Crédito: Alejandro Laguna López/PNUMA
22 Oct 2025 Reportaje Nature Action

En fotos: Guardaparques kirguís se apresuran a salvar a los “fantasmas de la montaña” de Asia Central

Crédito: Alejandro Laguna López/PNUMA

Para los leopardos de las nieves de Asia Central, ha sido una tormenta perfecta.

El cambio climático, la disminución de sus presas y los conflictos con ganaderos amenazan la supervivencia de estos grandes felinos solitarios. Hoy en día, se estima que quedan entre 3.500 y 7.500 ejemplares, oficialmente clasificados como “vulnerables”, una categoría por debajo de “en peligro de extinción”.

Las y los especialistas afirman que su difícil situación es emblemática de una crisis más amplia de la vida silvestre que se está desarrollando en las montañas nevadas de Asia Central.

Pero en algunos lugares hay señales de esperanza. Uno de ellos es una zona de las escarpadas montañas Tian Shian de Kirguistán. Allí, un pequeño grupo de guardaparques voluntarios se ha comprometido a patrullar 380 kilómetros cuadrados de algunos de los terrenos más difíciles de la región.

Desafiando temperaturas gélidas y cazadores furtivos armados con rifles, su objetivo es proteger las presas y el hábitat del leopardo de las nieves, y fomentar el resurgimiento de este esquivo animal conocido localmente como el “fantasma de la montaña”.  

Una serie de áridas y undulantes colinas
Crédito: PNUMA/Alejandro Laguna López

Más del 90 por ciento de Kirguistán, un país sin litoral de 7 millones de habitantes, está cubierto por montañas. Las cumbres del país albergan una gran diversidad de fauna silvestre, como el carnero argalí, famoso por sus grandes cuernos en espiral; el íbice asiático, una de las cabras montesas más grandes del mundo; y el maral de Tian Shian, pariente del ciervo rojo. Pero muchos de estos animales están sometidos a una presión creciente por el cambio climático —y por la actividad humana.  

El rostro de un ternero
Crédito: PNUMA/Alejandro Laguna López

Durante generaciones, las extensas llanuras y praderas de altura de Kirguistán han sustentado una próspera industria ganadera. Pero, según la población local, el aumento de las temperaturas está provocando que los manantiales alimentados por glaciares se sequen y que los pastizales se degraden. Esto está obligando a las y los pastores a adentrarse cada vez más en las montañas, que antes eran dominio de los leopardos de las nieves y sus presas.

Esto podría tener consecuencias desastrosas para la fauna silvestre, advierten las y los conservacionistas. Las áreas de distribución de muchos animales migratorios, incluyendo a los leopardos, se están reduciendo. Los carneros, ciervos y otros herbívoros salvajes se ven obligados a competir con el ganado por los pastizales. Y muchos animales silvestres enfrentan un riesgo creciente de contraer enfermedades transmitidas por el ganado, frente a las cuales tienen poca o ninguna inmunidad.  

Una vista de un valle en la montaña
Crédito: PNUMA/Alejandro Laguna Lopéz

Varios proyectos de conservación están trabajando para contrarrestar estos desafíos. Uno de ellos está liderado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), en colaboración con los socios locales CAMP Alatoo y la Fundación Ilbirs. Financiado por la Iniciativa Internacional sobre el Clima de Alemania, su objetivo es ayudar a las comunidades rurales a adaptarse a un clima en rápido cambio, de formas que protejan la fauna silvestre que las rodea.

Como parte de esta iniciativa, el PNUMA apoyó la creación de un corredor ecológico de 200 kilómetros de ancho que conecta varias reservas naturales de Kirguistán. Esta “super-autopista” para la vida silvestre —parte de una red de 10.000 kilómetros cuadrados de áreas protegidas— permite que las especies se desplacen conforme cambia el clima. Se considera crucial para la supervivencia de animales migratorios como el carnero argalí y el íbice asiático, presas clave del leopardo de las nieves.  

Un guardaparques mira directo a cámara
Crédito: PNUMA/Alejandro Laguna López

 Una parte del corredor está vigilada por guardaparques voluntarios, como Baatyrbek Akmatov, de 51 años. Él y otras cinco personas son responsables de patrullar la Reserva Comunitaria de Baiboosun, de 380 kilómetros cuadrados, en el norte de Kirguistán. Muchas y muchos de estos guardaparques son ex cazadores, consternados por el impacto que el tráfico de fauna silvestre ha tenido sobre los ungulados salvajes de Kirguistán, como el íbice.

Se desplazan en jeep y a caballo, en busca tanto de cazadores furtivos como de pastores que llevan su ganado a zonas ecológicamente sensibles. “Decidimos empezar esto para no perderlo todo”, dice Akmatov, hablando sobre el cuerpo de guardaparques. “No quiero mostrarles a mis hijos en mi teléfono móvil que antes teníamos esta naturaleza, estos animales. Quiero que los vean con sus propios ojos.”  

Dos guardaparques se despiden de una mujer
Crédito: PNUMA/Alejandro Laguna López

El Gobierno de Kirguistán no podía pagar a las y los guardaparques, pero les otorgó la autoridad para gestionar el corredor y detener a cazadores furtivos. La iniciativa liderada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), conocida formalmente como el proyecto Mamíferos de Asia Central y Adaptación al Cambio Climático, les proporcionó capacitación y equipo.

Sus patrullajes pueden durar tres días y llevarles a lo profundo de las montañas Tian Shan. Es un trabajo peligroso. A menudo patrullan en solitario para cubrir la enorme reserva, enfrentándose a deslizamientos de tierra, inundaciones repentinas, tormentas violentas y, en ocasiones, a cazadores furtivos armados con rifles.   

Cuatro guardaparques estudian un mapa sobre el capó de un jeep.
Crédito: PNUMA/Alejandro Laguna López

Al principio, muchas personas de la zona se mostraban reacias a las patrullas, incluyendo a las y los pastores, que temían que se les prohibiera llevar a su ganado a pastar. Pero con el tiempo, las especies presa comenzaron a regresar, y también lo hicieron los depredadores tope, como los lobos y los leopardos de las nieves. En los últimos meses se han avistado doce de estos grandes felinos en los alrededores de Baiboosun.

La presencia de estos animales ha elevado el ánimo de la comunidad y ha traído consigo nuevas oportunidades económicas, como el ecoturismo. “La mentalidad de la gente está cambiando. Están comprendiendo la importancia de proteger su entorno”, afirma Akmatov.  

Una mujer cuida hortalizas en un invernadero.
Crédito: PNUMA/Alejandro Laguna López

Para ayudar a reducir los conflictos entre la fauna silvestre y las personas, los socios locales del proyecto liderado por el PNUMA han estado capacitando a miembros de la comunidad en medios de vida menos vulnerables al cambio climático y más sostenibles. En el pueblo de Chong-Zhargylchak, mujeres como Elia Ismailova han aprendido apicultura, elaboración de quesos y cultivo de hortalizas, como tomates, en invernaderos, lo que ha mejorado sus ingresos. Ismailova calificó el programa como una bendición para una comunidad que durante mucho tiempo ha enfrentado el desempleo.  

Estudiantes en disfraces de leopardos de las nieves interpretan una obra de teatro.
Crédito: PNUMA/Alejandro Laguna López

Los equipos también han trabajado intensamente para sensibilizar sobre la importancia de la fauna silvestre, capacitando a más de 200 docentes kirguises en temas relacionados con la biodiversidad. Estas enseñanzas han llegado a sus estudiantes, quienes en Chong-Zhargylchak crearon una obra de teatro sobre la vida de los leopardos de las nieves.

El proyecto liderado por el PNUMA está diseñado para apoyar el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, un histórico acuerdo alcanzado en 2022 para revertir lo que las y los especialistas califican como el alarmante deterioro del mundo natural. Entre otras medidas, el pacto insta a los países a ampliar sus áreas protegidas y mejorar la conectividad entre sus ecosistemas

Seis hombres conversan y usan binoculares sobre una gran roca.
Crédito: PNUMA/Alejandro Laguna López

El esposo de Ismailova, Talant Usupov, lidera un grupo de guardaparques del pueblo. Afirma que las patrullas están empezando a dar frutos. Los jabalíes han regresado a la zona por primera vez en casi dos décadas. Los íbices, antes casi inexistentes, ahora se observan con regularidad. Y se han encontrado astas de ciervos en las montañas, una señal de que también podrían estar regresando.

Aunque la caza furtiva y el sobrepastoreo siguen siendo problemas, el regreso de algunas especies silvestres ha dado esperanza a muchas personas.

“Soy bastante optimista”, dice Ismailova, madre de cinco. “Solíamos contarles historias a nuestras hijas e hijos sobre cómo antes habían cerdos salvajes y peces. Ahora me alegra que puedan verlos.” 

 

El proyecto Mamíferos de Asia Central y Adaptación al Cambio Climático, liderado por el PNUMA, está financiado por la Iniciativa Internacional sobre el Clima del Gobierno de Alemania, en colaboración con la Convención sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres, WWF Estados Unidos y dos organizaciones no gubernamentales de Kirguistán: CAMP Alatoo y la Fundación Ilbirs. El proyecto busca fortalecer la conservación de especies emblemáticas de mamíferos migratorios de Asia Central mediante una gestión y toma de decisiones informadas por el cambio climático.

En Kirguistán, el proyecto apoyó la creación de un corredor de vida silvestre de 200 kilómetros que conecta algunas de las reservas naturales más importantes del país. También contribuyó al desarrollo de planes de gestión para pastizales y áreas protegidas

 

El Marco Mundial de la Biodiversidad de Kunming-Montreal    

El planeta está experimentando un preocupante deterioro de la naturaleza. Un millón de especies están amenazadas de extinción, la salud de los suelos está disminuyendo y las fuentes de agua se están secando. El Marco Mundial de la Biodiversidad de Kunming-Montreal establece metas globales para detener y revertir la pérdida de biodiversidad de aquí a 2030. Fue adoptado por líderes mundiales en diciembre de 2022. Para abordar las causas de esta crisis de la naturaleza, el PNUMA trabaja con sus socios para actuar en paisajes terrestres y marinos, transformar nuestros sistemas alimentarios y cerrar la brecha financiera para la naturaleza.