La pequeña localidad de Dandaji, en Níger, se encuentra al borde del desierto del Sahara. Es un lugar donde las temperaturas habitualmente superan los 45 °C, envolviendo a sus habitantes en un calor sofocante, parecido al de un horno.
A menos que estén en la mezquita del pueblo.
Con su jardín lleno de árboles, techos muy elevados y muros de ladrillos de tierra, el edificio ha sido diseñado para enfriarse a sí mismo. En los días más calurosos, puede ser hasta 15 °C más fresco que el aire exterior, sin necesidad de aire acondicionado.
La mezquita es uno de los dos edificios —el otro es una biblioteca— que conforman el Centro Comunitario Hikma.
Aunque se terminó en 2018, el galardonado complejo —codiseñado por la arquitecta nigerina Mariam Issoufou— está recibiendo renovada atención al sofocarse las zonas urbanas bajo temperaturas récord.
“Ya estés en Niamey o en Nueva York, el cambio climático está convirtiendo rápidamente el calor extremo en la nueva normalidad”, afirma Hongpeng Lei, Jefe de la Subdivisión de Mitigación Climática del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). “Necesitamos desarrollar mejores formas de construir si queremos que nuestras viviendas y oficinas sean habitables en los próximos años”.
El complejo Hikma es una maravilla de lo que las y los especialistas llaman enfriamiento pasivo: un conjunto diverso de técnicas arquitectónicas que reducen la temperatura interior sin necesidad de aire acondicionado.
Un ejemplo clave son los muros de la mezquita. Salvo por algunos refuerzos de hormigón, están construidos completamente con ladrillos de tierra, inspirados en las antiguas construcciones de adobe de Níger. Los ladrillos se elaboran mezclando pequeñas cantidades de cemento y agua con laterita, un suelo de color rojo óxido presente en toda África Occidental. Más porosos que el hormigón —el material de construcción preferido en África Occidental—, estos ladrillos permiten que el calor se disipe durante la noche, manteniendo temperaturas agradables.
Desde la finalización del complejo Hikma en 2018, un número creciente de edificios en África Occidental ha adoptado el uso de ladrillos de tierra comprimida, en parte debido a la influencia del templo. Esto representa un pequeño renacimiento para un material que alguna vez fue considerado “atrasado”, dice Issoufou, quien diseñó el complejo junto a la arquitecta iraní Yasaman Esmaili.
“Desde comienzos del siglo XX, el hormigón ha sido visto como el material del progreso. Cuando he mencionado el uso de tierra, se han reído de mí”, afirma. “Pero en las construcciones del pasado hay mucha sabiduría”.
Otro elemento clave para el enfriamiento de la mezquita son sus techos abovedados, que varían entre seis y nueve metros de altura. Semejante elevación permite que el aire caliente ascienda y se aleje de las y los creyentes. Una vez que llega al techo de la mezquita —una serie de anillos de ladrillo de tierra elaborados por albañiles locales— se disipa hacia el aire exterior.
La mezquita también cuenta con puertas y ventanas alineadas con precisión que permiten el paso de la brisa cuando se abren. Igual de importante es que la mezquita no es un único espacio cavernoso: está dividida en dos secciones o volúmenes, cada uno con sus propias puertas y ventanas que se enfrentan entre sí.
Para mantenerse fresca, la mezquita tiene un recurso adicional. Justo afuera hay un jardín lleno de árboles alimentado por un sistema de riego por goteo, que capta agua durante la breve temporada de lluvias en Níger y la almacena en una cisterna.
Los árboles —visibles en imágenes satelitales— cumplen dos funciones. Primero, proporcionan una dosis de sombra refrescante. Segundo, cuando el agua en sus hojas se evapora —un proceso conocido como transpiración— el vapor de agua enfría el aire circundante.
“Subutilizamos la naturaleza”, nos dice Issoufou, quien en 2025 fue nombrada Campeona de la Tierra del PNUMA, el máximo reconocimiento ambiental de las Naciones Unidas. “La naturaleza es increíblemente versátil”.
En todo el mundo, crece el impulso para que arquitectas, arquitectos y responsables de planificación urbana adopten estrategias de enfriamiento pasivo, que pueden reducir las temperaturas interiores hasta en 8 °C, según un informe reciente del PNUMA.
Además de mantener fresca a su congregación, hay otro gran beneficio en la forma en que se construyó la mezquita de Dandaji: su huella ambiental es mínima.
Dado que el suelo de laterita utilizado en los ladrillos se obtuvo localmente, quienes la construyeron no necesitaban importar grandes cantidades de hormigón desde lugares lejanos, práctica que puede aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero. Al mismo tiempo, los ladrillos emplearon mucho menos cemento del que se habría usado para el hormigón. La producción de cemento es una fuente importante de emisiones, al igual que el aire acondicionado, del cual prescinde el edificio. (En los días más calurosos, las autoridades de la mezquita colocan algunos ventiladores grandes).
Muchas personas ven el complejo como un antídoto frente a las prácticas de construcción intensivas en recursos que predominan en la mayoría de los lugares. Vidrio, acero, hormigón, aire acondicionado: todos estos elementos requieren energía para su producción y mantenimiento. De hecho, en su construcción y operación los edificios a nivel mundial consumen casi el 50 % de las materias primas y generan más de un tercio de todas las emisiones de gases de efecto invernadero, según el nuevo Global Status Report for Buildings and Construction (Informe Mundial sobre el Estado de los Edificios y la Construcción) del PNUMA.
El apoyo a prácticas de construcción más ecológicas está creciendo. El PNUMA, por ejemplo, trabaja con diversos países para ampliar el uso de materiales de origen local con bajas emisiones de carbono. En Ghana, ayuda a desarrollar viviendas asequibles y resilientes al clima, mientras que en el Senegal respalda la producción de paneles de aislamiento térmico fabricados con typha, una planta local de rápido crecimiento. Este esfuerzo también se centra en capacitar al personal y a empresas de construcción locales en técnicas como la edificación circular y el diseño arquitectónico sensible al clima.
Aunque materiales como los ladrillos de laterita son muy específicos de África Occidental, en su mayoría los países tienen sus propios equivalentes, afirma Issoufou. Señala ejemplos como Europa y América del Norte, donde la madera laminada cruzada —fabricada adhiriendo tablones de madera— está surgiendo como una alternativa de bajas emisiones al hormigón y al acero. En algunas partes de Asia, el bambú —una de las plantas de más rápido crecimiento del mundo— está experimentando un renacimiento porque es resistente, sostenible y económico.
Con el planeta entrando más y más a fondo en una profunda crisis climática, construir edificios sostenibles que se enfríen por sí mismos es “lo lógico”, afirma Issoufou. “La pregunta es: ¿por qué no querrías hacerlo?”
Acerca del Día Mundial del Medio Ambiente
El Día Mundial del Medio Ambiente, que se celebra anualmente el 5 de junio, es una de las mayores plataformas mundiales de divulgación ambiental y está liderado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). La edición de este año, acogida por Azerbaiyán, se centrará en la creciente crisis climática. Descubre cómo puedes participar.
Escrito por: Andrew Raven
Revisado por: Hanane Hafraoui, Gulnara Roll, Hongpeng Lei


