Foto por Aboubacar Goube/UNEP
10 Dec 2025 Reportaje Climate Action

La arquitecta nigerina cimentando edificios contemporáneos y climáticamente sabios en el pasado

Foto por Aboubacar Goube/UNEP

Partiendo de galardonados proyectos de escuelas rurales, Mariam Issoufou convierte la arquitectura tradicional y climáticamente sabia en una defensa de primera línea contra el calor extremo.

En el abrasador corazón del Níger, donde el propio aire brilla por el calor, Issoufou construye espacios que respiran. Sus muros de tierra y arcilla susurran historias ancestrales: historias de resiliencia, de comunidad, de equilibrio entre la humanidad y la naturaleza. Como una música que encuentra nuevos ritmos en viejas canciones, ella revive tradiciones olvidadas para componer una arquitectura tan atemporal como revolucionaria.

El Centro Comunitario de Hikma en el Níger occidental es un enigma arquitectónico. Elegante y moderno pero forjado con tradicionales ladrillos de arcilla, su estructura se destaca e integra a la vez en el paisaje austero y semiárido que lo rodea.

El complejo, que alberga una impactante mezquita y biblioteca de matiz naranja, es más que un deleite para los ojos. Cuando la temperatura del mediodía alcanza los 45 °C, se transforma en un refugio para muchas de las 3.000 personas que viven en el cercano pueblo de Dandaji. Gracias a materiales que absorben el calor y al diseño inteligente de Hikma, que favorece la ventilación natural, sus edificios permanecen hasta 15 °C más frescos que el aire del exterior.

El Centro es uno de los muchos edificios que Issoufou ha diseñado durante diez años de una carrera centrada en apoyar a comunidades, en muchos casos empobrecidas, a adaptarse a un clima mutante y, en particular, al calor extremo. Por su labor, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) este año la ha nombrado Campeona de la Tierra.

Issoufou conoce bien el poder de la arquitectura para cambiar la vida de las personas. Tenía 6 años cuando su familia se mudó de Niamey, la capital del Níger, a la antigua ciudad de Agadez, al borde del desierto del Sáhara, donde el sol es implacable.

“Hablamos del tipo de calor que te hace sentir que estás reventando a través de tu cuerpo”, nos dice. “Cuando volvía a casa de la escuela y entraba en el vestíbulo de barro de nuestra viviendo, la temperatura se despeñaba tan dramáticamente que me ponía a tiritar. Aquello me hizo entender realmente la importancia de las decisiones a la hora de crear nuestros espacios.”

Issoufou pasó la primera parte de su vida laboral como desarrolladora de software en Nueva York antes de inscribirse en un programa de arquitectura ya en sus treintas. Después de graduarse, regresó a Niamey, una ciudad marcada en gran medida por una arquitectura colonial mal adaptada a su cultura y entorno actuales. Apasionada por trabajar con ingenieros, albañiles y diseñadores locales, quería apoyar a las comunidades de toda África a hacer frente a un clima en veloz cambio, reintegrando las habilidades y destrezas tradicionales a diferentes partes de la cadena de valor de la construcción.

A nivel mundial, el sector de la construcción y la edificación es uno de los principales responsables del cambio climático. Un informe reciente del PNUMA reveló que los edificios —tanto por la forma en que se construyen como por la manera en que se les proporciona energía— son responsables de casi el 35 % de las emisiones de dióxido de carbono que calientan el planeta. A medida que la población mundial crece, la clave para transformar la arquitectura en una solución es no abordar los edificios como meras construcciones, sino como intersecciones que reúnen diversos retos para resolverlos conjuntamente.

El primer gran proyecto de Issoufou, Niamey 2000, ilustra cómo esto puede lograrse, abordando la asequibilidad, la adaptación climática y la supervivencia de las tradiciones del Níger a la vez. Se trata de un proyecto residencial que responde a la crisis de la vivienda de Niamey no con rascacielos de hormigón, sino con compactos conjuntos de viviendas interconectadas que reflejan el denso y entrelazado tejido de las ciudades precoloniales del Sahel. Fabricadas con ladrillos de tierra comprimida, que Mariam evaluó como un 30 % más baratos que el hormigón y más frescos por naturaleza, sus zonas comunales favorecen la vida comunitaria e intergeneracional, al tiempo que preservan la privacidad y la tranquilidad. Dado que el sector residencial representa más del 75 % de los edificios de todo el mundo, el proyecto demuestra el enorme potencial de la vivienda para impulsar la construcción sostenible. Niamey 2000 fue preseleccionado para un Premio Aga Khan de Arquitectura en 2022.

Sus trabajos ponen de relieve que no hay ningún tipo de edificio que no pueda abordarse de forma similar, con tal inteligencia cultural y arquitectónica. Desde mezquitas hasta museos, pasando por escuelas, mercados, institutos o empresas, los proyectos de Issoufou siempre combinan lo práctico y lo poético, satisfaciendo así las necesidades modernas con un uso climáticamente inteligente de las tradiciones. Un edificio de oficinas de cuatro plantas en Niamey, uno de los proyectos en curso de Issoufou, mezcla ladrillos de tierra comprimida con ventanas apantalladas en un diseño diagonal contemporáneo que mantiene bajas las temperaturas y el consumo de energía. Una escuela primaria en un pueblo agrícola del suroeste del Níger intercala aulas con refrigeración pasiva y espacios de reunión comunitaria con tierras de cultivo, huertos y un depósito de agua de lluvia.

Además de su labor arquitectónica, Issoufou es profesora en la universidad suiza ETH Zurich y ha recibido diferentes galardones, entre ellos, la selección por parte de la Iniciativa Rolex Mentor and Protégé Arts como protegida del renombrado arquitecto David Adjaye en 2018, así como el Premio Architizer A+ de Impacto por su Diseño en 2023.

Issoufou mantiene la esperanza de que las arquitectas y arquitectos de todo el mundo redescubran las formas tradicionales de construir a medida que la crisis climática se agrava.

“Nos centramos en la tecnología como única solución y única métrica de la innovación, pero las respuestas ya están con nosotras”, afirma. “Construimos nuestra existencia entera basándonos en el clima y, en realidad, no hay razón alguna por la que no podamos tener ese tipo de enfoque en el futuro.” 

Tratando de mantenerse optimista, Issoufou ve en los retos climáticos de África una oportunidad —un llamado a sus arquitectos para que se inspiren en el extenso legado de tradiciones del continente y lideren al mundo con su ejemplo. Considera que las mejores prácticas para construir en climas más cálidos podrían surgir de la propia África.


“A medida que crece la preocupación mundial por la resiliencia y la adaptación al clima,” señala, “se presenta un momento sin precedentes para que las arquitectas y arquitectos africanos se pongan al frente del debate.”