Lanzado durante las discusiones sobre pérdidas y daños en la pasada Conferencia de Cambio Climático de Bonn, un nuevo informe del Centro de Clima de Copenhague del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA‑CCC) examina cómo los países están reflejando sus pérdidas e impactos relacionados con la salud dentro de sus marcos de política climática nacional.
El informe, Loss and Damage Beyond Economics (Pérdidas y Daños Más Allá de lo Económico), evalúa cómo los países abordan sus pérdidas no económicas, particularmente las relacionadas con la salud, en sus planes climáticos nacionales, incluyendo sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés), sus Planes Nacionales de Adaptación (NAP, idem) y sus Planes Nacionales de Adaptación en Salud.
Los hallazgos llegan en un momento en que los impactos del cambio climático sobre la salud se intensifican en todo el mundo, con muertes relacionadas con el calor que alcanzan casi 500.000 cada año y se proyecta que aumenten aún más.
“El cambio climático es cada vez más una crisis de salud pública”, dijo Anne Olhoff, directora del PNUMA‑CCC. “Los países están reconociendo esto, pero se necesita acción urgente para convertir esa conciencia en políticas prácticas y apoyo.”
El análisis encuentra referencias crecientes a impactos en la salud física y mental en las estrategias climáticas nacionales, particularmente en los NAP.
Sin embargo, hay evidencia limitada de que estos riesgos se estén traduciendo en medidas operativas, mecanismos de financiamiento o vías de implementación, lo que resalta los desafíos persistentes para pasar del reconocimiento a la acción efectiva.
Esto ocurre a pesar de la magnitud del desafío: 3.600 millones de personas ya viven en áreas altamente vulnerables al cambio climático, lo que ejerce una enorme presión sobre los sistemas de salud y las comunidades.
Si bien los impactos climáticos suelen medirse en términos económicos, el informe subraya que muchas de las consecuencias más graves no pueden cuantificarse financieramente, incluyendo la pérdida de vidas, los impactos en la salud mental y la erosión de la cohesión social.
A nivel mundial, el costo económico de los impactos climáticos ya es severo, con al menos US$ 2.8 billones en pérdidas y daños registrados entre 2000 y 2019, aunque esas cifras capturan solo una parte de la realidad.
“Muchos impactos climáticos son irreversibles y profundamente personales”, añadió Olhoff. “Abordar las pérdidas y daños se trata, en última instancia, de proteger a las personas, no solo a las economías.”
El informe llegó mientras las naciones reunidas en Bonn avanzaban en las discusiones sobre ampliar el apoyo para abordar pérdidas y daños bajo el proceso climático de la ONU, incluyendo la operacionalización del Fondo para Responder a Pérdidas y Daños.
Para ayudar a cerrar la brecha entre reconocimiento y acción, el informe identifica áreas prioritarias donde los países pueden fortalecer sus enfoques nacionales. Estas incluyen:
- integrar la salud de manera más sistemática en las políticas climáticas nacionales, incluyendo las NDC y los NAP, para ir más allá de referencias generales hacia respuestas políticas claramente definidas;
- desarrollar datos, indicadores y enfoques de evaluación para capturar mejor las pérdidas no económicas, como impactos en la salud física y mental, desplazamiento y bienestar, que aún se miden de manera insuficiente; y
- fortalecer las vías de financiamiento y la planificación de implementación para abordar la brecha entre el reconocimiento de los riesgos de salud y la falta de respuestas operativas y mecanismos de financiamiento.
A medida que los riesgos de salud relacionados con el clima continúan creciendo, fortalecer la implementación será importante para apoyar respuestas nacionales efectivas y sostenidas, señalan las y los especialistas.


