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Las economías crecen en los árboles

Maryanne Grieg-Gran
Economista principal, Instituto Internacional de Medio Ambiente y Desarrollo

Steve Bass
Jefe del Grupo de Mercados Sostenibles, Instituto Internacional de Medio Ambiente y Desarrollo

Muchos países, en su lucha por superar la recesión y reducir los niveles elevados del endeudamiento público, han comenzado a replantearse por completo sus estrategias económicas. La economía ecológica les ofrece una forma de salir de la recesión de un modo que es eficaz en función de los recursos, ecológicamente racional y equitativo, para así lograr un auténtico bienestar. Los bosques pueden desempeñar un papel importante en la economía ecológica, siempre y cuando la atención se centre más allá de la producción de madera y fibra, al total de los servicios que brindan los ecosistemas.

Las estadísticas económicas sobre los bosques sólo suelen tener en cuenta los productos de madera y fibra. Si bien dichos productos representan el 1% del PIB mundial y el 0,4% del empleo estructurado, aportan una mayor contribución en algunos países africanos, hasta un 13% del PIB. Pese a su importancia, los bosques contribuyen mucho más. Más de 2.000 millones de personas dependen de la leña para cocinar, calentar sus hogares y conservar alimentos. Cientos de millones (los cálculos varían de 119 millones a 1.400 millones) dependen de los bosques para su empleo y medios de subsistencia. Más evidentes aún son los bienes públicos derivados de los ecosistemas forestales: los bosques sustentan más del 50% de las especies terrestres del planeta, regulan el clima del mundo al almacenar el carbono y proteger las cuencas hidrográficas y tienen un gran valor cultural.

Los bosques son una fuente renovable, sus productos también son reciclables y biodegradables, y se han logrado avances notables en la eficiencia de su elaboración, por ejemplo aprovechando los residuos de la madera y los productos de papel. Por consiguiente, una duplicación

prevista de la demanda mundial de madera y fibra antes de 2030 puede atenderse solamente con un 40% de aumento de las talas. Gran parte del aumento en la demanda se responderá con bosques plantados, que también han registrado un fuerte aumento en la productividad.

Con tales avances en la eficiencia de los recursos, el sector forestal podría parecer un ejemplo perfecto de la economía ecológica en acción. Sin embargo, configurar una economía ecológica supone también detener el uso de malas prácticas. Gran parte de las talas se llevan a cabo de forma no renovable, a menudo debido a la presión de los cultivos comerciales y la cría de ganado, los cuales ofrecen una rentabilidad superior. La deforestación, en su mayoría en los trópicos, actualmente se sitúa en 13 millones de hectáreas al año, cifra que la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación considera alarmante. Grandes superficies de bosques están siendo degradadas debido a una mala explotación forestal y las talas ilícitas están generalizadas. Así se están perdiendo los valiosos servicios de los ecosistemas y las oportunidades económicas que éstos ofrecen. Actualmente, dichos servicios no tienen un precio fijo y, por tanto, en gran parte no se tiene en cuenta en las decisiones sobre manejo, salvo en las islas de innovación representadas por los sistemas de pagos por servicios medioambientales (PSA).

Sin embargo, la última década también ha traído buenas noticias. Se reconoce cada vez más que las inversiones para reducir la deforestación como opción para mitigar los efectos del cambio climático tienen sentido desde el punto de vista económico: se calcula que los beneficios de la regulación del clima de reducir a la mitad la deforestación equivalen al triple de los costos. Esto ayuda a incorporar un enfoque para la mitigación basado en los bosques en la agenda de las negociaciones internacionales sobre el clima, en primer lugar como la REDD (reducción de las emisiones derivadas de la deforestación y la degradación) y más recientemente como la REDD+ (que añade a la lista de actividades admisibles la conservación, el manejo sostenible de los bosques y el aumento de las reservas de carbono).

Todo ello conduce a un mayor reconocimiento de que las inversiones en los bosques son más interesantes si captan la totalidad de los servicios que prestan los servicios de los ecosistemas forestales, no sólo madera y fibra. Ello significa invertir más en: proteger los bosques, sobre todo velando por una mayor proporción de los beneficios para las comunidades locales; mejorar el manejo de los bosques con fines de producción para reducir al mínimo los daños a los servicios de los ecosistemas, aumentar la superficie de los tipos de bosques plantados que sustentan muchos servicios que ofrecen los ecosistemas. De la producción de madera certificada y mercados para los servicios ecosistémicos, a las asociaciones que compensan a las poblaciones pobres locales para conservar los bosques, ya tenemos suficientes ejemplos que funcionan de la silvicultura de la economía ecológica que merece una atención política más delicada. Tales “atisbos del futuro” deben evaluarse para los servicios que ofrecen los ecosistemas y su distribución de costos, beneficios y riesgos, y deben fomentarse más ampliamente en las negociaciones de la REDD+.

La modelización económica del Informe sobre Economía Verde, del PNUMA, indica que las inversiones ecológicas en bosques pueden impulsar las economías nacionales y, al mismo tiempo, proteger los servicios de los ecosistemas. Aportando apenas 0,035% del PIB mundial al año entre 2010 y 2050 en inversiones públicas para pagar a los propietarios de las tierras forestales para conservar los bosques, más las inversiones privadas en la reforestación, podría aumentar el valor añadido en el sector forestal en un 20% e incrementar la cantidad del carbono almacenado en un 28%.

Un “pacto global” sobre la REDD+ puede ser la mejor oportunidad para conservar los bosques e invertir en su contribución para lograr una economía verde. Los sistemas PSA existentes se han visto limitados por la falta de fondos que les permita ampliarlos a partir de proyectos pilotos. En cambio, si se lograse un pacto, podría haber un cambio radical en los fondos disponibles. Un acuerdo mundial sobre la REDD+ podría inclinar la balanza de las finanzas y la gobernanza en favor del manejo forestal sostenible a largo plazo. También abriría las perspectivas de nuevos tipos de empleos, medios de sustento e ingresos relacionados con los bosques, donde se puede retribuir a la población local con puestos de guardianes de bosques y servicios de los ecosistemas. Se necesitarán medidas de protección para defender los derechos de las personas que dependen de los bosques, sobre todo cuando éstos derivan de sistemas tradicionales más que sistemas jurídicos formales, y garantizar que los que asumen los costos de oportunidad de los programas REDD+ reciban una proporción adecuada de los beneficios.

El ideal de lograr un sector forestal en el marco de una economía verde está a la vista. Los encargados de formular decisiones y el público en general apreciarían mejor las diversas funciones de los bosques, como “fábricas” (produciendo bienes desde madera hasta alimentos), como “infraestructura” ecológica (regulando el clima y los regímenes hidrológicos), y como proveedores de innovación y servicios de seguro (mediante la resistencia que aporta la biodiversidad forestal). El alcance económico de los bosques se extendería a los sectores más allá de las industrias madereras y del papel, aligerando sus huellas ecológicas, sustituyendo los metales, hormigón y plásticos por fibras de bosques renovables y los combustibles fósiles por combustibles forestales neutros en carbono. Con incentivos financieros más importantes se estimularía el control y el manejo local de los bosques de manera eficaz, sustentados por un régimen internacional sólido y justo para pagar los bienes forestales públicos del mundo. Tales pagos también sustentarían y retribuirían las asociaciones con interesados locales y comunitarios que dependen en gran medida de la salud de los bosques. Con dichos incentivos para producir múltiples beneficios, los interesados en las cuestiones forestales valorarán, de forma sistemática, la gama de bienes y servicios forestales, y los tendrán más en cuenta.

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