El difunto abogado italiano Manfredi Caltagirone deja tras de sí un observatorio en crecimiento, alianzas en expansión y la convicción de la importancia de reducir las emisiones de metano.
El 7 de marzo de 2019, Manfredi Caltagirone se sentó con dos colegas a la sombra de un gran árbol en el campus del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), en Nairobi, para hablar sobre el metano. La concienciación y la ambición por hacer frente a este potente gas de efecto invernadero estaban creciendo gracias a iniciativas como la Alianza para el Metano del Petróleo y el Gas, en el marco de la Coalición por el Clima y el Aire Limpio —pero algo nuevo hacía falta para promover medidas—.
Los tres compartieron su sueño de lograr algo que subrayara la urgencia de enfrentar el metano y de encontrar una teoría del cambio que pudiera dar lugar, de manera plausible, a las reducciones de emisiones de metano requeridas para 2030. Discutieron cómo sería un marco lo más eficaz posible para la industria del petróleo y el gas, cuánto dinero se necesitaría (US$ 100 millones) y cómo estos esfuerzos requerirían una institución piloto responsable de impulsar el cambio. Pasando del árbol al pizarrón, entre los tres esbozaron la solución.
No tardaron mucho en convencer a las principales partes interesadas de los gobiernos, la ciencia y el sector del petróleo y el gas para que aceptaran su visión y ayudaran a hacerla realidad —una visión que es, sorprendentemente, casi idéntica a la que esbozaron en su pizarra—. El marco se convirtió en la Alianza para el Metano del Petróleo y el Gas 2.0, creada en 2020 y gestionada por el Observatorio Internacional de Emisiones de Metano (IMEO, por sus siglas en inglés), fundado en 2021 como parte del PNUMA con el respaldo de la Comisión Europea y el Fondo de Defensa del Medio Ambiente. La mayor parte de la financiación necesaria para crear el IMEO provino de gobiernos y organizaciones filantrópicas.
En los años subsiguientes, se han añadido incluso otros programas en el marco del IMEO, como el Sistema de Alerta y Respuesta al Metano (MARS, por sus siglas en inglés), un conjunto de estudios científicos para subsanar lagunas en los conocimientos, así como alianzas con otros sectores, al margen de los del petróleo y el gas. Quien hizo todo esto posible fue Manfredi.
A principios de este año, Caltagirone falleció de cáncer de páncreas a los 46 años.
Dejó tras de sí lo que diplomáticos y científicos consideran un legado extraordinario. El Observatorio, IMEO, ha revolucionado la forma en que el mundo gestiona las emisiones de un gas fundamental en la lucha contra el cambio climático —un trabajo que ha llevado a Caltagirone a ser nombrado a título póstumo Campeón de la Tierra del PNUMA, el mayor honor medioambiental de la ONU—.
“Lo que Manfredi logró armar fue probablemente la manera más rápida y eficaz de reducir la temperatura [mundial]”, declaró Marcelo Mena, Director Ejecutivo del Global Methane Hub y antiguo Ministro de Medio Ambiente de Chile. “Lo que hizo tiene repercusiones mundiales y continuará mucho más allá de su vida.”
Manfredi, natural de Roma, se unió al PNUMA en 2012 tras una temporada en el Ministerio de Medio Ambiente de Italia. Desde el principio, entendió que la forma más rápida de desacelerar el calentamiento global y ganar tiempo para la transición a una energía más limpia era controlar las emisiones de metano. Este gas calienta el planeta 80 veces más rápido que el dióxido de carbono, pero se disipa en unos 10 años. Por ello, reducir las emisiones de metano podría reducir rápidamente las disparadísimas temperaturas mundiales.
Caltagirone consideraba el metano como una de las mayores oportunidades climáticas y eso provocó en él un sentido de urgencia. Sus colegas dicen que su actitud era siempre: “¡Vamos, vamos, vamos!” A menudo empezaba el día recordando a sus colegas cuántos meses quedaban para 2030, fecha en la que el mundo debería haber reducido a la mitad sus emisiones de gases de efecto invernadero para evitar un cambio climático descontrolado.
“Era consciente de que, dado que no avanzamos lo suficientemente rápido en la reducción del dióxido de carbono, teníamos que entender esta cuestión del metano y llevarla a primera línea a escala mundial”, declaró la Directora Ejecutiva del PNUMA, Inger Andersen. “No fue fácil, pero lo consiguió, dentro del PNUMA, creando el Observatorio Internacional de Emisiones de Metano. Fue un gigantesco paso adelante. Nos lanzamos sin pensarlo dos veces.”
La puesta en marcha del Observatorio del Metano del PNUMA en 2021 marcó un momento decisivo. Por primera vez, una entidad trabajaría mano a mano con las empresas de petróleo y gas para medir la cantidad de metano que liberaban al aire. El factor crítico fue hacer que la industria pasara de estimar vagamente sus emisiones de metano mediante cálculos genéricos a en verdad medir sus emisiones en cada instalación y proyecto.
Uno de los principales objetivos de Manfredi era penetrar las capas de burocracia que propiciaban que las emisiones de metano se agravaran durante meses y años, para involucrar directamente a “esa persona sobre el terreno que puede apretar las tuercas”. En otras palabras, el objetivo nunca fue la medición, sino la mitigación.
“Esto impulsará dramáticamente la transparencia. Ahora compartimos estos datos con aquellos que pueden actuar para reducir las emisiones sobre el terreno”, dijo Caltagirone en 2023. Esa filosofía se materializa en la Alianza para el Metano del Petróleo y el Gas 2.0, dirigida por el PNUMA, que facilita un marco para que las empresas midan sus emisiones. Más de 150 empresas, desde pequeñas empresas hasta empresas estatales, que juntas producen el 42 % del petróleo y el gas del mundo, se habían unido a la Alianza para 2025.
“La colaboración entre el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el sector del petróleo y el gas no es fácil”, declaró Andersen, del PNUMA. “¡Vaya colegas de baile! Pero ¿quién podría lograrlo? Pues Manfredi.”
En 2023, a medida que se multiplicaba el número de satélites capaces de detectar el metano desde el espacio, el IMEO, en colaboración con el Departamento de Estado de EE. UU. y la Comisión Europea, lanzó el Sistema de Alerta y Respuesta al Metano (MARS, por sus siglas en inglés) para ayudar a alcanzar los objetivos de reducción de las emisiones de metano para 2030. Aunque los satélites solo detectaban una fracción de las emisiones totales, se estaban convirtiendo en una poderosa herramienta de sensibilización: el interés de los medios de comunicación aumentó cuando el IMEO empezó a publicar datos sobre fugas. Dichos datos se ilustran en un mapa interactivo que muestra plumas moradas y naranjas donde se fuga el metano y cada observación está respaldada por un informe técnico compartido con el gobierno pertinente y, cuando se conoce, con el operador. Las científicas y científicos del IMEO ayudan a interpretar los datos para que se puedan atender las fugas.
Según sus colegas, Caltagirone era diplomático cuando tenía que serlo, pero no le gustaba fingir. En entrevistas con los medios de comunicación, fue franco sobre la apatía que encontró en un principio por parte de gobiernos y empresas, que solían ignorar el objetivo del Observatorio. Aun así, su discreto carisma se ganó a las partes interesadas más importantes, desde funcionarios gubernamentales y donantes hasta científicos o ejecutivos de empresas. Hoy por hoy, el IMEO incluso está desarrollando alianzas con empresas siderúrgicas y de residuos y desechos, además de realizar estudios sobre la cría de ganado y la producción de arroz.
A pesar de la intensidad de su trabajo, Caltagirone también era célebre por su sentido del humor. Según sus colegas, su buen humor hacía que lo imposible pareciera posible, y su buen ojo para identificar a personas con talento hizo que este equipo pasara de iniciar con unas y unos pocos especialistas a más de 85 este año.
Según cuentan sus colegas, Manfredi estuvo implicado en el trabajo del Observatorio hasta sus últimos días. El suyo, decía, era un “trabajo genial” y le motivaba el deseo de hacer todo lo posible para evitar la inminente crisis climática.
“Tengo mucha esperanza y confianza en que podamos solucionar este problema”, dijo. “Nuestras chicas y chicos y nietas y nietos dependen de ello.”


