Crédito: Duncan Moore / PNUMA
13 Feb 2026 Reportaje Nature Action

De la corteza al cóctel: cómo la cascarilla está transformando vidas en Las Bahamas

Crédito: Duncan Moore / PNUMA

A primera hora de la mañana, antes de que el calor se vuelva insoportable, Phillip Williamson se abre paso a machetazos por una densa zona de matorral, envuelto en un enjambre de mosquitos. Corta marañas de enredaderas y evita con cuidado aquellas hojas que provocan sarpullido. Tras varias horas de lo que las y los residentes del sudeste de Bahamas llaman “rambling” —o serpentear, porque es casi imposible avanzar en línea recta entre una vegetación tan densa—, Williamson por fin encuentra lo que busca: un arbusto llamado Croton eluteria, conocido comúnmente como cascarilla, originario del Caribe septentrional.

La cascarilla, una planta de aspecto modesto nativa del norte del Caribe, aporta un ingrediente esencial pero poco conocido fuera del circuito de bares de cócteles de todo el mundo. El aceite presente en su corteza confiere los sabores especiados y herbales al aperitivo Campari, que se usa para preparar bebidas populares como el Negroni y el Boulevardier. Pocas personas saben que la cascarilla se recolecta principalmente en un puñado de islas de Las Bahamas. Menos aún son conscientes de que la alta demanda mundial y el aumento de los precios de la corteza de esta planta ahora amenazan con llevarla —junto con los medios de vida que sostiene— más allá de los límites de la naturaleza.

Las Bahamas es ampliamente conocida por el turismo, un sector que representa más del 50 % del PIB del país. Sin embargo, las islas del sudeste del país, como Acklins, están fuera de las rutas más transitadas por la mayoría de sus visitantes. La mayor parte de los 400 kilómetros cuadrados de Acklins está cubierta por matorrales, lo que ofrece pocas oportunidades económicas para sus habitantes, que no superan las 1.000 personas. “Vivir en Acklins es difícil. Nada crece con facilidad”, dice Williamson, nativo de la isla, con 71 años de edad.

La recolección de corteza de cascarilla —“barking”, o descortezar, como la llaman localmente— ha sido durante mucho tiempo una práctica tradicional y una apreciada fuente de ingresos. Williamson recuerda que, a los 11 años, vendía la corteza a US$ 0,50 por libra (poco menos de medio kilogramo) para pagar sus tasas de examen. “La cascarilla siempre ha sido una parte esencial de la vida en Acklins. Es dinero honrado, es trabajo duro”, afirma.
 

La Isla Acklins, fotografiada desde los cielos.
La Isla Acklins, fotografiada desde los cielos. Crédito: Duncan Moore / PNUMA

En los últimos años, el aumento de la demanda mundial de cascarilla ha atraído a nuevos compradores al mercado, provocando un marcado incremento de sus precios, de alrededor de US$ 5 por libra en 2023 a US$ 15 este año. El aumento de precios ha mejorado significativamente la vida de muchas y muchos isleños, reposicionando a esta planta como un salvavidas económico en una zona históricamente relegada, al tiempo que reduce la dependencia excesiva del turismo.

No obstante, esta industria en crecimiento exige una atención constante si se quiere que continúe de manera sostenible. En ausencia de regulación gubernamental y de prácticas forestales sostenibles, la cascarilla enfrenta riesgos como la sobreexplotación, lo que amenaza tanto a la planta como a sus promesas de prosperidad para la comunidad de la isla.

Este desafío local refleja lo que ocurre a escala mundial. Miles de millones de personas dependen de especies silvestres para su alimentación, energía, ingresos y medicina, pero la gestión no sostenible de estos recursos está impulsando una crisis de la naturaleza que ahora pone en peligro la supervivencia de un millón de especies. Compromisos internacionales como el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal buscan hacer frente a esta situación fomentando la protección, restauración y uso sostenible de la biodiversidad para 2030.
 

Phillip Williamson, nativo de Acklins de 71 años, revisa los árboles de cascarilla que crecen en una parcela demostrativa administrada por la Acklins Islanders Cooperative Society o Sociedad Cooperativa de las y los Isleños de Acklins.
Phillip Williamson, nativo de Acklins de 71 años, revisa los árboles de cascarilla que crecen en una parcela demostrativa administrada por la Acklins Islanders Cooperative Society o Sociedad Cooperativa de las y los Isleños de Acklins. Crédito: Duncan Moore / PNUMA

“Cuando se sobreexplota la naturaleza, los medios de vida de las personas sufren”, afirma Christopher Cox, responsable técnico del proyecto en el PNUMA. “Al actuar ahora para gestionar sus recursos de manera sostenible, comunidades como las de Acklins pueden demostrar cómo se materializan los compromisos de biodiversidad a nivel local.”   

El Bahamas Pine Islands Project  o Proyecto de las Islas de Pino de Las Bahamas, financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM, también conocido como GEF por sus siglas en inglés) y ejecutado en asociación con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), busca impulsar la recolección sostenible de recursos forestales como la cascarilla en el sur de Las Bahamas —y, a su vez, aumentar los beneficios económicos— mediante la mejora de prácticas sólidas de gestión del paisaje, desde el plano normativo hasta el local.

Pesaje de corteza de cascarilla para exportación en la Sociedad Cooperativa de las y los Isleños de Acklins.
Pesaje de corteza de cascarilla para exportación en la Sociedad Cooperativa de las y los Isleños de Acklins. Crédito: Duncan Moore / PNUMA

“Este es el momento crucial para poner estos sistemas en marcha”, señala Kirk Cunningham, Oficial Forestal de la Unidad Forestal de Las Bahamas, destacando que la cascarilla puede convertirse en uno de los productos más viables y sostenibles del país a largo plazo. “Debemos preservarla para las generaciones futuras”.

En 2023, con el apoyo del Proyecto, Philip Williamson y otras y otros líderes comunitarios crearon la Acklins Islanders Cooperative Society o Sociedad Cooperativa de las y los Isleños de Acklins, que pudo romper un antiguo monopolio sobre la cascarilla y mejorar la rentabilidad del comercio para la población local. La Cooperativa también priorizó la difusión de buenas prácticas de recolección sostenible, como cortar la corteza sin dañar la planta, y experimentar con formas de cultivar cascarilla. Paralelamente, el Proyecto reforzó estos esfuerzos introduciendo invernaderos, contribuyendo a mejorar el control de calidad de la cascarilla y proporcionando equipos para la extracción de su aceite esencial.

Lisa Williams, propietaria de una tienda local de artesanías, realiza el trenzado tradicional de hojas de palma, conocido como straw work o trabajo en paja —una forma de sustento en Acklins—.
Lisa Williams, propietaria de una tienda local de artesanías, realiza el trenzado tradicional de hojas de palma, conocido como straw work o trabajo en paja —una forma de sustento en Acklins—. Crédito: Duncan Moore / PNUMA

Con esto, las y los integrantes de la Cooperativa —que ya superan las 300 personas— aspiran a comenzar a producir no solo aceite esencial a partir de esta planta, sino también productos terminados como perfume y jabón, una estrategia mucho más rentable que exportar únicamente la corteza en bruto. Esto les permitirá generar ingresos para reinvertir en la isla y mejorar su calidad de vida; confían en pronto abrir la primera tienda de alimentos en Acklins. “La comunidad local desempeñó un papel fundamental para lograr este éxito”, afirma Rhianna Neely-Murphy, directora del Departamento de Planificación y Protección Ambiental de Las Bahamas, entidad encargada de la ejecución del proyecto. “Reconocen que su prosperidad depende de sus recursos naturales y que es esencial preservarlos para las futuras generaciones.”

“Es importante planificar a largo plazo”, reflexiona Williamson, quien está dirigiendo su atención más hacia la gestión adecuada de la cascarilla que a su recolección. “Tenemos que hacer las cosas bien desde el principio. Al final del día, toda la isla se beneficiará.”