Por décadas, los bosques de manglar fueron considerados uno de los ecosistemas que más rápidamente estaba desapareciendo en el mundo, debido a las presiones derivadas del desarrollo costero, la sobreexplotación, la acuicultura, la agricultura, la contaminación y el cambio climático.
Sin embargo, un estudio a nivel mundial publicado recientemente en la revista Science ofrece una de las historias de conservación más alentadoras de los últimos años. Utilizando imágenes satelitales capturadas desde la década de 1980 hasta 2023, el equipo de investigación observó los cambios anuales en la extensión y el estado del dosel global de manglares, y descubrieron que las pérdidas mundiales se han desacelerado de forma drástica mientras que las ganancias han aumentado. Todo indica que la regeneración natural y la expansión de los manglares están compensando hoy por hoy gran parte de su declive histórico, lo que sugiere que los manglares son mucho más resilientes de lo que se creía anteriormente. Estos hallazgos refuerzan las conclusiones del informe del PNUMA de 2023, Decades of Mangrove forest change (Decenios de cambios en los manglares), que concluyó que las pérdidas mundiales de manglares en gran medida se habían estabilizado y que se estaban registrando logros y ganancias en muchos de los principales ríos, estuarios y deltas del mundo, y en sus alrededores.
“Esta es una noticia alentadora para los esfuerzos mundiales de restauración y conservación en un momento en que todas y todos necesitamos ese destello de esperanza”, afirma Sinikinesh Beyene Jimma, Líder de la Unidad de Ecosistemas Marinos y Costeros del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). “Pero es importante recordar que existen amenazas, como la contaminación y la pérdida de biodiversidad, que las imágenes satelitales no revelan”.
Los bosques de manglar representan ecosistemas únicos a lo largo de las costas y los estuarios tropicales y subtropicales. Aunque constituyen menos del 1 % de los bosques tropicales del mundo, proporcionan un apoyo vital para aproximadamente 2.400 millones de personas que viven a menos de 100 kilómetros de la costa, ya que protegen las costas frente a tormentas, erosión e inundaciones; filtran el agua; almacenan grandes cantidades de carbono; y sustentan la pesca. Más de 1.500 especies dependen de los manglares como hábitat.
“Es difícil exagerar el papel que estos bosques desempeñan en la vida de las comunidades costeras”, señala Beyene Jimma. “Por eso ponemos tanto énfasis en la conservación basada en la ciencia”. En consonancia con el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, el PNUMA promueve la restauración del 30 % de los ecosistemas marinos y costeros degradados, así como la protección y una mejor gestión de al menos el 30 % del océano.
En todo el mundo, el PNUMA y sus socios apoyan proyectos que aprovechan los conocimientos científicos más recientes y los saberes locales para respaldar a las comunidades en sus esfuerzos de restauración y conservación de manglares.
Sentando las bases para una restauración a largo plazo
En el paisaje marino de Lamu, en Kenya, el Kenya Marine and Fisheries Research Institute (KMFRI, el Instituto de Investigación Marina y Pesquera de Kenya), con el apoyo del PNUMA y la International Coral Reef Initiative (ICRI, la Iniciativa Internacional sobre los Arrecifes Coralinos), sentó las bases científicas para la restauración a gran escala mediante el mapeo de ecosistemas de manglares y pastos marinos y la elaboración de datos ecológicos de referencia para orientar futuras labores de conservación.
El proyecto también capacitó a 50 integrantes de diversas comunidad en evaluación y restauración de carbono azul, elaboró orientaciones técnicas para la restauración de manglares y la identificación de especies, y respaldó el desarrollo de directrices nacionales de restauración. Sobre estas bases, una iniciativa más amplia de carbono azul gestionada por el proyecto Go Blue, financiado por la Unión Europea, administra actualmente cerca de 5.000 hectáreas de manglares mediante su restauración, la prevención de su deforestación y la mejora de su gestión forestal. El proyecto también ha impulsado esfuerzos para desarrollar mecanismos sostenibles de financiación del carbono azul.
Empoderando a las comunidades para restaurar bosques degradados
En el Santuario del Tiburón Martillo del Golfo Dulce, en Costa Rica, Misión Tiburón restauró 68 hectáreas de hábitat de manglar degradado con el apoyo del PNUMA y la Iniciativa Internacional sobre los Arrecifes Coralinos (ICRI, arriba mencionada). Miembros de las comunidades establecieron viveros de manglares, recolectaron y plantaron más de 12.000 plántulas nativas y crearon parcelas permanentes de monitoreo para seguir la recuperación.
El proyecto también capacitó a guardaparques y residentes, generó empleo temporal para comunidades pesqueras y llegó a más de 1.500 estudiantes mediante programas de educación ambiental. El monitoreo inicial mostró una tasa media de supervivencia de las plántulas superior al 80 %, demostrando la eficacia de la restauración liderada por las comunidades.
Logrando que la conservación beneficie tanto a las personas como a la naturaleza
En la Reserva de Biosfera del Delta del Mono, en Benin, el Programa de Pequeñas Donaciones del PNUMA, implementado a través de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza - Países Bajos (UICN NL) y Eco-Benin, combina restauración ecológica con gestión comunitaria, gobernanza tradicional y medios de vida sostenibles.
En lugar de depender únicamente de la plantación de árboles, el proyecto restauró los flujos naturales de agua mediante la construcción de más de 3,6 kilómetros de canales de restauración, lo cual permitió que los manglares se regeneraran de forma natural. Las comunidades también designaron nuevas áreas sagradas de manglar protegidas por sistemas tradicionales de gobernanza, mientras que las mujeres recibieron capacitación en producción de sal solar para reducir su dependencia de la madera de manglar para extraerla del agua.
Basándose en conocimientos consuetudinarios, la iniciativa ayudó a proteger más de 530 hectáreas de manglares. Además de la restauración, el proyecto está desarrollando mecanismos de financiación del carbono azul que podrían generar ingresos a largo plazo para la conservación al tiempo que apoyan a las comunidades locales.
Ampliando la restauración mediante la cooperación regional
El proyecto Implementing the Strategic Action Programme for the South China Sea and Gulf of Thailand (SCS SAP, Implementación del Programa de Acción Estratégica para el Mar de China Meridional y el Golfo de Tailandia), liderado por el PNUMA y financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, reúne a Camboya, China, Indonesia, Filipinas, Tailandia y Viet Nam para restaurar y gestionar de manera sostenible ecosistemas costeros fundamentales.
El programa apoya la declaración de 57.400 hectáreas de manglares como áreas protegidas, la planificación de la gestión de otras 166.600 hectáreas, reformas para el uso sostenible que cubren 602.800 hectáreas y actividades de restauración y enriquecimiento forestal a gran escala. También trabaja junto con iniciativas para restaurar arrecifes de coral, praderas de pastos marinos y humedales, reconociendo que los ecosistemas costeros saludables están interconectados.
Una recuperación que vale la pena proteger
La recuperación mundial de los manglares demuestra que los esfuerzos de conservación basados en la ciencia y liderados por las comunidades locales dan resultados. Sin embargo, los avances futuros dependerán de inversiones sostenidas, gestiones sostenibles y la protección a largo plazo.
Los ejemplos de Kenya, Costa Rica, Benin y Viet Nam demuestran cómo la ciencia, la gestión local, los mecanismos innovadores de financiación y la cooperación internacional están ayudando a que uno de los ecosistemas costeros más valiosos del mundo protagonice una recuperación extraordinaria.
El Día Internacional de Conservación del Ecosistema de Manglares se celebra cada año el 26 de julio y tiene como objetivo sensibilizar sobre la importancia de los ecosistemas de manglar como “un ecosistema único, especial y vulnerable”, así como promover soluciones para su gestión, conservación y usos sostenibles.


