¿Cómo pueden llegar a la estratosfera los clorofluorocarbonos (CFC) si son más pesados que el aire?
¿Cuáles son las pruebas de que el cloro y el bromo destruyen el ozono estratosférico?
¿Procede la mayoría del cloro en la estratosfera de fuentes humanas o de fuentes naturales?
¿Pueden atribuirse las modificaciones observadas en el ozono a cambios naturales tales como los producidos por el sol y por erupciones volcánicas?
¿Cuándo apareció por primera vez el agujero antártico de ozono?
¿Porqué ha aparecido el agujero del ozono por encima de la Antártida ocurriendo la liberación de CFC y de halones principalmente en el hemisferio norte?
¿Hay un agujero de ozono por encima del Ártico?
¿Produce el agotamiento de la capa de ozono un aumento de la radiación ultravioleta al nivel del suelo?
¿Es el agotamiento del ozono una de las causas de los cambios climáticos?
¿Cómo es en la actualidad el grado de agotamiento de la capa de ozono?
¿Se prevé una recuperación de la capa de ozono? De ser así, ¿Cuándo?
Los CFC llegan a la estratosfera
porque la atmósfera de la tierra está siempre en movimiento y mezcla
las sustancias químicas que se le añaden. En
realidad las moléculas de CFC son varias veces más pesadas que el
aire. No obstante, miles de mediciones de globos, aeronaves y satélites
demuestran que los CFC están realmente presentes en la estratosfera. Esto
se debe a que los vientos y otros movimientos del aire mezclan la atmósfera
hasta altitudes por encima de la parte superior de la estratosfera con mucha más
velocidad que aquella a la que las moléculas pudieran depositarse por su
peso. Los gases tales como los CFC que no se disuelven en agua y que relativamente
no reaccionan en la atmósfera inferior se mezclan con relativa rapidez
y por consiguiente llegan a la estratosfera sea cual fuere su peso. Las
modificaciones medidas de la concentración de los componentes de la atmósfera
en función de la altitud nos enseñan acerca del destino de los compuestos
en la atmósfera. Por ejemplo, dos gases el tetracloruro de carbón
(CF4, producido principalmente como producto secundario de la fabricación
de aluminio) y el CFC-11 (CCl3F, utilizado en una diversidad de actividades
humanas) son ambos más pesados que el aire. El
tetrafloruro de carbono no reacciona de ninguna forma a altitudes por lo menos
por encima de 150 kilómetros en la atmósfera. Las mediciones indican
que está casi uniformemente distribuido por la atmósfera según
se ilustra en la figura siguiente. Se han efectuado mediciones en los últimos
dos decenios de otros varios gases que no reaccionan de ningún modo pero
que son más ligeros que el aire (neón) o más pesados que
el aire (argón y criptón), demostrando que también se mezclan
hacia arriba por toda la estratosfera sea cual fuere su peso. Los
CFC-11 no reacciona en la atmósfera inferior y se mezclan de modo análogo
uniformemente en ese lugar, según se indica en la figura. Sin embargo,
la abundancia de CFC-11 disminuye a medida que el gas llega a altitudes más
elevadas puesto que se descompone por la acción de la radiación
ultravioleta solar de elevada energía. El cloro liberado por esta descomposición
del CFC-11 y de otros CFC permanece durante varios años en la estratosfera
en la que los átomos de cloro destruyen muchos miles de moléculas
de ozono. ¿Cuáles
son las pruebas de que el cloro y el bromo destruyen el ozono estratosférico?
Numerosas investigaciones y análisis de laboratorio
acerca de mediciones efectuadas en todo el mundo de la estratosfera han demostrado
que las sustancias químicas que contienen cloro y bromo destruyen las moléculas
de ozono. Los estudios de investigación
del laboratorio muestran que el cloro (Cl) reacciona muy rápidamente con
el ozono. También muestran que las sustancias químicas reactivas
de monóxido de cloro (ClO) que se forma en dicha reacción pueden
ser objeto de procesos ulteriores que regeneran el cloro original, permitiendo
que se repita muchas veces esta secuencia (reacción en cadena). También
tienen lugar reacciones similares entre el bromo y la atmósfera.
Pero, ¿ocurren estas reacciones que destruyen
el ozono en el "mundo real"? Toda la experiencia científica acumulada demuestra
que en la naturaleza tienen lugar las mismas reacciones químicas. También
tienen lugar simultáneamente en la estratosfera otras muchas reacciones
(incluidas las de otras especies químicas). Esto dificulta la separación
de las conexiones entre los diversos cambios. No obstante, siempre que se encuentran
juntamente en la estratosfera el cloro (o bromo) y el ozono tienen lugar reacciones
que destruyen el ozono. Algunas veces predomina
de tal forma, en circunstancias naturales, un número pequeño de
reacciones químicas que sus conexiones son casi tan claras como en los
experimentos de laboratorio. Tal situación ocurre en la estratosfera sobre
la Antártida durante la formación en primavera del agujero de ozono.
Las mediciones independientes efectuadas por instrumentos desde tierra y desde
globos, aeronaves y satélites han proporcionado una comprensión
detallada de las reacciones químicas en la estratosfera antártica.
Grandes áreas llegan a temperaturas tan bajas
(de -80°C, o -112°F) que se forman nubes estratosféricas lo cual
es muy raro excepto durante los inviernos polares. Estas nubes polares estratosféricas
permiten las reacciones químicas que transforman las especies de cloro
que no causan agotamiento del ozono en especies que si lo causan. Entre
los últimos se cuenta el monóxido de cloro que inicia la destrucción
del ozono en presencia de la luz del sol. La cantidad de cloro reactivo en tales
regiones es, por consiguiente, mucho más elevada que la observada en latitudes
medias, lo que lleva a una destrucción química mucho más
rápida del ozono. Las reacciones químicas que ocurren en presencia
de estas nubes se comprenden bien en la actualidad, a partir de estudios en condiciones
de laboratorio que son una repetición de los que ocurren naturalmente en
la atmósfera. Los científicos han
observado repetidamente un elevado número de especies químicas sobre
la Antártida desde 1986. Entre las distancias químicas medidas estaban
el ozono y el monóxido de cloro que es la sustancia química reactiva
identificada en el laboratorio como una de las que participan en las reacciones
en cadena de destrucción del ozono. Los mapas obtenidos por satélite
que se muestran en la figura siguiente relacionan la acumulación de monóxido
de cloro observada por encima de la Antártida y el subsiguiente agotamiento
del ozono que ocurre rápidamente unos pocos días después
sobre zonas muy semejantes. Reacciones similares
en las que intervienen el cloro y el bromo también se han observado durante
el invierno y la primavera en las regiones polares árticas; lo cual lleva
a un agotamiento químico del ozono en tal región. Puesto que el
Ártico no es habitualmente tan frío de forma permanente como el
antártico, se forman menos nubes estratosféricas y, por consiguiente,
el agotamiento del ozono es inferior en el ártico, lo cual es el tema de
una pregunta ulterior. La
mayoría del cloro en la estratosfera está allí como consecuencia
de actividades humanas según lo ilustra la figura. La
mayoría de los compuestos que contienen cloro se liberan en el suelo. Aquellos
que se disuelven en agua no pueden llegar en cantidades importantes a altitudes
estratosféricas. Grandes cantidades de cloro se liberan como pulverización
evaporada de los océanos en forma de partículas de sal de mar (cloruro
de sodio). Sin embargo, puesto que la sal de mar se disuelve en agua este cloro
es aceptado rápidamente en las nubes o en el hielo, nieve o gotitas de
lluvia y no llega a la estratosfera. Otra fuente de cloro a nivel del suelo proviene
de su uso en las piscinas o como lejía de mezcla. Cuando se libera este
cloro se convierte rápidamente en formas que se disuelven en agua y, por
consiguiente, están ausentes de la atmósfera inferior. Tal cloro
nunca llega a la estratosfera en cantidades importantes. Los volcanes pueden emitir
grandes cantidades de cloruro de hidrógeno pero este gas se convierte rápidamente
en ácido clorhídrico que se disuelve en el agua de la lluvia, hielo
y nieve y no llega a la estratosfera. Incluso en columnas volcánicas explosivas
que se levantan a gran altura en la atmósfera, casi todo el cloruro de
hidrógeno se suprime mediante la precipitación antes de que llegue
a altitudes estratosféricas. Por último, aunque los gases de escape
de los transbordadores espaciales y de algunos misiles inyectan partes de cloro
directamente en la estratosfera, sus cantidades son muy pequeñas (menos
del 1% de la aportación anual de halocarbonos en la atmósfera actual).
Por contraste, la mayoría de los halocarbonos
producidos por el hombre que agotan la capa de ozono, - tales como los clorofluorocarbonos
(CFC) y el tetracloruro de carbono (CCl4) - no son solubles en agua,
no reaccionan con la nieve o con otras superficies naturales y no se descomponen
químicamente en la atmósfera inferior. Por consiguiente, estos y
otras sustancias producidas por el hombre contienen cloro que llega a la estratosfera.
Varios elementos de prueba se combinan para establecer
que los halocarbonos de producción humana son la fuente primaria del cloro
estratosférico. En primer lugar, las mediciones han demostrado que las
especies de cloro que se levantan hasta la estratosfera son primariamente compuestos
fabricados [principalmente CFC, tetracloruro de carbono, metilcloroformo, y los
hidroclorofluorcarbonos (HCFC) que son sustitutos de los CFC], junto con pequeñas
cantidades de ácido clorhídrico (HCl) y de metilcloruro (CH3Cl),
cuyo origen es en parte natural. En segundo lugar, los investigadores han efectuado
mediciones de casi todos los gases conocidos que contienen cloro en la estratosfera.
Han encontrado que en las emisiones de los halocarbonos producidos por el hombre
más el aporte mucho más pequeño de fuentes naturales podrían
ser la causa de todo el cloro estratosférico. En tercer lugar, el aumento
del cloro estratosférico total medido entre 1980 y 1998 corresponde a los
aumentos conocidos de concentración de halocarbones de producción
humana durante dicho período. Aunque hay fuerzas naturales
que causan fluctuaciones en las cantidades de ozono no existe ninguna prueba de
que haya cambios naturales que contribuyan de forma importante a la tendencia
durante largo tiempo observada de la disminución del ozono. El
ozono estratosférico se crea primariamente mediante la luz ultravioleta
(UV) procedente del sol. Por consiguiente, los rayos solares influyen en el ritmo
al que se produce el ozono. La liberación de energía solar (tanto
la luz UV como partículas cargadas tales como electrones y protones), varía
especialmente en función del ciclo de manchas solares bien conocido de
11 años. Las observaciones a lo largo de varios ciclos solares (desde 1960)
muestran que los niveles totales de ozono en el mundo varían en 1,2% desde
su valor máximo hasta su valor mínimo en un ciclo ordinario. Sin
embargo, los cambios en la radiación solar no pueden ser responsables de
los cambios observados a largo plazo en el ozono, puesto que las tendencias descendentes
del ozono son muy superiores al 1-2%. Como se muestra en la figura siguiente,
desde 1978 la cantidad de energía solar ha pasado por los valores máximos
aproximados, observados en 1980 y en 1991 y por los valores mínimos aproximados,
observados en 1985 y 1996. Está ahora aumentando nuevamente hacia un próximo
máximo alrededor del año 2002. Sin embargo, la tendencia en el ozono
ha ido siempre descendente durante todo este período. Las tendencias del
ozono presentadas en esta y en otras evaluaciones científicas internacionales
anteriores ha sido obtenida evaluando las modificaciones a largo plazo en el ozono
después de tener en cuenta la influencia solar (como se ha hecho en la
figura siguiente). Grandes erupciones volcánicas explosivas pueden
inyectar directamente materiales en la capa de ozono. Las mediciones de laboratorio
y las observaciones en la atmósfera han indicado que las reacciones químicas
dentro y en la superficie de partículas volcánicas inyectadas a
la estratosfera inferior llevan a una mayor destrucción del ozono aumentando
la concentración de moléculas de cloro químicamente activas
que provienen de compuestos producidos por el hombre tales como clorofluorocarbonos
(CFC). Son ejemplos las erupciones de Mt. Agung (1963), Mt. Fuego (1974), El Chichón
(1982) y particularmente Mt. Pinatubo (1991). La erupción de Mt. Pinatubo
llegó a un aumento de 30 a 40 veces en el área de superficie total
de las partículas disponibles para incrementar las reacciones químicas.
El influjo de tales sucesos naturales en la capa de ozono depende, por lo tanto,
de la concentración de moléculas de cloro y de partículas
disponibles en la estratosfera de modo similar a las nubes polares estratosféricas.
Puesto que se suprimen de la estratosfera las partículas en un período
de 2 a 5 años, la anomalía en el ozono es solamente temporal y tales
episodios no pueden ser la causa de las modificaciones a largo plazo observadas.
Las observaciones y los cálculos indican que los niveles de ozono más
bajos registrados que se observaron en 1992-1993 reflejan la importancia del número
relativamente grande de partículas producidas por la erupción de
Mt. Pinatubo, junto con la cantidad relativamente elevada de cloro estratosférico
producido por el hombre en el decenio de 1990, por comparación con los
valores registrados en anteriores erupciones volcánicas. Las
observaciones y los cálculos con modelos indican que las partículas
volcánicas no pueden por sí mismas agotar el ozono. Solamente la
interacción del cloro producido por el hombre con las superficies de las
partículas es la que hoy en día aumenta el agotamiento del ozono
en la atmósfera. El agujero
antártico de ozono es un nuevo fenómeno que apareció a principios
del decenio de 1980. El promedio observado de
ozono durante los meses de septiembre, octubre y noviembre sobre la estación
de vigilancia del Antártico británico en Halley, Antártida,
reveló por primera vez una disminución notable a principios del
decenio de 1980, si se compara con datos precedentes obtenidos a partir de 1957.
El agujero del ozono se forma cada año cuando hay una disminución
aguda (actualmente de hasta el 60%) del ozono total sobre la mayor parte de la
Antártida por un período aproximado de tres meses (septiembre-noviembre)
durante la primavera del hemisferio sur. A finales del verano (enero-marzo), en
los decenios de 1980 y 1990, las cantidades de ozono no acusan una disminución
tan aguda. Las observaciones de tres otras estaciones en la Antártida y
de instrumentos de los satélites revelan disminuciones similares en la
cantidad de ozono primaveral por encima de las estaciones. Los instrumentos para
medir el ozono de este globo indican modificaciones dramáticas en la forma
de distribución del ozono en función de la altitud. Como se muestra
en la figura siguiente del emplazamiento de Syowa, la mayoría de todo el
ozono que está actualmente agotado a algunas altitudes como agujero de
ozono se forma cada primavera, comparado con el perfil normal de ozono que existía
antes de 1980. Se ha demostrado que el agujero del ozono resulta de la destrucción
del ozono estratosférico por gases que contienen cloro y bromo, cuyas fuentes
son principalmente gases halocarbonos producidos por el hombre. Antes
de que la estratosfera se viera afectada por el cloro y el bromo de producción
humana, los niveles de ozono que ocurren naturalmente en primavera por encima
del Antártico eran aproximadamente del 30 al 40% inferiores a los niveles
actuales de ozono de primavera sobre el Ártico. Esta diferencia natural
entre las condiciones del Antártico y del Ártico fue observada por
primera vez por Dobson a finales del decenio de 1950. La diferencia proviene de
las temperaturas excepcionalmente frías y de las distintas pautas de vientos
invernales en la estratosfera del Antártico si se compara con la del Ártico.
Esto no es de ningún modo el mismo fenómeno que la tendencia descendente
marcada en la totalidad del ozono en años recientes. Los
cambios meteorológicos estratosféricos no pueden explicar el agujero
de ozono. Las mediciones indican que las temperaturas estratosféricas invernales
en la Antártida en los últimos decenios no han cambiado antes del
desarrollo del agujero del ozono cada septiembre. Las mediciones en tierra, en
aeronaves y por satélite han proporcionado por lo contrario pruebas claras
de la importancia de la química del cloro y del bromo, procedentes de compuestos
de factura humana, en cuanto al agotamiento de la capa de ozono de la Antártida
en años recientes. La
atmósfera de la tierra está continuamente agitada sobre el globo
por los vientos. El resultado es que los gases que agotan la capa de ozono se
mezclan por toda la atmósfera, incluida la Antártida, sea cual fuere
el lugar en el que han sido emitidos. Las condiciones meteorológicas especiales
de la Antártida hacen que estos gases sean más eficaces en ese lugar,
en cuanto a agotar la capa de ozono, que en otras partes. Las
emisiones humanas de clorofluorocarbonos (CFC) y de halones (gases que contienen
bromo) han ocurrido principalmente en el Hemisferio Norte. Aproximadamente se
ha liberado el 90% en las latitudes que corresponden a Europa, Rusia, Japón
y América del Norte. Los gases tales como CFC y halones que son insolubles
en agua y que no reaccionan fácilmente se mezclan en un plazo de un año
o dos por toda la atmósfera inferior. Los CFC y los halones en este aire
bien mezclado se levantan de la atmósfera inferior hacia la estratosfera
principalmente en las latitudes tropicales. Los vientos impulsan esta masa de
aire hacia los polos tanto al Polo Norte como al Polo Sur desde los trópicos,
de forma que el aire en toda la estratosfera del globo contiene aproximadamente
las mismas cantidades de cloro y de bromo. En
el hemisferio sur, el Polo Sur es parte de una gran masa terrestre (la Antártida)
que está completamente rodeada por los océanos. Esta simetría
se refleja en las condiciones meteorológicas que permiten la formación
en invierno de una región muy fría en la estratosfera por encima
del continente Antártico, aislado por una banda de vientos fuertes que
circulan alrededor del polo cerca del paralelo de 65°S. Las temperaturas muy
bajas estratosféricas llevan a la formación de nubes (nubes estratosféricas
polares) que son responsables de las modificaciones químicas que promueven
la producción de cloro y bromo químicamente activos. Esta activación
del cloro y del bromo lleva seguidamente a una pérdida rápida del
ozono cuando la luz del sol vuelve a la Antártida en septiembre y octubre
de cada año, lo cual lleva seguidamente al agujero antártico de
ozono. Como lo muestra la figura, la magnitud de la pérdida del ozono ha
crecido en el transcurso del decenio de 1980 a medida que han aumentado en la
atmósfera las cantidades de compuestos de origen humano que agotan la capa
de ozono. No existen condiciones similares por
encima del Ártico. Las temperaturas invernales en la estratosfera Ártica
no son constantemente bajas durante muchas semanas como ocurre en la Antártida
lo cual lleva a un agotamiento consiguientemente menor del ozono (véase
la siguiente pregunta). Se han observado importantes disminuciones del contenido
de ozono en la estratosfera por encima del Ártico durante finales del invierno
y principios de la primavera (enero-marzo) en seis de los últimos nueve
años. Sin embargo, estas disminuciones, ordinariamente del 20 al 25% son
muy inferiores a las observadas actualmente cada primavera por encima de la Antártida
(agujero de ozono). La diferencia entre el contenido
de ozono en las dos regiones polares (véase la figura inferior) proviene
de pautas meteorológicas distintas. La Antártida es un continente
de gran extensión rodeado por los océanos. Estas condiciones simétricas
producen temperaturas estratosféricas muy bajas en una región meteorológicamente
aislada, denominada vortex polar, que se extiende desde aproximadamente el paralelo
de 65°S hasta el polo. Las temperaturas frías llevan a su vez a la
formación de nubes, conocidas como nubes estratosféricas polares.
Estas nubes proporcionan cambios químicos que promueven la producción
de cloro y bromo químicamente activos que destruyen rápidamente
el ozono. Las condiciones que mantienen niveles elevados de cloro y bromo químicamente
activos persisten hasta septiembre y octubre en la Antártida cuando la
luz del sol vuelve a iluminar la región para iniciar el agotamiento del
ozono. Las condiciones meteorológicas invernales
en el Hemisferio Norte, lo mismo que en el hemisferio sur, llevan a la formación
de una región aislada limitada por vientos fuertes en la que la temperatura
es también lo suficientemente fría para que se formen nubes estratosféricas
polares. Sin embargo, la simetría geográfica en torno al polo norte
no lo es tanto como en torno al polo sur. En consecuencia, los sistemas meteorológicos
a larga escala perturban las corrientes del viento que es menos estable por encima
de la región Ártica que por encima de la Antártida. Estas
perturbaciones impiden que la temperatura en la estratosfera Ártica sea
tan fría como en la estratosfera Antártica, y, por consiguiente,
se forman menos nubes estratosféricas polares. No obstante, los compuestos
de cloro y bromo químicamente activos se forman también por encima
del Ártico, lo mismo que por encima de la Antártida, como consecuencia
de reacciones en la superficie de las nubes. Pero es raro que las condiciones
frías persistan hasta marzo, cuando se dispone de luz solar suficiente
para iniciar un gran agotamiento del ozono. En
años recientes, ha habido una cadena de inviernos desacostumbradamente
fríos sobre el Ártico, si se comparan con los de los treinta años
precedentes. El frío y las condiciones persistentes han llevado a un mayor
agotamiento del ozono, puesto que las concentraciones atmosféricas de gases
que agotan la capa de ozono ha sido también relativamente grande durante
estos años. Sin embargo, la causa del cambio observado en las condiciones
meteorológicas no ha sido hasta ahora comprendido. Tales condiciones pudieran
persistir en los años venideros, aumentándose aún más
el agotamiento del ozono. Pero también es posible que en los próximos
años se inviertan estas características del decenio precedente.
En tal caso, se esperaría que disminuya el agotamiento del ozono químico
en el Ártico. Por consiguiente, aunque
ha habido un agotamiento importante del ozono en el Ártico en años
recientes, es difícil predecir lo que nos espera, puesto que el clima futuro
de la estratosfera del Ártico no puede predecirse con confianza. En
promedio el agotamiento de la capa de ozono lleva a un aumento de la radiación
ultravioleta a nivel del suelo. El sol emite radiación
en una amplia gama de energía, aproximadamente el 2% en forma de alta energía,
radiación ultravioleta (UV). Parte de esta radiación UV (UV-B) es
particularmente eficaz en dañar a los seres humanos, por ejemplo, quemaduras
de sol, cáncer cutáneo y daños optalmológicos. La
cantidad de radiación UV solar recibida en cualquier lugar particular sobre
la superficie de la tierra depende de la posición del sol sobre el horizonte,
de la cantidad de ozono en la atmósfera y de las condiciones de nubosidad
y contaminación locales. Los científicos están de acuerdo
en que, a falta de modificaciones en las nubes o en la contaminación, la
disminución del ozono atmosférico lleva consigo aumentos de la radiación
UV a nivel del suelo. Las disminuciones mayores
del ozono durante los últimos quince años se han observado por encima
de la Antártida, especialmente durante cada uno de los meses de septiembre
y octubre cuando se forma el agujero de ozono. En los últimos años,
se han efectuado mediciones simultáneas de la radiación UV y del
ozono total en varias estaciones antárticas. A finales de la primavera,
la radiación ultravioleta biológicamente nociva en partes de la
Antártida puede exceder de la observada en San Diego California, donde
el sol está mucho más elevado por encima del horizonte. En
zonas en las que se ha observado que el agotamiento del ozono es menor, es más
difícil detectar los aumentos de radiación UV-B. En particular,
la detección de las tendencias en la radiación UV-B asociadas a
disminuciones del ozono puede estar a su vez más complicada por modificaciones
en la nubosidad, por la contaminación local y por dificultades en mantener
el instrumento de detección precisamente en las mismas condiciones durante
muchos años. Antes de finales del decenio de 1980, no se disponía
de instrumentos con la necesaria precisión y estabilidad para medir las
tendencias pequeñas a largo plazo de la radiación UV-B a nivel del
suelo. Por consiguiente, los datos procedentes de lugares urbanos obtenidos con
instrumentos más antiguos y menos especializados proporcionan información
mucho menos fiable, especialmente porque no se dispone de mediciones simultáneas
de los cambios de nubosidad o de contaminación locales. Cuando se han efectuado
mediciones de elevada calidad de la radiación en otras zonas alejadas de
las ciudades importantes y de la correspondiente contaminación del aire,
las disminuciones del ozono han ido regularmente acompañadas de aumentos
en la radiación UV-B. Esto se muestra en la figura siguiente, en la que
las mediciones realizadas en condiciones de cielo despejado en seis distintas
estaciones demuestran que las disminuciones del ozono llevan a un aumento de la
radiación UV-B en la superficie, en proporciones que están bastante
bien de acuerdo con las previstas en los cálculos (la curva "modelo"). El agotamiento
del ozono y los cambios climáticos están relacionados de varios
modos, pero el agotamiento del ozono no es una causa importante de cambios climáticos.
El ozono atmosférico influye de dos formas en
el equilibrio de las temperaturas de la tierra. Absorbe la radiación ultravioleta
solar que calienta la estratosfera. También absorbe la radiación
infrarroja emitida por la superficie de la tierra, atrapando de forma eficaz el
calor en la troposfera. Por consiguiente, el impacto en el clima de modificaciones
en las concentraciones del ozono varía con la altitud a la que ocurren
estos cambios del ozono. Las pérdidas importantes del ozono que han sido
observadas en la estratosfera inferior, debidas a los gases que contienen cloro
y bromo producidos por el hombre, han tenido un efecto de enfriamiento de la superficie
de la tierra. Por otro lado, los aumentos del ozono que se estima que han ocurrido
en la troposfera, debidos a los gases que contaminan la superficie, tienen un
efecto de calentamiento de la superficie de la tierra, por lo que contribuyen
al efecto de invernadero. En comparación
con los efectos de modificaciones entre otros gases atmosféricos, los influjos
de estos cambios del ozono son difíciles de calcular con precisión.
En la figura que sigue, los límites superiores de efectos posibles para
modificaciones del ozono se indican mediante barras en blanco y los límites
inferiores se indican mediante barras en negrilla. Según
lo indicado en la figura, el aumento de dióxido de carbono es el aporte
principal al cambio climático. Las concentraciones de dióxido de
carbono están aumentando en la atmósfera ,primariamente como resultado
de la quema de carbón, petróleo, y gas natural para energía
y transporte. En la actualidad, la abundancia en la atmósfera de dióxido
de carbono es un 30% mayor aproximadamente de la que existía hace 150 años.
Se muestra también en la figura los impactos relativos en el clima de diversos
gases que no son de invernadero. Hay también
un factor adicional que enlaza indirectamente el agotamiento del ozono con los
cambios climáticos; es decir muchos de los mismos gases que están
produciendo el agotamiento del ozono contribuyen también a cambios climáticos.
Estos gases, tales como los clorofluorocarbonos (CFC), son gases de invernadero,
que absorben parte de la radiación infrarroja emitida por la superficie
de la tierra, por lo que se produce un calentamiento eficaz de la superficie de
la tierra. Por lo contrario, las modificaciones
climáticas de la tierra pudieran influir en la conducta de la capa de ozono,
puesto que el ozono está influenciado por modificaciones de las condiciones
meteorológicas y por modificaciones en la composición atmosférica
que pudiera proceder de cambios climáticos. El asunto principal es que
la estratosfera se enfriaría con gran probabilidad en respuesta a cambios
climáticos, por lo que persistirían por un tiempo más largo
las condiciones que llevan al agotamiento del ozono en la atmósfera inferior,
particularmente en las regiones polares. En la actualidad, no han sido todavía
evaluados, la amplitud y extensión de tal enfriamiento y, por consiguiente,
tampoco se ha evaluado la demora en la recuperación de la capa de ozono. El agotamiento
de la capa de ozono estratosférica, causado por un aumento de las concentraciones
de sustancias químicas producidas por el hombre ha aumentado desde el decenio
de 1980. La pérdida primaveral en la Antártida es el agotamiento
de mayor magnitud. En la actualidad, en las regiones no polares, la capa de ozono
se ha agotado en varios números de porcentajes si se compara con lo observado
hace dos decenios. Como muestra la figura, la
magnitud del agotamiento del ozono varía de una región a otra de
la tierra. Por ejemplo, apenas ha habido agotamiento del ozono en los trópicos.
La magnitud del agotamiento depende también de la estación del año.
Desde 1979 hasta 1997, las pérdidas observadas en la cantidad de ozono
por encima ha llegado a un total aproximado del 5-6% en las latitudes medias septentrionales
en invierno y en primavera, aproximadamente del 3% en las latitudes medias septentrionales
en verano y otoño, y aproximadamente del 5% anual por todo el año
en las latitudes medias meridionales. Desde finales del decenio de 1970, se ha
formado el agujero del ozono por encima de la Antártida durante cada una
de las primaveras en el hemisferio sur (de septiembre a noviembre), en el cual
se ha agotado hasta el 60% del total de ozono. Desde principios del decenio de
1990, se ha observado también el agotamiento del ozono por encima del Ártico,
con pérdidas del ozono desde enero hasta finales de marzo ordinariamente
del 20 al 25% en la mayoría de los años recientes. Todas estas disminuciones
son superiores a las variaciones naturales observadas a largo plazo. El
gran aumento de concentraciones atmosféricas de compuestos de cloro y de
bromo de factura humana es responsable de la formación del agujero antártico
de ozono. Además, el peso abrumador de las pruebas indica que este factor
también desempeña un papel importante en el agotamiento del ozono
en el Ártico y a latitudes medias. Además
de estas modificaciones a largo plazo, se han observado también efectos
transitorios en la capa de ozono estratosférico después de importantes
erupciones volcánicas tales como las del Mt. Pinatubo en 1991. Durante
1992 y 1993, disminuyó el ozono en muchos lugares a los valores mínimos
observados. Por ejemplo, los agotamientos primaverales excedieron del 20% en algunas
regiones de latitud media nórdica muy pobladas, y los niveles en el agujero
antártico de ozono llegaron a valores inferiores a los que hasta ahora
habían sido registrados. Se juzga que estas disminuciones del ozono en
1992 y 1993, desacostumbradamente grandes, aunque de corto plazo, están
en parte relacionadas con grandes cantidades de partículas volcánicas
inyectadas en la estratosfera, con lo que temporalmente aumentó el agotamiento
del ozono causado por los compuestos de cloro y bromo de factura humana, del mismo
modo que las nubes polares estratosféricas acentúan los efectos
de las sustancias químicas en el agotamiento del ozono de las regiones
polares. Puesto que estas partículas se fijan en la estratosfera durante
unos pocos años, las concentraciones de ozono han vuelto en gran parte
a niveles de agotamiento que están en consonancia con la tendencia descendente
observada antes de la erupción del Monte Pinatubo. Si ocurriera una erupción
semejante en el decenio venidero, pudieran esperarse pérdidas de ozono
de la misma magnitud, puesto que los niveles de cloro en la estratosfera serán
todavía elevados. Se
espera que el agotamiento del ozono causado por los compuestos de cloro y de bromo
de producción humana desaparezca gradualmente a mediados del siglo XXI
a medida que estos compuestos se retiran lentamente de la estratosfera mediante
procesos naturales. Este logro medioambiental se debe al hito de un acuerdo internacional
para comprobar la producción y consumo de sustancias que agotan la capa
de ozono. Se requerirá un cumplimiento completo para lograr esta recuperación
prevista. En 1987, el reconocimiento de que el
cloro y el bromo tenían un potencial de destruir el ozono estratosférico
llevó al Protocolo de Montreal sobre las sustancias que agotan la capa
de ozono, que forma parte del Convenio de Viena de 1985 para la protección
de la capa de ozono, conducente a reducir la producción mundial de sustancias
que agotan la capa de ozono. Subsiguientemente, observaciones mundiales de un
agotamiento importante del ozono obligaron a incorporar enmiendas que dieran mayor
vigor al tratado. La enmienda de Londres de 1990 exige que cese la producción
de las sustancias más nocivas que agotan la capa de ozono al año
2000 en los países desarrollados y al año 2010 en los países
en desarrollo. La Enmienda de Copenhague de 1992 modificó la fecha de la
prohibición al año 1996 en los países desarrollados. Se ha
convenido en otras restricciones de las sustancias que agotan la capa de ozono
en Viena (1995) y en Montreal (1997). En la figura
siguiente se muestran las cantidades de cloro y de bromo estratosféricos
del pasado y las previstas si no se hubiera firmado el Protocolo, las correspondientes
si se aplicaran las disposiciones originales del Protocolo y si se aplicaran los
acuerdos subsiguientes. Sin el Protocolo de Montreal y sus enmiendas, el uso continuado
de los clorofluorocarbonos (CFC) y de otras sustancias que agotan la capa de ozono
hubiera llevado a un aumento de las cantidades de cloro y de bromo en la estratosfera
en un múltiplo de 10 a mediados del año 2050, por comparación
con las cantidades correspondientes a 1980. Tales cantidades elevadas de cloro
y de bromo hubieran llevado a grandes pérdidas del ozono, que hubieran
sido producido un agotamiento muy superior al observado en la actualidad.
Por contraste, en virtud de los acuerdos internacionales
vigentes que están ahora disminuyendo las emisiones provenientes del hombre
de gases que agotan la capa de ozono, las concentraciones troposféricas
y otras de compuestos que contienen cloro y bromo han empezado a disminuir en
1995. Aunque se requieren de seis a tres años para que las mezclas pasen
de la troposfera a la estratosfera, las cantidades estratosféricas de cloro
han empezado a llegar a un nivel constante y disminuirán lentamente de
aquí en adelante. Si se llega a un cumplimiento pleno, los acuerdos internacionales
llevarán pronto o tarde a eliminar la mayoría de las emisiones de
los principales gases que agotan la capa de ozono. Permaneciendo constantes todos
los demás elementos, se espera que la capa de ozono llegue a su situación
normal a mediados del próximo siglo. Esta lenta recuperación, si
se compara con la irrupción relativamente rápida del agotamiento
del ozono por razón de las emisiones de CFC y de halones que contienen
bromo, está primariamente relacionada con el tiempo requerido para que
tengan lugar los procesos naturales de eliminación de los CFC y de los
halones en la atmósfera. La mayoría de los CFC y de los halones
tienen tiempos de permanencia atmosférica de aproximadamente 50 a varios
centenares de años. Sin embargo, la situación
futura de la capa de ozono no depende meramente de las concentraciones estratosféricas
de cloro y de bromo producidos por el hombre. También está influenciada,
hasta cierto punto, por las cantidades atmosféricas cambiantes de varios
otros constituyentes de influencia humana tales como metano, óxido nitroso,
y partículas de sulfatos, así como por el clima cambiante de la
tierra. En consecuencia, no es probable que la capa de ozono sea idéntica
a la que existía antes del decenio de 1980. No obstante, el descubrimiento
y la caracterización del agotamiento del ozono como consecuencia de los
compuestos de cloro y de bromo y el cumplimiento pleno en todo el mundo de la
reglamentación internacional acerca de sus emisiones habrán eliminado
lo que hubiera sido, según lo ilustra la figura, un deterioro importante
de la pantalla protectora de rayos ultravioletas de la tierra.
¿Cómo pueden
llegar a la estratosfera los clorofluorocarbonos (CFC) si son más pesados
que el aire? 
¿Procede la mayoría del cloro en la estratosfera
de fuentes humanas o de fuentes naturales? 
¿Pueden atribuirse las modificaciones observadas
en el ozono a cambios naturales tales como los producidos por el sol y por erupciones
volcánicas? 
¿Cuándo apareció por primera vez
el agujero antártico de ozono? 
¿Porqué ha aparecido el agujero del ozono
por encima de la Antártida ocurriendo la liberación de CFC y de
halones principalmente en el hemisferio norte? 
¿Hay un agujero de ozono por encima del Ártico?

¿Produce el agotamiento de la capa de ozono un
aumento de la radiación ultravioleta al nivel del suelo? 
¿Es el agotamiento del ozono una de las causas
de los cambios climáticos? 
¿Cómo es en la actualidad el grado de
agotamiento de la capa de ozono? 
¿Se prevé una recuperación de la
capa de ozono? De ser así, ¿Cuándo? 