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Cuidado con la brecha

Richard Crompton habla con Joseph Alcamo Científico Jefe del PNUMA

Joseph Alcamo es un hombre con una misión. Como Científico Jefe del PNUMA, desempeña una doble función: por un lado tiene que hacer un seguimiento de los datos científicos constantes y cada vez más voluminosos sobre el medio ambiente y por otro asegurarse de que la organización los difunde al mundo exterior. Al mismo tiempo, se preocupa por mantener a la comunidad científica al día de las necesidades y solicitudes de los responsables de la formulación de políticas.

Se trata de una tarea difícil y no es de extrañar, entonces, que para él la brecha entre la ciencia y las políticas sea uno de los temas que más hace falta plantear en Río+20.

“Es imperativo dar un empuje a la interacción entre la ciencia y las políticas”, dice Alcamo. Menciona la quinta edición de una de las principales publicaciones del PNUMA, el informe Perspectivas del Medio Ambiente Mundial (GEO 5), al que, en el momento de la entrevista, se están dando los últimos retoques editoriales para poder presentarlo en Río+20. Este volumen, de un peso nada despreciable, procura consolidar en un solo lugar los conocimientos que se tienen en la actualidad de la situación del medio ambiente mundial y dar sugerencias concretas y prácticas para mejorarlos.

“Con la preparación de GEO 5 nos dimos cuenta de que la comunidad internacional ha fijado diferentes objetivos en torno al medio ambiente mundial”, dice Alcamo, “pero no le ha ido muy bien en la tarea de alcanzarlos”. De los noventa objetivos establecidos en Río [La Cumbre para la Tierra de 1992] o a partir de esa reunión, solo se han logrado adelantos en relación con cuarenta y, de esos cuarenta, solamente en cuatro se han hecho verdaderos progresos. Esto muestra que la comunidad internacional no cumple los objetivos que se fija ella misma.

“¿La razón principal? Hay un montón de razones, pero una probable es que la ciencia no ha brindado los elementos necesarios a las políticas”. Esta “brecha” se manifiesta de distintas maneras. Alcamo señala algunas: “Falta comunicación entre las comunidades. No se puede acceder a resultados científicos, sobre todo en el mundo en desarrollo. Y no hay suficientes foros para que los científicos se reúnan con los responsables de la formulación de políticas”.

Lo que hay que preguntarse es: ¿cómo cerramos esta brecha? En su trabajo con colegas del PNUMA, y en consulta con la comunidad científica y de formulación de políticas, Alcamo ha identificado tres amplias esferas en las que no sería difícil lograr mejoras que darían resultados espectaculares.

“En primer lugar, tenemos que acortar la distancia entre la ciencia y las políticas”, insta. “La comunidad científica debería reaccionar más rápido para evaluar las necesidades de los responsables de la formulación de políticas. Podría dar como ejemplo los informes de síntesis del IPCC. Cuando tienen datos, los responsables de la formulación de políticas pueden ocuparse de cuestiones clave para la negociación, tales como la brecha en las emisiones: en qué situación tenemos que encontrarnos en 2020 para cumplir con los objetivos (un aumento global de no más de 2°C) comparada a la situación en la que nos encontramos hoy de acuerdo a las promesas de los países”.

“En segundo lugar, las investigaciones sobre el cambio climático a nivel mundial están a cargo de grandes organizaciones cuyas actividades se superponen en distintas medidas, pero a menudo carecen de un sitio de encuentro entre la ciencia y las políticas. Una gran idea que estamos analizando es cambiar la arquitectura de las investigaciones sobre el cambio climático a nivel mundial. En este sentido, el PNUMA se ha asociado con el Consejo Internacional para la Ciencia, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y otras entidades en la “Iniciativa para la Tierra del Futuro”. “A través de ‘Tierra del Futuro’ estamos tratando de que los científicos que se ocupan de temas de sostenibilidad se acerquen mucho más a los usuarios y a los interesados en esta disciplina. También, una tercera esfera en la que se puede influir es alentando a los científicos a que, al decidir en qué ocuparán su tiempo, escuchen con más detenimiento a los responsables de la formulación de políticas para que las prioridades de investigación respondan en mayor medida a las necesidades urgentes que tiene la sociedad en materia de información”.

La oficina de Joseph Alcamo está ubicada en la sede del PNUMA en Nairobi (Kenya), lo cual lo hace plenamente consciente de que las comunidades que más sufren por la brecha en la información son las del mundo en desarrollo.

“Es triste que las comunidades científicas de las partes más vulnerables del mundo sean las menos desarrolladas”, dice. “Hay que fortalecer la comunidad científica en los países en desarrollo sin tardanza. Cuando se realizan estudios sobre la sequía en África, por ejemplo, los conocimientos especializados a menudo vienen de fuera del continente. África tiene el quince por ciento de la población mundial y solo el 1,5 por ciento de sus científicos. Nos estamos privando de la perspectiva singular de África los conocimientos locales para las soluciones”.

Entonces, ¿cuál es la solución? Joseph Alcamo y el PNUMA han presentado una amplia gama de ideas para los preparativos de Río+20. Una de ellas es que los países fijen metas voluntarias para incluir estudios de sostenibilidad en las estructuras de la comunidad científica y en los sistemas educativos desde la enseñanza secundaria hasta la universidad. El PNUMA también está interesado en apoyar la creación de centros regionales de excelencia en la materia. De la formación de líderes en investigación se han obtenido resultados impresionantes, por lo que este factor se tendrá en cuenta.

Hasta ahora las comunidades científica y educativa han respondido con entusiasmo. Sin embargo, Joseph Alcamo insiste en que los responsables de la formulación de políticas también tienen que participar al mismo nivel que los demás.

“Sin el compromiso político no se hará la inversión necesaria para financiar las investigación relacionada con la sostenibilidad”, dice. “Es una buena inversión a largo plazo para los gobiernos. La sostenibilidad significa seguridad alimentaria, energía confiable y comunidades fuera de peligro”.

Así que en junio, en Río+20, Alcamo y sus colegas del PNUMA procurarán fomentar un gran impulso en la colaboración entre ciencia y sociedad para la sostenibilidad. “Para cerrar la brecha entre la ciencia y las políticas hará falta más que buenas intenciones”, afirma. “Tenemos que utilizar mejor la ciencia y los científicos precisan conocer mejor las necesidades relativas a las políticas. Va a ser la única manera de cerrar la brecha para siempre”.

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