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Preguntas frecuentes: Grupo de evaluación de los efectos ambientales del agotamiento del ozono
Preguntas frecuentes acerca del ozono: Grupo de evaluación científica
Información General
Hay muy poco ozono en nuestra atmósfera, siendo el promedio de 3 moléculas de ozono por cada 10 millones de moléculas de aire. A pesar de esta pequeña cantidad, el ozono desempeña una función principal en la atmósfera. En este apéndice del Resumen Ejecutivo de la Evaluación científica del agotamiento del ozono: 1998 se da la respuesta a algunas de las preguntas dirigidas con más frecuencia acerca del ozono y acerca de los cambios que han ocurrido en años recientes. Estas preguntas y respuestas se basan en la información presentada en este informe de 1998 que fue preparado por 305 científicos procedentes de 35 países de todo el mundo. Por consiguiente, la información presentada en este lugar representa el conocimiento de un grupo numeroso de expertos de la comunidad científica internacional.
El ozono se encuentra principalmente en dos regiones de la atmósfera de la tierra. La mayoría del ozono (aproximadamente el 90%) reside en una capa que empieza a una distancia comprendida entre 8 y 18 kilómetros (5 y 11 millas) por encima de la superficie de la tierra y que se extiende hasta una altura aproximada de 50 kilómetros (30 millas). Esta región de la atmósfera se denomina la estratosfera. El ozono de esta región se denomina comúnmente la capa del ozono. El resto del ozono está en la región más baja de la tierra que comúnmente se denomina la troposfera. En la figura presentada a continuación se muestra un ejemplo de la forma en la que el ozono está distribuido por la atmósfera.
Las moléculas de ozono de estas dos regiones son químicamente idénticas puesto que todas están constituidas por tres átomos de oxígeno que tienen la misma fórmula química 03. Sin embargo, tienen efectos muy distintos en los seres humanos y en otros seres vivientes. El ozono estratosférico desempeña una función beneficiosa absorbiendo la mayoría de la luz del sol ultravioleta que es perjudicial biológicamente (denominada radiación UV-B), permitiendo que solamente una pequeña parte llegue a la superficie de la tierra. La absorción de la radiación ultravioleta por parte del ozono crea una fuente de calor que en realidad constituye la estratosfera propiamente dicha (una región en la que la temperatura aumenta a medida que se asciende a mayores altitudes). El ozono desempeña por lo tanto una función principal en la estructura de distribución de temperaturas por la atmósfera de la tierra. Sin la acción filtrante de la capa de ozono, más radiación UV-B del sol penetraría en la atmósfera y llegaría a la superficie de la tierra. Muchos estudios experimentales sobre plantas y animales y estudios químicos sobre seres humanos han demostrado los efectos nocivos de una exposición excesiva a la radiación UV-B.
En la superficie de la tierra el ozono se pone directamente en contacto con formas de vida y despliega su poder destructivo. Puesto que el ozono reacciona fuertemente con otras moléculas los elevados niveles de ozono son tóxicos para los sistemas vivientes. En varios estudios se han documentado los efectos dañinos del ozono en la producción de cosechas, en el crecimiento de los bosques y en la salud humana. Los efectos fundamentalmente negativos del ozono troposférico a nivel de superficie, por razón de esta toxicidad directa, contrasta con los beneficios del filtrado adicional de la radiación UV-B que proporciona.

La doble función del ozono conduce a dos asuntos ambientales separados. Existen inquietudes acerca del aumento del ozono en la troposfera. El ozono a baja altura es un componente principal de la neblina fotoquímica, un problema familiar en la atmósfera de muchas ciudades del mundo. Cantidades más elevadas del ozono a nivel de la superficie están siendo cada vez más observadas también en zonas rurales.
Existe un interés científico y del público muy extendido, e inquietudes acerca de pérdidas del ozono en la estratosfera. Los instrumentos de base terrestre y en satélites han medido disminuciones de la cantidad del ozono estratosférico en nuestra atmósfera. Sobre algunas partes de la Antártida se ha destruido aproximadamente hasta un 60% de la cantidad total de ozono (conocido como el ozono de la columna) durante la primavera antártica (septiembre-noviembre). Este fenómeno se denomina el agujero del ozono antártico. En las regiones polares árticas, ocurre un proceso similar que ha llevado también a un agotamiento químico importante del ozono de la columna durante la parte última del invierno y en la primavera, en seis de los últimos nueve años. La pérdida del ozono desde enero hasta finales de marzo ha sido ordinariamente del 20-25%, y las pérdidas por períodos más breves han sido superiores, dependiendo de las condiciones meteorológicas en la estratosfera del Ártico. Disminuciones más pequeñas pero también significativas en la estratosfera se han observado en otras regiones más pobladas de la tierra. Aumentos de la radiación UV-B en la superficie han sido observados en relación con disminuciones locales del ozono estratosférico, tanto con instrumentos de base terrestre como con instrumentos a bordo de satélites.
Las pruebas científicas acumuladas en más de dos decenios de estudio de la comunidad de investigadores internacionales han demostrado que las sustancias químicas producidas por el hombre son responsables del agotamiento observado de la capa de ozono. Los compuestos que agotan la capa de ozono contienen diversas combinaciones de los elementos químicos cloro, flúor, bromo, carbono, conocidos con las abreviaturas CFC. Los CFC, el tetracloruro de carbono y el metilcloroformo son gases importantes producidos por el hombre que agotan la capa de ozono y que han sido utilizados en muchas aplicaciones incluidas la refrigeración, el equipo de aire acondicionado, la espumación, la limpieza de componentes electrónicos y como disolventes. Otro grupo importante de halocarbonos producidos por el hombre son los halones que contienen carbono, bromo, flúor y (en algunos casos) cloro y que han sido principalmente utilizados como extintores de incendios. Los gobiernos han decidido que debe de interrumpirse la producción de los CFC, de los halones, del tetracloruro de carbono y del metilcloroformo (excepto para algunos pocos usos especiales), y la industria ha desarrollado sustitutos más "favorables al ozono".
Dos respuestas son naturales cuando se señala un nuevo problema: la cura y la prevención. Cuando el problema es la destrucción de la capa de ozono estratosférica, las preguntas correspondientes han sido las siguientes: ¿puede repararse el daño ya hecho? , ¿cómo puede impedirse su ulterior destrucción? . Se han investigado los remedios que pudieran: (1) retirar los CFC selectivamente de la atmósfera, (2) interceptar el cloro que agota la capa de ozono antes de que el agotamiento tenga lugar o (3) sustituir el ozono perdido en la estratosfera (quizás enviando el ozono desde ciudades que tienen mucha neblina o haciendo nuevo ozono). Sin embargo, por razón de que el ozono reacciona fuertemente con otras moléculas es demasiado inestable para producirlo en otras partes (p.ej., en la neblina de las ciudades) y transportarlo a la estratosfera. Considerando el enorme volumen de la atmósfera de la tierra y la magnitud del agotamiento de la capa de ozono estratosférico del mundo, los remedios propuestos se convierten rápidamente en algo demasiado caro, con demasiado consumo de energía, imposible de llevar a la práctica y posiblemente nocivo para el medio ambiente mundial.
La reparación implica el Protocolo de Montreal
y sus Enmiendas y Ajustes en los que se ha convenido en el foro internacional.
Este acuerdo regula la producción de los CFC y de otras sustancias que
agotan la capa de ozono. Se eliminó la producción de las sustancias
más dañinas para la capa de ozono excepto para unos pocos usos críticos,
al año 1996 en los países desarrollados y se eliminará al
año 2010 en los países en desarrollo. Como resultado, la concentración
total de cloro en la atmósfera inferior que será transportado a
la estratosfera ha llegado ya a un máximo. Las concentraciones en la estratosfera
llegarán probablemente a un valor máximo al final de este decenio
y seguidamente empezarán a disminuir lentamente a medida que los procesos
naturales retiran las sustancias que agotan la capa de ozono. Siendo iguales todos
los otros elementos, y adhiriéndose a los acuerdos internacionales se prevé
que la capa de ozono se recupere aproximadamente en los siguientes cincuenta años.
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