Crédito: PNUMA
22 Jan 2026 Destacados técnicos Nature Action

Estamos financiando el deterioro de la naturaleza. Veamos cómo revertirlo.

Crédito: PNUMA

Por cada dólar que el mundo invierte en proteger o restaurar la naturaleza, se gastan treinta dólares en actividades que la degradan. El nuevo informe del PNUMA, State of Finance for Nature 2026 (El Estado de la financiación para la naturaleza 2026), muestra cómo este desequilibrio está acelerando el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación, y por qué reorientar los flujos financieros es ahora uno de los instrumentos más poderosos a disposición de los gobiernos, las empresas y las y los inversionistas.

“El que las inversiones fluyan hacia la destrucción de la naturaleza o hacia su protección determinará si viviremos en junglas de cemento climáticamente vulnerables o en ciudades verdes y resilientes al cambio climático”, afirma Inger Andersen, Directora Ejecutiva del PNUMA.

El informe presenta una hoja de ruta clara: eliminar gradualmente las inversiones dañinas, ampliar las soluciones basadas en la naturaleza (SbN) de alta integridad, y construir una economía que trabaje con la naturaleza, y no contra ella. 

¿Por qué siguen predominando tanto las inversiones nocivas? 

En 2023, se estima que unos US$ 7.3 billones fluyeron hacia actividades que dañan los ecosistemas y socavan los objetivos climáticos y de biodiversidad. La mayor parte provino de capital privado en los sectores de energía, servicios públicos, industrias y materiales básicos, así como de subsidios públicos a las industrias de los combustibles fósiles, la agricultura, el agua, el transporte y la construcción. 

En contraste, solo US$ 220.000 millones respaldaron las SbN. Casi el 90 % de ese monto provino del gasto público; las contribuciones del sector privado ascendieron apenas a US$ 23.000 millones.

El desequilibrio —30:1 a favor de las finanzas perjudiciales para la naturaleza— es evidente. 

¿Qué tan lejos estamos de donde debemos estar?

Para alcanzar las metas mundiales de biodiversidad, clima y restauración de tierras, la financiación anual para SbN debe aumentar 2,5 veces hasta alcanzar US$ 571.000 millones para 2030. Esto equivale aproximadamente al 0,5 % del PIB mundial —un cambio modesto en comparación con la magnitud de los flujos perjudiciales que ya existen en el sistema—.

Redirigir incluso una fracción de los billones que actualmente se gastan en actividades nocivas para la naturaleza cerraría la brecha. 

¿Cómo puede empezar el mundo este cambio financiero? 

El informe presenta la Curva X de la Transición hacia la Naturaleza, un nuevo marco que orienta a gobiernos y empresas sobre cómo redirigir los flujos de capital.Describe dos transiciones simultáneas, que se refuerzan mutuamente:

  • Eliminar gradualmente las inversiones destructivas y los subsidios perjudiciales.
  • Ampliar las SbN de alta integridad y las inversiones positivas para la naturaleza que catalizan una “economía de transición hacia la naturaleza”.

Este es el plan de acción para pasar de una economía negativa para la naturaleza a una economía positiva para la naturaleza. 

¿Son realistas las opciones positivas para la naturaleza para el mundo empresarial? 

Sí, y abarcan todos los sectores principales. Sus oportunidades incluyen: 

  • Agricultura regenerativa y silvicultura sostenible.
  • Cadenas de suministro libres de deforestación.
  • Créditos de biodiversidad y mercados de carbono de alta integridad.
  • Bonos vinculados a la naturaleza y financiamiento verde innovador.
  • Reverdecimiento urbano y desarrollo urbano resiliente.

El impulso está creciendo. Más de 700 organizaciones, que representan US$ 20 billones en activos, ya han adoptado el Taskforce on Nature-related Financial Disclosures (TNFD, o Grupo de Trabajo sobre Divulgaciones Financieras relacionadas con la Naturaleza) para evaluar y gestionar sus dependencias en e impactos a la naturaleza. 

¿Este cambio ya está ocurriendo en otras esferas?

Sí. Gobiernos y empresas en todo el mundo ya están dando pasos hacia una transición positiva para la naturaleza. Algunos ejemplos incluyen:

  • Reverdecer ciudades para contrarrestar los efectos de isla de calor y mejorar su habitabilidad.
  • Integrar la naturaleza directamente en el diseño de infraestructuras.
  • Producir materiales de construcción que almacenen carbono en lugar de liberarlo.
  • Apoyar canjes de deuda por naturaleza.
  • Ampliar la protección y restauración de ecosistemas.

Estos proyectos demuestran que la transición no es solo hipotética: ya está en marcha. 

¿Cuál es la conclusión? 

Una economía de transición hacia la naturaleza, valorada en billones de dólares, está a nuestro alcance. Pero lograrla requiere cambiar el destino de los flujos financieros: alejarlos de las actividades que dañan la naturaleza y orientarlos hacia soluciones que la restauran. Redirigir incluso una pequeña parte de las inversiones destructivas actuales bastaría para remodelar los mercados mundiales, fortalecer la resiliencia y proteger los ecosistemas que sustentan la vida.

El informe State of Finance for Nature 2026 (El Estado de la financiación para la naturaleza 2026) explica cómo iniciar este cambio —y por qué el mundo no puede permitirse otro retraso—.