Justin Jin/PNUMA
29 Jun 2026 Reportaje Chemicals & pollution action

El costo ambiental oculto de tus jeans —y lo que se está haciendo al respecto—

Justin Jin/PNUMA

Pocas prendas son tan universales como un par de jeans. Desde 1873, cuando se añadieron remaches de cobre a los pantalones de trabajo de mezclilla para reforzar los bolsillos, en un diseño patentado por el empresario Levi Strauss, los jeans azules han cruzado fronteras, clases sociales y generaciones. Desde granjas hasta festivales y pasarelas de la alta costura, los jeans están en todas partes.

A pesar de su aspecto a menudo humilde, los jeans son el resultado de una compleja cadena de valor global. Detrás de cada prenda existe una red mundial de extracción de recursos naturales, manufactura y transporte, sin mencionar el diseño y la comercialización del producto.

“La complejidad de todo lo que implica fabricar un solo par de jeans es alucinante”, afirmó la supermodelo y Embajadora de Buena Voluntad del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), Amber Valletta, durante una reciente visita a una fábrica de mezclilla en Túnez. “Hay cientos de manos involucradas en la elaboración de un solo par de jeans. Es increíble”.

Mujeres tunecinas retocan prendas de mezclilla.
La ropa de mezclilla es uno de los productos más intensivos en recursos de la industria de la confección. La producción de un solo par de jeans puede requerir 3.800 litros de agua. (Justin Jin/PNUMA)

Pero ¿puede un sistema tan amplio y complejo mantenerse dentro de los límites ambientales?

Esa es la pregunta que Valletta se propuso responder en un nuevo documental producido por el PNUMA. Recorrió fábricas de mezclilla en Túnez para observar prácticas de manufactura sostenible en acción y conversar con quienes lideran el impulso hacia la creación de jeans más respetuosos con el planeta.

La industria de la moda y los textiles figura entre las más contaminantes del mundo. También agrava el cambio climático y consume enormes cantidades de recursos naturales. Y la mezclilla es uno de los productos más intensivos en recursos de la industria. La producción de un solo par de jeans puede requerir 3.800 litros de agua, según la marca Levi’s. Muchos jeans también necesitan grandes cantidades de energía y productos químicos para lograr determinados colores y efectos especiales.

La supermodelo Amber Valletta, de pie en un pasillo lleno de telas.
La modelo y Embajadora de Buena Voluntad del PNUMA, Amber Valletta, recorrió fábricas de mezclilla en Túnez para observar prácticas de manufactura sostenible en acción. (Justin Jin/PNUMA)

Aunque gran parte de la mezclilla del mundo se produce y confecciona en Asia, Túnez se encuentra entre los principales proveedores de prendas de mezclilla terminadas para la Unión Europea (UE), con cerca del 8 % de la cuota de mercado el año pasado. La proximidad geográfica de esta nación del norte de África a Europa permite tiempos de entrega rápidos, lo que ayuda a las marcas a responder al mercado y mantenerse al día con las tendencias.

Los fabricantes tunecinos son auditados regularmente para verificar el cumplimiento de las normas y expectativas de la UE, que se han centrado cada vez más en la trazabilidad, la transparencia, la durabilidad y el desempeño ambiental.

“La industria se encuentra ahora bajo una fuerte presión”, afirmó Bilel Ben Miled, Gerente de Sostenibilidad del Grupo Gonser, cerca de Túnez, dos de cuyas fábricas aparecen en el documental. “Las marcas, la clientela, las y los consumidores finales e incluso los gobiernos están exigiendo productos sostenibles y de bajo impacto”.

Un teléfono móvil lee un código QR en un par de jeans.
Los pasaportes digitales de producto, que pronto serán obligatorios en la Unión Europea, revelarán de dónde proviene una prenda, qué contiene y si puede reciclarse. (Justin Jin/PNUMA)

Esta presión suele tener un efecto en cadena: los gobiernos imponen requisitos ambientales a las marcas, y estas, a su vez, exigen a sus proveedores cumplir esas normas, quienes se arriesgan a ser sustituidos por otros fabricantes que sí puedan hacerlo.

En Gonser Denim Revolution (GDR), la sostenibilidad ha aumentado con el tiempo mediante una serie de mejoras. Por ejemplo, productos químicos como el permanganato de potasio y el hipoclorito, utilizados durante mucho tiempo para crear determinados efectos en la mezclilla, están siendo eliminados gradualmente en favor de alternativas más seguras que pueden ofrecer resultados similares con un menor impacto ambiental.

De manera crucial, el agua utilizada para lavar los jeans en distintas etapas de su proceso de producción es tratada y reciclada. Según Ben Miled, esta y otras mejoras tecnológicas pueden ayudar a reducir en un 75 % la cantidad de agua empleada para producir un solo par de jeans. Esto es especialmente importante en un país propenso a sequías prolongadas.

Un hombre rocía tinte sobre unos jeans.
Los fabricantes de jeans en Túnez están reduciendo el uso de productos químicos durante la manufactura ante las nuevas normas establecidas por la Unión Europea, uno de sus principales mercados de exportación. (Justin Jin/PNUMA)

 

Mientras tanto, otro fabricante, DEMCO, también ha comenzado a utilizar maquinaria que lava los jeans con gas ozono o con cantidades mínimas de agua ozonizada para blanquear o desgastar la mezclilla. Esto reduce cerca del 90 % del agua utilizada, explicó Johnny De Miersman, Fundador y Director Ejecutivo de la empresa.

El desafío consiste en encontrar procesos que logren la misma calidad “sin generar problemas para el medio ambiente ni para quien usará la prenda”, explicó De Miersman.

Aquí es donde entra en juego el programa InTex del PNUMA. Financiado por la Unión Europea y el Gobierno de Dinamarca, y parte de la Iniciativa Textil del PNUMA, InTex trabaja con pequeñas y medianas empresas de países productores de textiles para apoyar su sostenibilidad y circularidad. La iniciativa ayuda a las fábricas a recopilar y analizar datos operativos para comprender mejor dónde se producen los mayores impactos ambientales y qué intervenciones prácticas pueden generar las mejoras más medibles.

Un hombre de pie frente a una gran máquina.
Los fabricantes tunecinos son auditados regularmente para verificar el cumplimiento de las normas y expectativas de la UE, que se han centrado cada vez más en la trazabilidad, la durabilidad y el desempeño ambiental. (Justin Jin/PNUMA)

Para Ben Miled, las evaluaciones del ciclo de vida apoyadas por InTex ayudaron a transformar la sostenibilidad de una ambición general en un plan de acción. “Gracias a esto, sabemos dónde podemos mejorar el impacto ambiental y dónde podemos reducir nuestra huella”, afirmó.

Aunque GDR y DEMCO han incorporado la sostenibilidad en su filosofía desde sus inicios, para muchas fábricas la transición hacia una producción más limpia y ecológica está siendo impulsada principalmente por las políticas públicas. La Unión Europea está promoviendo nuevas normas que entrarán en vigor en 2027 y 2028, entre ellas requisitos de ecodiseño y pasaportes digitales de producto, que documentan la sostenibilidad de los materiales utilizados en la fabricación de prendas. En última instancia, esto fomenta la transparencia y permite que los consumidores conozcan realmente lo que están comprando.

Un hombre y una mujer observan una piscina de tratamiento de aguas residuales.
Las plantas de tratamiento de aguas residuales de las fábricas garantizan que la mayor parte del agua utilizada en los procesos de acabado sea reciclada y reutilizada dentro de la fábrica. (Justin Jin/PNUMA) 

“El pasaporte digital de producto nos está impulsando a documentar absolutamente todo sobre una prenda: desde la fibra, la composición y el lavado, hasta la trazabilidad relacionada con el reciclaje y todo lo que sucede después”, explicó Alison De Miersman, Directora Creativa de DEMCO. Durante una demostración, mostró a Valletta un código QR en una prenda que revelaba el origen del algodón, los botones, los remaches y el hilo.

En DEMCO, la sostenibilidad no se limita a lo que ocurre en la fábrica. Comienza mucho antes: en la mesa de diseño. Además de explorar el uso de fibras recicladas, la empresa está evaluando opciones respetuosas con el medio ambiente para elementos como botones, hilos y forros de bolsillos. Aunque estos componentes suelen pasar desapercibidos para quienes compran la prenda, pueden determinar si un par de jeans dura más tiempo, utiliza menos recursos, contiene productos químicos más seguros y puede reciclarse con mayor facilidad.

“Tenemos el potencial de revolucionar la industria y cambiarla de manera sistémica”, afirmó Valletta.

Un hombre empuja un carro lleno de jeans dentro de una fábrica.
Aunque quienes consumen pueden desempeñar un papel exigiendo mezclilla más sostenible, las y los especialistas afirman que son los gobiernos y la industria quienes deben liderar la transición hacia la sostenibilidad. (Justin Jin/PNUMA)

“Aunque quienes consumen pueden contribuir exigiendo mezclilla más sostenible, los gobiernos y la industria deben liderar el esfuerzo”, afirmó Claudia Giacovelli, quien dirige el programa InTex del PNUMA.

“Los gobiernos deben establecer reglas claras para la sostenibilidad”, señaló. “Las marcas deben diseñar teniendo en cuenta la sostenibilidad y la circularidad, al tiempo que apoyan a sus proveedores en la transición para abandonar prácticas perjudiciales para el medio ambiente. Y los fabricantes deben seguir invirtiendo en tecnologías más limpias y procesos de producción más inteligentes”.

Representantes del sector afirman que la sostenibilidad de la mezclilla estará determinada, en última instancia, por una multitud de decisiones a lo largo de la cadena de valor en los próximos años. Mientras ese proceso se desarrolla, Valletta señaló que es importante recordar que cada prenda tiene un costo ambiental y que incluso la camiseta más sencilla no debería considerarse desechable.

“Proviene de la Tierra”, dijo. “Hubo muchas manos y muchos procesos distintos involucrados en su elaboración. Viajó por todo el mundo solo para llegar hasta ti y tu guardarropa”.


Escrito por Gabrielle Lipton

Revisado por Claudia Giacovelli, Bettina Heller, Elisa Tonda