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Reforestación del Sahel


Chris Reij

Facilitador, Iniciativas de Reforestación en África, Vrije Universiteit, Amsterdam

Está pasando algo sorprendente en el Sahel. En estudios recientes sobre tendencias a largo plazo en la agricultura y el medio ambiente de las regiones densamente pobladas de Maradi y Zinder, en el Níger, se observa que los agricultores locales han reforestado unos cinco millones de hectáreas con solo proteger y ordenar la regeneración natural de los árboles y arbustos de su tierra. Así, han alcanzado la transformación ambiental de mayor escala del Sahel y, posiblemente, de África. Ese proceso se inició alrededor de 1985, pero aunque algunos investigadores habían observado que los agricultores de algunas aldeas habían aumentado la cantidad de árboles, nadie había tomado conciencia del alcance de la reforestación hasta 2006. Luego, por medio de imágenes satelitales de alta resolución y visitas en el terreno, los investigadores se dieron cuenta de lo que estaba ocurriendo.

En los últimos dos decenios, los agricultores del Níger han cultivado 200 millones de árboles nuevos en sus campos de labranza. En lugares donde hace 20 años los agricultores no tenían más de 2 o 3 árboles por hectárea, ahora tienen 40, 60 o incluso más de 100. Lo notable es que ellos no los plantaron, sino que protegieron y ordenaron árboles y arbustos que se regeneraron espontáneamente a partir de sistemas de raíces subterráneas o de semillas que quedaban en la capa superficial. Así, obtuvieron un resultado casi 20 veces superior al obtenido por el total de los proyectos de plantación de árboles del Níger durante el mismo período; si bien mediante esos proyectos se plantaron unos 65 millones de árboles, el promedio de supervivencia fue solo de 20%. Además, los agricultores ejecutaron el proyecto a un costo muy bajo, ya que para proteger y ordenar la regeneración natural no es necesario construir viveros ni transportar plántulas a los lugares de siembra.

¿Qué impulsó esa reforestación? Las sequías del Sahel y las crisis ambientales de los decenios de 1970 y 1980 pusieron a muchos agricultores entre la espada y la pared. O combatían la degradación de las tierras o tenían que emigrar. Una organización no gubernamental impulsó el proceso prestando asistencia alimentaria a los agricultores durante dos años de sequía a mediados del decenio de 1980 a cambio de que ellos protegieran la regeneración natural y los agricultores pronto descubrieron los beneficios de la reforestación. En una encuesta realizada a unos 400 agricultores se observó que:

  • los árboles reducen la velocidad del viento, por lo tanto, los cultivos jóvenes no se destruyen cuando el viento levanta arena. Por consiguiente, en la actualidad, los agricultores plantan los cultivos una sola vez en lugar de tener que intentarlo tres o cuatro veces, como hace 20 años.

  • Algunas especies de árboles son forrajeras, lo que permite a los agricultores incrementar la cantidad de cabezas de ganado;

  • En lugar de quemarse como combustible, como se hacía hace 20 años, todo el estiércol se utiliza en los campos cultivados, lo que contribuye a mantener y aumentar la fertilidad del suelo;

  • Los agricultores son conscientes de que algunas especies, en particular Faidherbia albida, aumentan la fertilidad del suelo ya que fijan el nitrógeno del aire (según la densidad y la edad, fijan entre 80 y 90 kg por hectárea);

  • Actualmente, las mujeres solo dedican media hora por día a recolectar leña; en cambio, hace 20 años, le dedicaban 2 horas y media;

  • Los árboles contribuyen a la seguridad alimentaria aun si hay malas cosechas, ya que producen hojas y frutos comestibles;

  • En años de sequía, los agricultores pobres sobreviven, literalmente, podando árboles y vendiendo la madera para comprar alimentos;

  • Con la reforestación de las tierras han disminuido en alrededor de 80% los conflictos entre pastores y agricultores: como ha crecido la cantidad de recursos, tienen más para compartir.

En un informe publicado por el Instituto Internacional de Investigaciones sobre Política Alimentaria, se estima que los nuevos sistemas de agrosilvicultura de los cinco millones de hectáreas reforestadas producen 500.000 toneladas extra de cereal por año, lo que alcanza para alimentar a 2,5 millones de personas más. Además, los árboles son bienes de capital, que contribuyen al incremento de la producción agrícola total y, por ende, a la reducción de la pobreza rural. El valor de producción anual de los árboles nuevos ronda los 200 millones de euros, como mínimo. Ese monto es percibido en su totalidad por los agricultores, ya sea como alimento o dinero en efectivo.

Este proceso de reforestación llevado a cabo por los agricultores no se limita a algunas zonas del Níger. Existen muchos sistemas nuevos de agrosilvicultura, en pequeña y gran escala, en el Sahel. Por ejemplo, los agricultores de la llanura Seno, en Malí, –entre la meseta Dogón y la frontera con Burkina Faso– han protegido y ordenado los árboles de 450.000 hectáreas de sus tierras. Alrededor de 90% de los árboles tiene menos de 20 años. Asimismo, los agricultores de la región Kaffrine del Senegal, que visitaron el Níger y observaron la reforestación, a su regreso a casa empezaron a proteger y ordenar la regeneración natural. La zona reforestada de Kaffrine abarca 30.000 hectáreas y no cesa de extenderse.

Las Iniciativas de Reforestación en África, que se proponen aumentar la escala de esos logros, se desarrollan actualmente en Burkina Faso, Malí y el Níger, y está previsto que se extiendan a otros países africanos. Su estrategia incluye organizar visitas de estudio entre agricultores, fomentar diálogos a nivel nacional sobre políticas agrícolas y legislación sobre silvicultura y movilizar la atención de los medios de comunicación nacionales e internacionales respecto de los procesos de reforestación.

El desarrollo de la agrosilvicultura aumenta la producción total y crea sistemas agrícolas más resistentes a la sequía. Se trata de la única alternativa importante de bajo costo para intensificar la agricultura que tienen a su alcance los pequeños agricultores de África cuyo capital financiero y natural es limitado. La experiencia demuestra que ellos invertirán en árboles para sus tierras si sienten que esos árboles son de su propiedad ya que, como dicen los agricultores de Tigray (Etiopía) “los árboles son nuestra columna vertebral”.

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