar aquí algunas cuestiones y hechos importantes:
  1. Los HFC tienen un origen exclusivamente antropogénico. Se introdujeron para sustituir los CFC y HCFC que fueron eliminados o se están eliminando, y se utilizan en diversas aplicaciones de refrigeración y aire acondicionado, la producción de espumas, los equipos contra incendios y varios disolventes.

  2. Como solo contienen átomos de Hidrógeno, Flúor y Carbono (de allí la sigla HFC) y no contienen cloro ni bromo, no agotan la capa de ozono. Por eso, su uso ha ayudado a que no se siguiera dañando la capa de ozono y, al mismo tiempo, ha permitido ir eliminando los CFC y HCFC sin problemas, casi inadvertidamente.
  3. Como contienen enlaces químicos de carbono-flúor, los HFC absorben la radiación infrarroja en la atmósfera, que, de lo contrario, se iría al espacio. Su capacidad de absorción es comparable a la de los CFC y HCFC — en el nivel molecular — y mucho mayor que la de otros gases de efecto invernadero como el CO2, el metano y el óxido nitroso.

  4. No todos los HFC son iguales: los efectos que tienen en el clima difieren considerablemente. Las diferencias se deben, sobre todo, a que tienen distinta permanencia en la atmósfera, lo que determina qué porcentaje de cada tipo de gas se acumula en la atmósfera. Si bien se considera que los HFC son agentes de forzamiento del clima cuya permanencia en la atmósfera es corta en comparación con el dióxido de carbono, muchos de los HFC que se utilizan hoy en día permanecen en la atmósfera el tiempo suficiente para actuar como gases de efecto invernadero importantes. Por ejemplo, el HFC-134a, de uso muy común, tiene una permanencia de 13 años aproximadamente y un PCA a 100 años de alrededor de 1.400 (o sea, es 1.400 veces más efectivo que el dióxido de carbono en función del peso). Sin embargo, algunos HFC (las olefinas, o moléculas con enlaces dobles de carbono-carbono) tienen una permanencia muy corta, es decir, entre unos días y unas semanas en lugar de años, por lo que tienen un PCA insignificante. Si se utilizaran HFC de permanencia muy corta y bajo PCA (u otras alternativas distintas de los HFC) en lugar de los que se utilizan hoy en día, que tienen un elevado PCA, se podrían mitigar considerablemente sus repercusiones en el clima.

Así pues, es posible optar por HFC específicos que beneficien al clima. ¿Qué beneficios ofrece esa opción? Evidentemente, la primera y principal es que permite evitar un efecto perjudicial considerable en el clima sustituyendo los HFC de elevado PCA por HFC de PCA muy bajo o por otras alternativas más seguras para el medio ambiente, entre ellas, las tecnologías en las que no se utilizan sustancias que agotan el ozono. De concretarse dicha sustitución, se acrecentaría el legado del Protocolo de Montreal en la protección de la capa de ozono por su beneficio secundario continuo de paliar el cambio climático. Los Estados Federados de Micronesia han propuesto formalmente que se enmiende el Protocolo de Montreal para eliminar los HFC de elevado PCA y el Canadá, México y los Estados Unidos han presentado otra similar. En la Reunión de las Partes en el Protocolo de Montreal celebrada el año pasado, 91 países expresaron su apoyo a la restricción de los HFC de elevado PCA. 

¿Qué dificultades plantea la aprobación de una enmienda de ese tipo? Sin duda, exige que vuelva a asumirse el compromiso de aplicar el enfoque de “inicio y fortalecimiento” del Protocolo de Montreal y que se profundice el análisis del Grupo de Evaluación Tecnológica y Económica establecido en el marco del tratado para comprender la gama de alternativas disponibles, así como sus costos. También parece prudente estudiar la posibilidad de restringir los HFC de elevado PCA en el contexto de las iniciativas destinadas a restringir el grupo más amplio de agentes de forzamiento del clima distintos del CO2, por ejemplo, el interés que han suscitado en el último tiempo los agentes de corta permanencia como el carbono negro, el ozono troposférico y su precursor el metano, además de los HFC. La reducción de los agentes de forzamiento del clima con una corta permanencia en la atmósfera parece una gran oportunidad de minimizar el cambio climático en los próximos años.

Algunos países y regiones ya han impuesto restricciones a los HFC o están contemplando la posibilidad de imponerlas. Entre los ejemplos se incluyen un examen que está realizando la Unión Europea de sus normas sobre HFC y otros gases fluorados, una reciente resolución del Parlamento Europeo en la que se insta a reducir los HFC y otros agentes de forzamiento del clima con corta permanencia en la atmósfera y el pedido formulado en la reunión a nivel ministerial que se celebró en septiembre en la Ciudad de México en favor de una iniciativa mundial que apoyase las medidas futuras relacionadas con este tema. Una coalición de 400 empresas también se ha comprometido a eliminar los HFC de elevado PCA a partir de 2015, lo que ha dado más ímpetu a las gestiones por limitar el daño climático que causan estos productos químicos. 

La manera en que repercutan los HFC en el clima en última instancia dependerá de las decisiones que se tomen hoy para restringir su contribución al cambio climático, que actualmente es insignificante, y detener el peligroso crecimiento que se ha proyectado si no cambian las condiciones actuales. 

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