La energía es el alma del mundo moderno, alma que todo lo anima, desde automóviles y hogares hasta el monitor de actividad física que acumula polvo en tu mesita de noche.
Pero el sistema energético mundial enfrenta grandes problemas. Por un lado, depende en gran medida de combustibles fósiles, cuya ignición está impulsando la crisis climática. Además, suele ser injusto: en todo el mundo, más de 650 millones de personas carecen de acceso a la electricidad.
Estos —y otros— problemas han impulsado demandas para que transformemos la manera en que producimos, distribuimos y consumimos energía a nivel global. Pero ¿podemos realmente cambiar algo tan masivo y complejo como el sistema energético mundial?
Débora Ley cree que en efecto es posible. Es científica especializada en cambio climático, ingeniera en energías renovables y autora coordinadora principal de la séptima edición de Perspectiva del Medio Ambiente Mundial (GEO-7, por sus siglas en inglés), un informe de referencia sobre el estado del planeta elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
Recientemente conversamos con Ley sobre cómo el mundo puede romper su dependencia de los combustibles fósiles y proporcionar a más personas acceso a electricidad limpia y fiable.
En pocas palabras, ¿puedes decirnos qué tiene de malo el sistema energético mundial?
Débora Ley (DL): En GEO-7 identificamos cinco problemas principales. Primero, cientos de millones de personas en todo el mundo no tienen acceso a la electricidad. Segundo, más del 80 % de la energía mundial proviene de la ignición de combustibles fósiles, que es la principal causa de la cada vez más profunda crisis climática. Tercero, la humanidad desperdicia una gran cantidad de energía, lo que significa que necesitamos quemar más combustibles fósiles de lo que sería necesario de otro modo. Cuarto, muchos de nuestros sistemas energéticos son vulnerables a los impactos del cambio climático, como las inundaciones y los incendios de vegetación silvestre. Por último, aunque el mundo está adoptando las energías renovables y la movilidad eléctrica, existen preocupaciones reales en torno a la extracción de los minerales utilizados en elementos como baterías y paneles solares.
Esa última cuestión es interesante. Entonces, ¿las energías renovables no están exentas de inconvenientes?
DL: No, puede haber desventajas. Algunas fuentes renovables, especialmente la eólica y la solar, son variables, y una forma de gestionar esa variabilidad es mediante el almacenamiento. Las baterías son una solución habitual pero muchas dependen de minerales como el litio, que suele encontrarse en ecosistemas sensibles, incluyendo salares y humedales de gran altitud. Si no existen salvaguardias para la extracción de estos minerales críticos para la transición energética, las consecuencias pueden ser devastadoras tanto para el medio ambiente como para las comunidades cercanas, que a menudo son indígenas.
Entonces, ¿diversos grupos vulnerables podrían terminar pagando el precio de la transición hacia la energía verde?
DL: Sí. De hecho, eso ya está ocurriendo en muchos lugares. Pero podemos evitarlo. Los Estados deben adoptar salvaguardias sociales y ambientales que tengan en cuenta los derechos de los Pueblos Indígenas y las comunidades locales. No se trata simplemente de sustituir los daños causados por los combustibles fósiles por los daños causados por la minería. GEO-7 no está diciendo: “No practiquemos minería”. Lo que dice es: “Hagámoslo con cautela y de manera ética”.
Ese enfoque más holístico fue un aspecto clave de GEO-7, ¿verdad? A lo largo del informe está presente la idea de que no debemos resolver un problema creando otro.
DL: Sí, exactamente. GEO-7 examinó tres crisis interrelacionadas: el cambio climático; la pérdida de naturaleza, tierras y biodiversidad; y la contaminación y los desechos. El informe exploró cómo las soluciones a todas estas crisis interconectadas podrían funcionar conjuntamente para impulsar el tipo de transformación sistémica necesaria para proteger y restaurar el planeta.
Aunque las energías renovables son cada vez más populares, todavía solo generan alrededor del 15 % de la energía mundial. ¿Cuáles son las claves para aumentar esa cifra y descarbonizar el sistema energético mundial?
DL: Ante absolutamente todo, necesitamos aumentar las inversiones en energías renovables. Además de ser mejores para el planeta, las plantas solares, los parques eólicos y otras instalaciones similares suelen ser también la forma más económica de generar electricidad. Asimismo, debemos reorientar los subsidios a los combustibles fósiles, cuyo costo alcanzó los US$ 7 billones en 2022, y en lugar de ello destinarlos a energía limpia y asequible. El mundo también necesita acelerar la electrificación de sectores clave, como el transporte, y adoptar combustibles alternativos, como el hidrógeno verde, en los sectores que son difíciles de electrificar.
Además de descarbonizar el sistema energético, ¿qué más debemos hacer para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y evitar los peores efectos del cambio climático?
DL: Necesitamos reducir la cantidad de energía que utilizamos, algo que podemos lograr de varias maneras. Podemos mejorar la eficiencia de nuestros edificios mediante un mayor aislamiento térmico, la instalación de bombas de calor y la adopción de técnicas de enfriamiento pasivo, lo que reduciría nuestra necesidad de calefacción y aire acondicionado. Podemos hacer que nuestras ciudades sean más compactas, disminuyendo así la necesidad de desplazarnos, algo que genera emisiones de gases de efecto invernadero. Por último, podemos cambiar nuestros hábitos y comportamientos, por ejemplo, cuando sea posible, caminando o utilizando la bicicleta para trayectos cortos y conduciendo vehículos eléctricos para viajes más largos.
¿Qué significaría todo esto para los cientos de millones de personas que todavía carecen de acceso a la electricidad?
DL: Esa es una pregunta importante. Mientras descarbonizamos el sistema energético y mejoramos su eficiencia, no podemos dejarles atrás.
Para proporcionar electricidad a quienes no la tienen, necesitamos ampliar las redes eléctricas y expandir el uso de sistemas autónomos, como los kits de paneles solares de capacidad doméstica. También debemos invertir en la generación solar a escala comunitaria y en pequeñas centrales hidroeléctricas cuando corresponda.
Incrementar los subsidios y el financiamiento concesional para proyectos de energías renovables a gran escala en regiones con escasez de electricidad también podría transformar radicalmente la situación de muchas comunidades pobres y vulnerables. Toda nueva central eléctrica que construyamos, grande o pequeña, debería basarse en fuentes renovables.
Por último, necesitamos apoyar a las comunidades que buscan abandonar el uso de la leña para la cocina y la calefacción, como combustible que impulsa la deforestación y libera humo tóxico que puede causar enfermedades e incluso la muerte. Esto puede lograrse promoviendo la adopción de soluciones de cocina limpia, incluyendo la cocina eléctrica y en base a otros combustibles y tecnologías contemporáneas que sean apropiadas para cada contexto local.
El consenso científico indica que el mundo pronto sobrepasará uno de los objetivos clave del Acuerdo de París, que busca limitar el calentamiento global a 1,5 °C. ¿Eres optimista respecto a que podremos descarbonizar el sistema energético mundial con la suficiente rapidez para evitar una catástrofe climática generalizada?
DL: Sí, superaremos el objetivo de 1,5 °C. Pero contamos con las soluciones necesarias para limitar ese rebasamiento y volver a reducir las temperaturas. Dicho esto, seguiremos teniendo dificultades para adaptarnos a algunas formas de cambio climático, lo que podría volver la transición energética aún más compleja.
En este momento existen muchos intereses arraigados que están obstaculizando la transición hacia un sistema energético más sostenible y equitativo. Necesitamos voluntad política para superar esas fuerzas. Si podemos trabajar de forma más sistémica en múltiples ámbitos, no solo en la energía sino también en los sistemas alimentarios, los desechos y el medio ambiente, podremos alcanzar numerosos objetivos simultáneamente y sentar las bases de un futuro más justo y sostenible.
Escrito por Andrew Raven
Revisado por Débora Ley, Ignacio Sánchez y Adele Roccato

La producción de este reportaje fue financiada por la Unión Europea. GEO-7 fue cofinanciado por la Unión Europea.


