Crédito: Matt Hardy / Unsplash
08 Jun 2026 Reportaje Ocean, seas and coasts

Cómo los acuerdos globales están salvando los mares del planeta

Crédito: Matt Hardy / Unsplash

A inicios de los 70, un viaje a las playas de Nápoles, Italia era como lanzar los dados.

Las aguas costeras de la ciudad estaban tan saturadas de aguas servidas y desechos industriales que, un verano, cerca del 20% de turistas de Bélgica y Francia afirmaron haber contraído una enfermedad infecciosa tras darse un baño.

Si bien la situación en Nápoles acaparó los titulares, desastres ambientales similares se estaban desarrollando en todo el mar Mediterráneo a inicios de los 70. Una combinación de rápida industrialización, crecimiento poblacional vertiginoso y leyes ambientales laxas había convertido al Mediterráneo en uno de los cuerpos de agua más contaminados del mundo.

Pero eso pronto empezaría a cambiar. En 1974, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) reunió a casi dos docenas de naciones para elaborar un plan que salvara el Mediterráneo. El trabajo fue posible gracias a las contribuciones al Fondo para el Medio Ambiente, la fuente principal de financiamiento flexible del PNUMA, que había sido establecido un año antes. 

El resultado de las negociaciones fue el Convenio de Barcelona, un pacto de 1976 que impuso estrictos límites a la contaminación en el mar. El acuerdo celebró su 50.º aniversario a comienzos de este año.

“El convenio fue un logro histórico”, afirma AlbertoPachecoCapella, Jefe de la Subdivisión de Mares Regionales del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). “Llegó en un momento crítico para el Mediterráneo y estableció el modelo para décadas de diplomacia ambiental”.

El Convenio de Barcelona marcó el primer éxito del incipiente Programa de Mares Regionales, que desde entonces ha evolucionado hasta convertirse en un esfuerzo de alcance mundial para proteger los cuerpos de agua salada del planeta. El programa se fundó sobre la idea de que la cooperación internacional es vital para proteger los mares, que proporcionan alimentos y empleos a cientos de millones de personas en todo el mundo.

Hoy, más de 145 países participan en acuerdos de mares regionales, que abarcan 18 cuerpos de agua, desde el Golfo Arábigo hasta el mar Caribe. Estos convenios y planes de acción, algunos de los cuales contienen normas jurídicamente vinculantes, ponen énfasis en la formulación de políticas respaldadas por la ciencia. Han desempeñado un papel fundamental en la protección de la biodiversidad, la contención de la contaminación, el fortalecimiento de las economías basadas en los océanos, la circulación de ciencia de vanguardia y el apoyo a las comunidades costeras, especialmente aquellas que enfrentan los efectos del cambio climático.

“A lo largo de las décadas, el Programa de Mares Regionales ha demostrado lo que es posible cuando los países trabajan juntos”, señala Pacheco Capella. “También muestra cómo este tipo de cooperación internacional puede mejorar la vida de quienes viven cerca de los mares y dependen de ellos para su sustento”.

El éxito del Programa de Mares Regionales también es un testimonio de la importancia del Fondo para el Medio Ambiente, afirma Soomi Ro, Directora de la División de Servicios Corporativos del PNUMA. Además de sustentar la diplomacia de los años 70 y el poder de convocatoria del PNUMA para que las naciones trabajaran juntas, el Fondo apoyó lo que se convertiría en programas de mares regionales en todo el mundo, desde el Caribe hasta el océano Índico y Asia oriental.

Hoy, el Fondo para el Medio Ambiente respalda la elaboración de orientaciones técnicas y la implementación de actividades específicas en todo el Programa de Mares Regionales. Contribuye a la creación de planes de acción estratégicos para los distintos convenios, los más recientes de los cuales abarcan el período de 2026 a 2029. Y respalda trabajos técnicos, como el Marco de Indicadores de Mares Regionales, que fortalece la capacidad de los países para generar datos e información relevantes para las políticas sobre cuestiones de interés.

El Fondo también ayuda a las naciones a cumplir sus compromisos en virtud de acuerdos internacionales, como el Acuerdo Relativo a la Diversidad Biológica Marina de las Zonas Situadas Fuera de la Jurisdicción Nacional, un pacto histórico que extiende las protecciones ambientales a la alta mar.

“El financiamiento básico al Fondo para el Medio Ambiente es fundamental para llevar a cabo esfuerzos, como el Programa de Mares Regionales, que trascienden fronteras y décadas”, afirma Ro. “Le da al PNUMA la flexibilidad que necesita para realizar ciencia, sensibilizar a la opinión pública y congregar a las naciones”.

Los mares del mundo siguen bajo presión por una serie de amenazas causadas por la actividad humana. En muchos lugares, la sobreexplotación pone en riesgo el futuro de pesquerías cruciales. El cambio climático podría acabar prácticamente con todos los corales de aguas cálidas en este siglo. Y cada día, el equivalente a 2.000 camiones de basura llenos de plástico se vierte en los océanos, ríos y lagos del mundo.

Pero en algunos lugares, como el mar Mediterráneo, las cosas están mejorando. El arco del Golfo de Nápoles —que alguna vez fue un refugio para el tifus y la hepatitis— ahora cuenta con una docena de playas que han sido reconocidas internacionalmente por su limpieza y sostenibilidad.

“El Mediterráneo está demostrando que es posible revertir la suerte de mares en declive, y que el desarrollo y la sostenibilidad pueden ir de la mano”, afirma Pacheco Capella.  

 

Escrito por Andrew Raven 

Revisado por Esther Maina, Alberto Pacheco Capella