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la seguridad del medio ambiente |
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El tsunami que devastó a países alrededor del Océano Indico el diciembre pasado nos hizo entender cabalmente la importancia de la seguridad del medio ambiente. Porque demostró que -a pesar de todos los intentos de la humanidad de lograr seguridad política, económica y hasta militar- todavía puede ser arrollada por las fuerzas de la naturaleza.
Hasta con anterioridad a las terribles víctimas del tsunami, el año 2004 estaba entrando en vereda para convertirse en un año de catástrofes naturales. Las cifras preliminares estimaron las pérdidas económicas ocasionadas por huracanes, tifones y otros desastres relacionados en el tiempo, tan sólo en los primeros diez meses del año, en 90 mil millones de dólares, cerca de los niveles anuales más altos jamás registrados. El número y el coste de los desastres naturales -tormentas, sequías e inundaciones- ha venido aumentando paulatinamente a través del último medio siglo. Cuánto de este fenómeno es resultado de actividades humanas no está claro. Por cierto, el terremoto que causó el tsunami de diciembre fue un evento enteramente natural; pero algunos de los primeros informes sugirieron que zonas que habían conservado sus bosques de manglares y tenían arrecifes coralinos sanos fueron menos seriamente afectados que áreas similares donde habían sido destruidos. De modo similar, no puede afirmarse con certeza que el creciente número de tormentas, sequías e inundaciones son causados por el calentamiento de la Tierra que ha tenido lugar hasta la fecha; pero una población en expansión y un creciente desarrollo en zonas vulnerables sin duda han aumentado sus víctimas. Lo que parece claro es que, de acelerar el cambio climático, los desastres naturales romperán nuevos récords -- en efecto, el alza del nivel del mar resultante hasta haría más devastadora aún una repetición del tsunami. Entretanto, el creciente uso excesivo de recursos está trayendo nuevas tensiones. Las guerras son tan antiguas como la civilización; su número varía de año en año. Pero con frecuencia cada vez mayor están ocurriendo conflictos dentro de países, y a menudo son impulsados por factores medioambientales como la desertificación, la deforestación o la competencia por recursos. Esto podría difundirse internacionalmente, puesto que los recursos están haciéndose cada vez más escasos y más discutidos. Para 2025, es probable que dos tercios de los habitantes del mundo vivan en países con escasez de agua. Las reservas de combustible fósil restantes están concentradas cada vez más en relativamente pocos países -- por lo general no en aquéllos con la mayor demanda. La producción de alimentos por persona se ha estabilizado, y las existencias están bajando. El tsunami evocó notable solidaridad alrededor del mundo, mientras millones y millones de personas se apresuraron a responder a los urgentes llamamientos a donaciones, provocando la generosidad de sus gobiernos. No obstante, a los países desarrollados les falta mucho para alcanzar los objetivos oficiales de ayuda para el desarrollo -- y lo que hacen es eclipsado por el gasto militar. Adeudamos a las víctimas de la tragedia de diciembre el reconocimiento de que la verdadera seguridad sólo podrá encontrarse buscando la armonía con otros pueblos y con la naturaleza, y volviendo a ordenar nuestras prioridades en consecuencia.
Geoffrey Lean
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