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Something's cooking

Satinder Bindra
Director de la División de Comunicaciones e Información Pública del PNUMA

Al haber crecido en la India, uno de mis primeros recuerdos de la niñez era observar a mi abuela junto a la humeante chulha, especie de rudimentario hornillo de arcilla de tres caras que aún sirve de fogón en millones de casas rurales del sur de Asia. No me quedaba mucho tiempo allí, ya que el humo y el hollín que producía el hornillo ineficiente hacía que nunca pasara más que pocos minutos en la cocina de mi abuela.

Esta imagen de mi pasado sigue siendo la realidad de hoy día por toda Asia meridional y grandes territorios de los países en desarrollo. Aproximadamente 1.600 millones de personas en el mundo aun no tienen acceso a la electricidad y unos 3.000 millones todavía utilizan hornos ineficientes que dependen de combustibles de biomasa, tales como leña, residuos de cosechas y estiércoles para cocinar.

Las ineficiencias del hornillo suceden a muchos niveles. La carcasa de barro es muy mal aislante, por lo que devoran más combustible de lo necesario. Y el volumen de aire no puede controlarse: muy poco produce un humo espeso, demasiado enfría la llama. Esto supone una pesada carga social para las mujeres y pone en peligro su salud y la de sus hijos.

También tengo vivos recuerdos de un día común y corriente de mi abuela, que en gran medida se pasaba preocupando por el combustible. Dependía del estiércol de vaca que tenía que recoger laboriosamente, mezclarlo con heno y ponerlo a secar haciendo pequeñas tortas. En cierto sentido tenía suerte: en parte de Asia meridional, las mujeres tienen que recoger leña de bosques que están lejos y a menudo corren el riesgo de sufrir abusos o resultar heridas o lesionadas al dejar la seguridad de sus hogares.

Las mujeres de las colinas de Nepal, por ejemplo, pasan casi dos horas y media por día recogiendo forraje, pasto y leña. Debido a la deforestación se ven obligadas a desplazarse más lejos, lo cual aumenta su carga casi 1,1 horas más por día y tienen menos tiempo para dedicar a sus cultivos, criar a sus hijos u obtener ingresos.

La incesante búsqueda de leña ejerce enorme presión sobre los bosques: gran parte de 700 millones de habitantes de la India recogen leña en ellos. La tasa de deforestación del país vecino, Pakistán, se encuentra entre la más elevadas del mundo: muchos activistas consideran que fue un factor crítico que agravó las devastadoras inundaciones de 2009, las cuales causaron la muerte de casi 2.000 personas, desplazaron a casi 18 millones y provocaron daños por miles de millones de dólares de los EE.UU.

Aún más devastadoras son las emisiones de los hornillos ineficientes de hollín y partículas de carbono negro. La Organización Mundial de la Salud calcula que la exposición de los hogares al hollín causa la muerte prematura a 1,6 millones de personas al año, predominantemente en mujeres y niños. Según estudios realizados en la India, las mujeres que han cocinado con hornos de biomasa durante años presentan una mayor prevalencia de enfermedades pulmonares crónicas que las que no lo hacen. El carbono negro también causa o agrava la pulmonía, la bronquitis, las cataratas, las cardiopatías, la hipertensión y el peso insuficiente al nacer.

Y el efecto de las chulhas va más allá de las cocinas y los hogares. Al escaparse el humo hacia el exterior, y experimentar transformaciones químicas en presencia de la luz solar, forma “nubes marrones atmosféricas” de partículas y gas ozono. Sólo en Asia, las partículas de las nubes marrones pueden ser causa de unas 500.000 muertes adicionales al año, en tanto que el ozono provoca daños en las cosechas por miles de millones de dólares.

El carbono negro también produce entre un 10% y 40% del calentamiento del planeta, al calentar el aire las partículas como si fueran suéteres negros que absorben calor. Y cuando se depositan en la nieve y en el agua las oscurecen y se derriten más rápidamente.

Pero se está produciendo un cambio. Se están desarrollando hornos mucho más eficientes. Según un estudio reciente del Banco Mundial en Rwanda, a un costo de apenas unos dólares extra, pueden reducir el uso de carbón de madera, de 0,51 kg a 0,33 kg por persona por día: en un año, una familia podría ahorrar cerca de 84 dólares en gastos de combustible, cantidad considerable teniendo en cuenta que el ingreso medio anual de los países de África oriental y central no es más que 300 a 370 dólares.

En la India, país anfitrión de las celebraciones del Día Mundial del Medio Ambiente, el PNUMA ha estado trabajando en un proyecto muy interesante llamado Surya (luz solar), gracias al cual suministra hornos más limpios en una zona rural de aproximadamente 100 kilómetros cuadrados y 50.000 habitantes. Dicho proyecto documentará su impacto en la calidad del aire, el clima y la salud, utilizando teléfonos celulares y avanzada tecnología de la NASA; además, tiene previsto utilizar los datos para obtener contrapartidas de las emisiones de carbono para ayudar a difundir el uso de los hornos.

El pasado septiembre, el PNUMA se adhirió a la Alianza Mundial para Estufas Limpias que inició la Secretaria de Estado de los Estados Unidos, Hilary Clinton. El gobierno de ese país aportó 50 millones de dólares de capital inicial para el proyecto, el cual se espera suministre 100 millones de cocinas de combustión limpia a aldeas de África, Asia y América del Sur antes de 2020.

Conforme a un estudio publicado por The Lancet, un programa de 10 años de duración para introducir 150 millones de hornos de bajas emisiones, podría evitar, solo en la India, la muerte prematura de dos millones de personas. Según estudios de campo del PNUMA, reducir las emisiones en solo una tonelada de carbono negro puede ralentizar el calentamiento del planeta tanto como la eliminación de 250 a 3.000 toneladas de dióxido de carbono. A diferencia del dióxido de carbono, que permanece en la atmósfera varios años, el hollín cae en cuestión de pocas semanas.

La mejora de los hornos de cocina debe ser un asunto de política pública. En los últimos 20 años se han distribuido gratuitamente millones de hornos más limpios en la India mediante campañas del gobierno, aunque debido a la limitada información acerca de sus ventajas que se facilitó en su momento, muchos han quedado sin utilizarse. La institucionalización del cambio a chulhas “verdes” debe ser una prioridad nacional y ejecutarse mediante una campaña pública de divulgación que haga hincapié en la seguridad de la salud, la calidad del aire, la mitigación del cambio climático y, en definitiva, la creación de una Economía Verde y un desarrollo económico general para las poblaciones rurales de la India y el resto del mundo.

Mi abuela vivió hasta la avanzada edad de 97 años; si bien fue contra la corriente al no contraer ninguna enfermedad pulmonar, su vida en torno al fogón le dejó con problemas de espalda. Ahora, las mujeres indias, custodias de la chulha, tienen una oportunidad de mejorar su vida y el estado del mundo en general.

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