Crédito: PNUMA CTCN/Miranda Rikki Tasker
13 Oct 2025 Reportaje Climate Action

Al reducir el riesgo de desastres, la protección de la naturaleza demuestra ser una inversión financiera inteligente

Crédito: PNUMA CTCN/Miranda Rikki Tasker

La frecuencia de los desastres se ha cuadruplicado en las últimas dos décadas en comparación con la década de 1970. Estos eventos catastróficos, cada vez más intensos y de mayor magnitud, causan estragos en la vida de millones de personas y generan pérdidas económicas espantosas, resaltando la urgente necesidad de actuar. 

Los informes oficiales suelen centrarse en los daños a la infraestructura; sin embargo, estos eventos también tienen numerosas consecuencias indirectas para la naturaleza, la salud pública, la educación y los medios de vida, con efectos en cadena que pueden durar años.

Si se consideran todas sus consecuencias, el costo anual de los desastres podría alcanzar los US$ 2,3 billones.

Invertir en prevención para reducir los altos costos

Algunas regiones están desproporcionadamente expuestas a los desastres y a los efectos del cambio climático, lo que se ve agravado por su dependencia de la agricultura de secano y por la debilidad de sus sistemas de alerta temprana. África, por ejemplo, soporta una gran carga debido a las inundaciones, las sequías y los ciclones, que amenazan tanto a su población como a sus economías. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) trabaja con aliados para ayudar a restaurar ecosistemas saludables y demostrar su papel como barreras naturales que pueden reducir los riesgos de desastre y, al mismo tiempo, apoyar los medios de vida.

“Este año ha sido el mayor llamado de atención que hemos tenido en Tanzanía en cuanto a lo que el cambio climático está haciendo a las familias rurales”, afirma Mirey Atallah, líder de la Subdivisión de Adaptación y Resiliencia del PNUMA. “Necesitamos actuar con rapidez en mitigación y adaptación. De lo contrario, no solo se descompondrá el clima, sino también las propias comunidades”.

Durante los últimos siete años, el PNUMA, el Gobierno de la República Unida de Tanzanía y el Fondo para el Medio Ambiente Mundial han trabajado para ayudar a las comunidades a adaptarse a un clima más seco y a patrones de lluvia más erráticos, mediante la plantación de más de 350.000 árboles y la estabilización de las riberas de los ríos. Este proyecto ilustra cómo cada dólar invertido en resiliencia basada en los ecosistemas puede reducir las pérdidas futuras, proteger los medios de vida y salvar vidas.

“El proyecto ha proporcionado una red de seguridad frente a la volatilidad del cambio climático”, señala Atallah. “Ahora, cuando el clima extremo arrasa con las tierras de cultivo, las familias tienen otras alternativas a las que recurrir”.

Aprovechando la naturaleza frente a los desastres

La degradación de los ecosistemas, como los bosques, los humedales y los sistemas costeros, incrementa el riesgo de desastres y hace que las comunidades sean más vulnerables. La Reducción del Riesgo de Desastres basada en los Ecosistemas (Eco-DRR, por sus siglas en inglés) ofrece una solución poderosa al restaurar y proteger estos sistemas naturales para reducir los peligros, fortalecer la resiliencia y proteger tanto a las personas como a la naturaleza.

“Nuestros manglares son la única protección que tenemos. Sin ellos, todo nos golpea con más fuerza”, dice Yolanda Garcés Ortiz, habitante de la aldea de Cuerval, en la costa pacífica de Colombia.   

Una sólida solución basada en la naturaleza (SbN) frente a los efectos del cambio climático, los manglares pueden reducir hasta en un 70 % la energía de los oleajes y disminuir en un 20 % la profundidad de las inundaciones. Son cinco veces más rentables que las defensas costeras artificiales y pueden ahorrar miles de millones de dólares de los EE. UU. en daños. Sin embargo, en los últimos 40 años, Colombia ha perdido el 14 % de sus manglares.

Aprovechando los beneficios de estos ecosistemas protectores, la iniciativa Cuerval Sostenible trabaja con las comunidades para restaurar los manglares colombianos y proteger su costa pacífica de las tormentas, ofreciendo una protección rentable a largo plazo y, al mismo tiempo, apoyando los medios de vida de las comunidades locales.

“Estas iniciativas no solo ayudan a proteger el medio ambiente y a reducir las consecuencias de los desastres: también tienen mucho sentido desde el punto de vista económico”, afirma Cecilia Aipira, líder de la Subdivisión de Desastres y Conflictos del PNUMA. “Lo que necesitamos con urgencia es ampliar la financiación”.    

Financiamiento innovador

Al transformar el financiamiento de asignaciones marginales a inversiones dominantes centradas en las SbN, los países pueden fortalecer su resiliencia y reducir los riesgos de desastre, al tiempo que ahorran costos. En última instancia, esta estrategia generará crecimiento económico y resultados positivos en materia de desarrollo.

Sin embargo, a pesar de sus comprobados beneficios, actualmente solo una pequeña parte de la financiación climática mundial se destina a la reducción del riesgo de desastres, y apenas el 3 % de ella se dirige a las SbN. Para alcanzar los objetivos de la ONU en materia de clima, biodiversidad, restauración de tierras y resiliencia ante desastres, las inversiones anuales deben triplicarse hasta alcanzar los US$ 542.000 millones para 2030.

Nuevos fondos e innovadores mecanismos de financiamiento ofrecen una perspectiva prometedora para el futuro. El Fondo Verde para el Clima (GCF, por su sigla en inglés) demuestra cómo el financiamiento a gran escala puede integrar las SbN en la adaptación al cambio climático. Con más de US$ 10.300 millones comprometidos, US$ 3.500 millones asignados y US$ 1.400 millones invertidos, el GCF demuestra cómo los recursos públicos pueden canalizar inversiones del sector privado hacia soluciones climáticas innovadoras y rentables. La financiación pública del GCF se utiliza para crear una plataforma que fomente y canalice la inversión del sector privado en soluciones climáticas.

Mecanismos innovadores como los modelos de pago por resultados, las finanzas combinadas y los canjes de deuda por naturaleza ofrecen a los países en desarrollo nuevas formas de financiar la Reducción del Riesgo de Desastres basada en los Ecosistemas (Eco-DRR) y otras SbN, vinculando los fondos a resultados medibles. Estas iniciativas ayudan a desbloquear recursos para la resiliencia climática, al tiempo que protegen los ecosistemas y a las comunidades que dependen de ellos.  

La reducción del riesgo de desastres en cifras:  

  • En 2024, 393 desastres registrados afectaron a 167 millones de personas, provocaron más de 16.700 muertes y causaron más de US$ 240.000 millones en pérdidas materiales.  
  • Si se consideran tanto los impactos directos como los indirectos, el costo anual estimado de estos desastres podría alcanzar los US$ 2,3 billones —11 veces más que las cifras que suelen reportarse.  
  • A pesar de su comprobada eficacia, las SbN están gravemente subfinanciadas, recibiendo alrededor de US$ 200.000 millones —apenas un tercio del nivel necesario para alcanzar los objetivos climáticos, de biodiversidad y de restauración de tierras de la ONU para 2030. La mayoría de estos fondos provienen de fuentes públicas, mientras que el sector privado aporta solo el 18 %.   
  • Estudios detallados demuestran que por cada US$ 1 invertido en reducción del riesgo de desastres, se obtiene un rendimiento promedio de US$ 15 en costos evitados de recuperación tras desastres futuros.  
  • Por cada EUR 1 invertido en la creación de zonas de retención de agua en Europa, se pueden ahorrar EUR 4 en daños evitados en un escenario de calentamiento de 3 °C.  

Este reportaje respalda la conmemoración del Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres 2025, bajo el lema: “Financiar la resiliencia, no los desastres”.